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Carvajal, Alfonso

Cartagena de Indias, 10/4/1958. Escritor y editor. Ha publicado: El desencanto de la eternidad, Memoria de la noche, Un minuto de silencio, Los poetas malditos, un ensayo libre de culpa, Pequeños crímenes de amor y Hábitos Nocturnos.

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Libros publicados Poesía: Un minuto de silencio (1992) y Memoria de la noche (1998) Sus poemas han sido incluidos en Panorama inédito de la poesía colombiana (Procultura, 1986); en la antología bilingüe de poesía colombiana de la revista parisiense Creaciones y en la antología de Poesía colombiana (1931-2005) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Narrativa: El desencantado de la eternidad (1994) y Hábitos nocturnos (2008) Con el libro de cuento El ciego obtuvo el segundo lugar en el Concurso Nacional de la ciudad de Barrancabermeja (2005). También publicó Los poetas malditos: un ensayo libre de culpa (2000)

Es columnista literario del periódico colombiano El Tiempo, y ha publicado artículos literarios en revistas como Casa de las Américas, Semana Libros, Número y Arcadia. Ha sido editor de autores como Germán Espinosa, Noé Jitrik, Gutiérrez Girardot, Mario Monteforte, Fernando Charry Lara, Roland Anrup, Miguel de Francisco, Santiago Mutis Durány Evelio José Rosero, entre otros.



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La Candelaria

Por Alfonso Carvajal*

 

Cada uno labra su camino y en la acción yo escogí el anarquismo creativo sobre la militancia política. El panfleto y la retórica doctrinal, de derecha o de izquierda, me parecen aguas de un río que desembocan en un unívoco mar.

Por eso, no olvidaré la impresión que en los 80 me causó ver Guadalupe años sin cuenta, del Teatro La Candelaria; entendí que desde el arte también se podía acceder a lo social, y recuerdo una mezcla de profunda ironía y una mirada descarnada de la realidad en esa presentación, y en eso se ha fundado la potencia y permanencia del Teatro La Candelaria en su medio siglo de existencia.

Rigor y una estética autónoma. Además la mística del trabajo en grupo, tan caro a los artistas; en ello La Candelaria es un ejemplo de la convivencia entre vida y arte.

Imágenes, sensaciones, viajan en mi memoria de algunos encuentros con los ‘candelos’. Cómo olvidar al sargento Velandia interpretado por el carismático sevillano Álvaro Rodríguez o al terrateniente don Floro caracterizado por el irónico quevediano Santiago García, o al finado y querido Fernando Peñuela actuando en una obra experimental sobre Alicia en el país de las maravillas o al estudioso Coco Badillo fungiendo de Quijote en un montaje sobre la obra inmortal de Cervantes.

Y qué decir del espíritu revolucionario del desaparecido Pacho Martínez y la vida actoral y aguerrida de Inés Prieto. De ideología de izquierda, por supuesto, La Candelaria nunca dejó de interesarse por otras obras no ‘comprometidas’, pero siempre puso su talento al servicio del arte dramatúrgico.

Partían de allí para escarbar en el inconsciente popular porque el ser humano ha evolucionado externamente, pero sus pasiones y la injusticia siguen siendo las mismas… y ellos optaron por desarrollar con fino humor el ámbito de los desvalidos y fracasados del mundo.

El paso, una extraña y magnífica obra, anuncia el espectral mundo paramilitar y los señores oscuros del campo.

Alguna vez recuerdo en un Festival de Teatro de Manizales el impacto que causó la obra chilena Cariño malo, interpretada y dirigida por unas mujeres audaces y lúcidas; salimos maravillados de la puesta en escena, y le pregunté al maestro García qué le había parecido la escenificación, me miró escéptico y con gracia borgeana me respondió: “Es como la música de Beethoven porque ataca los sentimientos, jamás el alma”.

ag/ac

 

*Escritor, comentarista literario y cronista colombiano.