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José Luis Díaz-Granados

Nació en Santa Marta, Colombia, en 1946. Poeta, novelista, periodista y profesor universitario. Comentarista bibliográfico de Lecturas Dominicales de El Tiempo (1979-2000). Ha sido: presidente de la Casa Colombiana de Solidaridad con los Pueblos (1992-2000); presidente de la Unión Nacional de Escritores (UNE) (1996-1997); colaborador de Radio Habana Cuba y Prensa Latina (2000-2005); jurado de Novela del Premio Casa de las Américas (La Habana, 2001); profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá (2005-2006); miembro del Consejo Nacional de Cultura y delegado del Ministro ante dicho organismo (2013-2015). Viajó por la URSS, Europa Oriental y Cuba. Presentador del programa de TV Ventana al Libro (1993-1997). Premio de Poesía “Carabela” (Barcelona, España, 1968); Su novela Las puertas del infierno (1985) fue finalista del Premio "Rómulo Gallegos" (1987). Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar” (Mejor entrevista en prensa) (Bogotá, Colombia, 1990).

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Medalla de la Amistad del Consejo de Estado de Cuba (2001), Medalla de Honor Presidencial “Centenario Pablo Neruda” (Gobierno de Chile, 2004), Mención de Honoris Causa de la Universidad La Gran Colombia (Bogotá, Colombia, 2006), Embajador de la Paz (París/Ginebra, 2008). Libros de poesía: El laberinto (1968-1984), La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003), El laberinto: antología poética, 1968-2008 (Fondo de Cultura Económica, 2014), Poesía completa (3 tomos, 2015). Su obra narrativa está reunida en los volúmenes: Los papeles de Dionisio. Cuentos, 1968-2012 (2015) y Las puertas del infierno y otras novelas (2015). Otros libros: Las mil caras de la URSS (1987), La muñeca nocturna (1996), Cuentos y leyendas de Colombia, 1999), El otro Pablo Neruda (2003), Gabo en mi memoria (2013) y El escritor y sus demonios (2015).


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Una caricatura de Neruda en filme de Larraín

Por José Luis Díaz-Granados*

Para Firmas Selectas/ Prensa Latina

 

Recién estrenada en las salas bogotanas, la película Neruda, una coproducción chileno-franco-hispano-argentina, dirigida por Pablo Larraín -con guión del dramaturgo Guillermo Calderón y protagonizada por Luis Gnecco (Neruda), Gael García Bernal (Peluchonneau) y Mercedes Morán (Delia del Carril)-, se centra en acontecimientos históricos ocurridos entre 1946 y 1949.

Es la época en que el gobernante chileno Gabriel González Videla ordena perseguir con saña a los comunistas, especialmente al autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, por quien siente una envidia enfermiza ante el  carisma, popularidad y prestigio internacional del escritor.

Con dirección artística de Estefanía Larraín y música de Federico Jusid, el filme narra  el monólogo interior de un policía secreto o director de investigaciones, Óscar Peluchonneau, uno de los testaferros de González Videla (“¡Tú, maldito -escribe Neruda en su Canto general-C-, entre Escamilla y Cuevas, Peluchoneaux (sic) y Poblete!”-, cuya obsesiva función es capturar al poeta y senador comunista, entonces fugitivo en su propio país, durante la cacería de brujas decretada por Videla, quien fuera elegido dos años atrás gracias al voto de los comunistas.

Luego de ubicarse en “un espectacular izquierdismo”, el siniestro personaje nombra a Neruda jefe de propaganda de la campaña presidencial: Videla es elegido presidente y el poeta, de manera simultánea, senador por las provincias de Taracapá y Antofagasta.

Una vez posesionado  de su cargo, Videla comienza a poner en práctica el dictamen del gobierno norteamericano de perseguir a todos los dirigentes, militantes de base y luchadores sindicales comunistas y socialistas, mandato que en forma similar asumen otros gobernantes de América Latina.

En Bogotá se unieron Moriñigo, Trujillo, / González Videla, Somoza, Dutra, y aplaudieron…, se le oye recitar a Neruda esos versos del poema Que despierte el leñador, en algún momento de la película.

Ante la felonía del gobernante, el poeta investido como senador inicia una serie de debates en el Senado denunciando la feroz persecución a sus camaradas (“Carta íntima para millones de hombres” y “Yo acuso”, reúnen la totalidad de esos debates), encarcelados y torturados en el tenebroso campo de concentración de Pisagua. Uno de los verdugos uniformados aparece en la película como “un oficial muy astuto de ojos azules llamado Augusto Pinochet”.

Pero el personaje principal del filme es el policía Peluchonneau, un hombrecillo torpe, insignificante y ridículo, hijo de una prostituta de burdel, quien atribuye la paternidad del detective al fundador de la institución investigativa, uno de sus muchos clientes. A este introvertido vigilante se le ha encomendado -por orden expresa de Videla- la captura y/o muerte del poeta y senador a quien, tras las denuncias,  se le retira el fuero  parlamentario y se ve obligado a convertirse en fugitivo.

Pero la estrategia del Partido,  mediante los constantes cambios de alojamiento del poeta logra burlar la persecución de la “inteligencia”. En cada sitio del que ha escapado apenas minutos antes, el sabueso encuentra siempre una novela policial, lo que despierta en él un sentimiento ambivalente de amor y odio. En ese sentido, la  caracterización del mexicano Gael García como Peluchonneau, es impecable.

Impecable la caracterización del mexicano Gael García como Peluchonneau. Sin embargo, el Neruda encarnado por Luis Gnecco deviene caricatura de lo que era y representaba el poeta para su país y el mundo.

Sin embargo, el Neruda encarnado por Luis Gnecco deviene caricatura de lo que en realidad era y representaba el poeta para su país y el mundo. En el filme es mostrado como un personaje grotesco, farandulero, dado a los excesos alcohólicos y las orgías, que desacata las indicaciones de su Partido, trata con desprecio a los camaradas encargados de su seguridad -entre ellos al joven comunista Álvaro Jara, quien con los años se convertiría en uno de los más serios y prestigiosos historiadores de Chile-, y que cuando inicia su parábola política se convierte en el hazmerreír de los elegantes y trascendentales miembros de la derecha aristocrática.

Es posible que este Neruda -al igual que ocurrió con Il postino, la película basada en la novela de Antonio Skármeta-, corresponda a la persona que imaginaba Mario Ruoppolo, el joven que le llevaba las cartas. O sea, un producto delirante en el imaginario del sensible y acomplejado perseguidor.

Por momentos se advierte una historia falseada -Maruca Haagenar, la primera esposa de Neruda, seducida por Peluchonneau; la culta y delicada pintora Delia del Carril convertida en una frívola y frustrada seductora del vate, y éste, desde su debut político en el Senado (en la época del Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda (1938) hasta su rimbombante llegada a París en 1949), con una permanente actitud de guasón impertinente y chabacano.

Algo similar ocurrió con películas sobre Picasso y Chaplin, que además de exhibir los supuestos desenfrenos eróticos y temperamentales de estos dos genios del siglo XX,  los mostraron como motivo de burlas y desaires por sus preferencias políticas. En cuanto a Neruda, como lo expresa de manera acertada Rodrigo González, se trata, simplemente, de “una historia que prefirió la imaginación al pie de página”. Para bien o para mal.

ag/jds

 

*Escitor y articulista colombiano.