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Andrés Mora Ramírez

Itzamná, Ollantay

Investigador, abogado y antropólogo quechua. Corresponsal y columnista de varios medios alternativos de América Latina y Europa, defensor de derechos en el ámbito de cooperación entre los pueblos. Autor de varios libros publicados sobre el tema.

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¿Es posible descolonizar la academia?

Por Ollantay Itzamná*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

En la Escuela de Ciencias Políticas, de la Universidad San Carlos de Guatemala (USAC), una de las universidades más antiguas de América Latina, académicas mayas se dieron cita para dialogar sobre la descolonización de las ciencias sociales.

La condición de colonialidad es un factor estructural y estructurante, que define cotidianamente no sólo el pensar y el quehacer académico, sino las instituciones y proyectos de vida.

Luego de críticas y autocríticas sobre el quehacer académico, las investigadoras indígenas denunciaron, en sus intervenciones, la sistemática exclusión de cientistas sociales mayas en esas academias (mestizas), ya sea por sus diferencias culturales o fenotípicas.

En efecto el sistema educativo preuniversitario y universitario deviene vehículo “inconscientemente” pensado para limpiar el carácter multicultural del país. Se educa para ser ciudadano guatemalteco, lo cual significa dejar de ser indígena con arraigo en  costumbres y conocimientos milenarios.

En otros términos, el sistema educativo es esencialmente  instrumento y vehículo de una  aculturación y colonización sistemáticas y permanentes; anula casi por completo los idiomas nativos. En tanto, los contenidos curriculares, en todas las materias, son meras copias de manuales “universales” euro-norteamericanas, que idealizan lo foráneo y menoscaban lo nativo.

Conocimientos y tecnologías mayas, verdaderamente envidiables, no son tomados en cuenta en los programas correspondientes a las ciencias “exactas” impartidas. La metodología de la enseñanza -además de anular metodologías de construcción y transmisión de conocimientos de los pueblos autóctonos- es prácticamente un adiestramiento cultural que fabrica “profesionales” ilusos en el pleno empleo (imposible), y avergonzados de lo que culturalmente son o fueron.

Buscar y mostrar las fuentes e incómodas verdades que esconde el sistema hegemónico de colonización planetaria vigente: he ahí el reto

En otros términos, la academia, por su origen, contenido, historia y metodología es esencialmente un vehículo de colonización permanente. Y los sistemáticos procesos de colonización armas letales eficientes que el capital (ahora especulativo) utiliza en su proceso de expansión en los territorios despojados y en despojo.

Ello explica la razón y motivación de la acelerada corporativización de las universidades y los centros de investigación.

En ese contexto, ¿es correcto preguntarnos sobre la posibilidad de descolonización de la academia? ¿Es posible desoccidentalizarla a partir de categorías occidentales de análisis, comprensión y explicación de un quehacer académico racializado y colonizante?

Considero que, antes de preguntarnos sobre esa posible descolonización de las ciencias sociales, debemos preguntarnos sobre la posibilidad de descolonizar a la academia en sí misma. La colonización, para esa institución occidental, es lo que el maíz a la milpa (maizal).

Para los indígenas, profesionales o no, el reto es visibilizar, sacar a la luz los conocimientos y métodos que aún subsisten en los pueblos, e interpelar así a la prepotencia hegemónica de la academia occidental.

Superar la falacia de una academia occidental colonizante como “la” academia por excelencia, y visibilizar las epistemologías y conocimientos de los pueblos, constituyen el reto.

Existen tantos modos de construir conocimientos como pueblos en el planeta. No hubo, ni hay, una sola academia en singular en un mundo multicivilizatorio. El discurso autoafirmativo de la universitas occidental es un acto racista y colonizante en sí mismo, peor aún en un planeta devastado por la ilusión de la modernidad.

Mientras los indígenas “académicos” nos agotemos exigiendo un “puesto” en esa institución occidental” no pasaremos de ser los nuevos “caporales” o “capataces” para la sostenibilidad de la hegemonía cultural de la colonización.

Ello no significa en modo alguno que abandonemos los centros académicos occidentales. Podemos y debemos estar en “la finca del patrón”. Pero, incluso como caporales, debemos aguijonear y empujar a la desobediencia cultural e intelectual a la esclavizada y colonizada juventud de estudiantes.

Eso implica buscar y mostrar las fuentes e incómodas verdades que esconde el sistema hegemónico de colonización planetaria vigente. Sólo así es posible estimular y transformar las mentes y movilizar voluntades hacia la descolonización.

 

ag/oit

 

*Investigador, abogado y antropólogo quechua.