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Andrés Mora Ramírez

Itzamná, Ollantay

Investigador, abogado y antropólogo quechua. Corresponsal y columnista de varios medios alternativos de América Latina y Europa, defensor de derechos en el ámbito de cooperación entre los pueblos. Autor de varios libros publicados sobre el tema.

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Estado Nación y Estado Plurinacional

Por Ollantay Itzamná*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

El Estado, como campo de ejercicio del poder político, es un espacio en permanente disputa desde donde los vencedores circunstanciales legalizan y legitiman sus opciones ideológicas mediante políticas públicas (incluida el ordenamiento jurídico interno) implementadas por las instituciones públicas creadas para tal fin.

En otras palabras, el Estado es tan antiguo como el poder mismo, y se constituye en una de las herramientas de dominación más eficaces que los vencedores utilizan sobre los vencidos.

Fracasaron los nacionalismos en el mundo entero porque la realidad social jamás es homogénea. Los seres humanos casi nunca estamos dispuestos a renunciar a nuestra identidad para asumir una identidad ideada (copiada) de los otros.

 

Allá por el siglo XVI, en el norte de Europa, ante el fraccionamiento exacerbado del poder político por el sistema feudal, algunos “iluminados” (denominados filósofos) idearon lo que conocemos actualmente como el proyecto de Estado Nación con la finalidad de superar la fragmentación cultural y territorial, y garantizar la gobernabilidad (la permanencia de la dominación).

En dicho proyecto político a una Nación (un pueblo que comparte territorio, historia, idioma, espiritualidad, cultura y aspiraciones de autodeterminación) le corresponde un Estado (organización jurídica y política de dicho pueblo).

Pero esa idea de “una Nación, un Estado”, no se ha podido concretar (construir) ni en los mismos países europeos. Mucho menos, en países latinoamericanos multiculturales  cuyos “próceres” -malos copiadores tardíos- intentaron implementar esa teoría política homogeneizante desde el siglo XIX.

Fracasaron los nacionalismos en el mundo entero porque la realidad social jamás es homogénea. Los seres humanos casi nunca estamos dispuestos a renunciar a nuestra identidad para asumir una identidad ideada (copiada) de los otros. Por eso, a mayor globalización, mayor glocalización. A mayor nacionalismo, mayor aspiración a la plurinacionalidad.

Ante esta incapacidad de construir la hegemonía cultural/identitaria desde el Estado Nación, los gestores y benefactores de este proyecto (racismo por medio) intentaron homogeneizar a los pueblos diversos (que cohabitan dentro de los territorios del Estado Nación aparente) mediante la aniquilación y/o la asimilación genética y cultural. A estos procesos irracionales los denominaron ciudadanización.

En países cultural y genéticamente megadiversos como Bolivia, Ecuador, Perú, Guatemala, México,  etc., el fracasado intento de implantación del proyecto de Estado Nación fue sangriento e irracional.

Como proyecto político, la plurinacionalidad es una liberación de las enfermizas taras coloniales del racismo y centralismo político. Como proyecto cultural y ético, es un camino de desaprendizaje y aprendizaje fecundo en el concierto del diálogo de saberes.

En ellos, al igual que en el resto de la región, los criollos y mestizos intentaron imponer y homogeneizar su identidad cultural mal aprehendida de la metrópoli sobre los pueblos originarios. Es decir, en estos países culturalmente megadiversos, los criollos/mestizos asumieron el “imaginario” mestizo como la identidad nacional oficial, y en consecuencia, intentaron infructuosamente desaparecer las identidades originarias desde los aparatos estatales.

En el aparente Estado Nación de Guatemala, por ejemplo, el maya, para ser guatemalteco, tiene que renunciar a su identidad nativa e intentar imitar la identidad mestiza. La ciudadanía es sinónimo de culturicidio para los aborígenes en Guatemala.

El sistema del Estado Nación en ese país está permeado por un racismo  institucionalizado y legalizado, que no sólo “naturaliza” el ideario mestizo como la identidad obligatoria, sino que instala en él  una falsa conciencia de superioridad frente al resto. Este es uno de los males congénitos, casi atávicos, para el fracaso de cualquier intento de convivencia o de bienestar común en el país.

Ese proyecto ha fracasado en Guatemala, apabullada por la emergencia plural de los pueblos que casi dos siglos de República ladinocéntrica (mestiza) no pudo aniquilar.

Estado Plurinacional para superar el racismo y democratizar el poder

En el mundo occidental, la idea de Estado Plurinacional (Estado construido y gestionado por varias naciones) tiene sus raíces en los planteamientos de la ex Unión Soviética del pasado siglo, con la finalidad de mantener la unidad política sin sacrificar la diversidad cultural.

En el mundo andino, el Estado Plurinacional tiene sus orígenes en la administración política del Tawantinsuyo (siglos X y XIV), donde el incario se construyó/dinamizó utilizando la riqueza de la autonomía de la diversidad cultural de los pueblos que lo integraban como motor para su expansión territorial y geopolítica. Los hallazgos históricos de María Rostworowski son ilustrativos a este fin.

En la actualidad, Bolivia es el único país que, según su Constitución política, se declara  Estado plurinacional. En el caso ecuatoriano, en el debate constituyente entre lo plurinacional e intercultural, primó lo segundo. En ambos países, quienes impulsaron e impulsan los procesos de la construcción del Estado plurinacional, de abajo hacia arriba, son las organizaciones indígenas (actuales sujetos sociopolíticos colectivos).

En el caso boliviano, la plurinacionalidad del Estado unitario se centra en el reconocimiento expreso a la autodeterminación de los 36 pueblos indígenas coexistentes en el país, y la posibilidad de ejercer las autonomías indígenas en diferentes circunscripciones territoriales.

Es decir, el carácter plurinacional de Bolivia se expresa en las disposiciones constitucionales que reconocen autonomías/potestades políticas, administrativas, legislativas, judiciales, culturales, espirituales, etc. a la diversidad de pueblos indígenas, sin renunciar a una visión compartida de país, y mucho menos a la soberanía nacional boliviana.

La plurinacionalidad es una posibilidad de que un o una indígena sea ciudadana/o boliviano, sin necesidad de renunciar a su identidad (idioma, costumbres, conocimientos, espiritualidad, etc.),  u obligado a volverse mestizo. En ese sentido, por ejemplo, el gobierno local, regional o nacional ya no es más monopolio impoluto reservado para mestizos.

Como proyecto político, la plurinacionalidad -tanto para mestizos, como para pueblos indígenas-, es una liberación de las enfermizas taras coloniales del racismo y centralismo político. Como proyecto cultural y ético, es un camino de desaprendizaje y aprendizaje fecundo en el concierto del diálogo de saberes. Toda una ingeniería política cultural de desmontaje de los estados coloniales y patriarcales.

El proyecto de Estado plurinacional es lo diametralmente contrario al proyecto del bicentenario Estado Nación. En tal sentido, ni  siquiera semánticamente se puede recurrir al término refundación para la creación o fundación del inédito Estado plurinacional.

 

ag/oit

 

*Investigador, abogado y antropólogo quechua.