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Maria Eugenia Paz y Miño

Bellamy Foster, John

Nació el 15 de agosto de 1953, en los Estados Unidos. Cursó su doctorado en la Universidad de York. Es editor de Monthly Review y profesor de Sociología en la Universidad de Oregon. Sociólogo y ambientalista destacado, aborda también temas de economía política. Sus investigaciones se centran principalmente en las contradicciones económicas, políticas y ecológicas del capitalismo y el imperialismo, aunque abarcan también la amplia gama de la teoría social vista como un todo.

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Entre los textos de su autoría figuran: Ecología de Marx: Materialismo y Naturaleza (2000), La gran crisis financiera: causas y consecuencias (con Fred Magdoff, 2009), La grieta Ecológica: Guerra del capitalismo en la Tierra (con Brett Clark y Richard York, 2010) y La Teoría del Capitalismo Monopolista: Análisis detallado de la economía política de Marx (Nueva Edición, 2014).

 

Artículos

• El marxismo y la Escuela Uno

• Teoría Marxista de la precariedad de la clase obrera • ¿Es el Socialismo Democrático el sueño americano? • La revuelta de los excluidos• Marxismo y Ecología

 

Libros

• Marx y la Tierra • La teoría del capitalismo monopolista (Nueva Edición) • La crisis sin fin • Lo que todo ambientalista necesita saber sobre capitalismo • La Grieta Ecológica



Los más leídos  


Naturaleza

Por John Bellamy Foster*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Este artículo ha sido adaptado de “Nature”, por John Bellamy Foster, en Kelly Fritsch, Clare O’Connor Y AK Thompson, ed.: Keywords for Radical: The Constested Vocabulary of Late-Capitalist Struggle  
(Chico,  CA: AK Press, 2016), 279 – 86, http://akpress.org/keywords-for-radicals.html

 

(Traducción de Guillermo Castro H.)

 


“Naturaleza,” escribió Raymond Williams en Keywords, “es quizás la palabra más compleja en el lenguaje.” [1] Se deriva del latín natura, como se aprecia en el gran poema didáctico de Lucrecio, De rerum natura (Sobre la Naturaleza de las Cosas), del primer siglo AEC.

La palabra “naturaleza” tiene tres significados primarios, interrelacionados entre sí: (1) las propiedades intrínsecas o esencia de las cosas o los procesos; (2) una fuerza inherente que dirige o determina el mundo; y (3) el mundo material o universo, el objeto de nuestra percepciones sensoriales tanto en totalidad como referidas a las diversas maneras de entenderla, que incluyen o excluyen a Dios, el espíritu, la mente, los seres humanos, la sociedad, la historia, la cultura, etc.

En su Critique of Stammler, Max Weber sugirió que la dificultad intrínseca de la “naturaleza” como concepto podría ser atribuida al hecho de que era utilizado sobre todo para referirse a “un complejo de ciertos tipos de objetos”, de los cuales era excluido “otro complejo de objetos” en tanto tenían “diferentes propiedades”. Sin embargo, los objetos de cada lado de la bifurcación podían variar ampliamente, y tornarse aparentes únicamente en un sentido determinado.

En la tradición romántica (una influencia directa en el ambientalismo moderno), la naturaleza es percibida como “belleza natural. Los científicos, en contraste, suelen adoptar un punto de vista materialista/realista.

[2] De aquí que usualmente contrastemos la humanidad o la sociedad con la naturaleza, mientras al propio tiempo reconocemos que los seres humanos son parte de esta última. A partir de este problema emergen distinciones como las de “naturaleza externa” o “el ambiente.” En otras ocasiones, podríamos excluir tan solo la mente y/o el espíritu de la naturaleza.

La ciencia y el arte son dos campos de especial relevancia en la indagación de la naturaleza, cada uno de los cuales opera a partir de sus propios principios característicos. Como señalara Alfred North Whitehead en The Concept of Nature, la ciencia natural representa a la naturaleza como el campo entero de las cosas, que son objeto de la percepción sensorial humana mediada por los conceptos de nuestro entendimiento (como el tiempo y el espacio).

[3] De manera consecuente, una de las dos revistas científicas de mayor importancia lleva por título Nature (la otra es Science). En el marco de la tradición romántica en el arte (una influencia directa en el ambientalismo moderno), la naturaleza es percibida a menudo en acuerdo con nociones de “belleza natural”e is often perceived in accordance with notions of “natural beauty” (la alondra de Percy Bysshe Shelley, y el Distrito de los Lagos de William Wordsworth); sin embargo, la validez del concepto ha sido cuestionada con frecuencia en el campo de la estética.

[4] En cuanto concepto, “naturaleza” genera serias dificultades para la filosofía, que abarcan tanto la ontología (la naturaleza del ser) como la epistemología (la naturaleza del pensar). De Immanuel Kant acá, se ha enfatizado que los seres humanos no pueden percibir “las cosas en sí mismas” (noumena). que es lógicamente independiente de la experiencia. De aquí que en la filosofía académica contemporánea se acostumbre, ya sea adoptar una postura abiertamente idealista y por tanto otorgar una prioridad ontológica a la mente y las ideas, o subsumir la ontología dentro de la epistemología de tal manera que la naturaleza (incluyendo los límites) del conocimiento prevalezca sobre la naturaleza del ser.

En contraste, los científicos de la naturaleza suelen adoptar un punto de vista materialista / realista enfatizando en nuestra capacidad para comprender el mundo físico de manera directa. Preocupados con el creciente número de crisis ecológicas, la mayoría de los activistas ecológicos de hoy adoptan una postura similar, enfatizando de manera implícita una suerte de “realismo crítico”  -como en la obra de Roy Bhaskar -, que rechaza tanto el materialismo mecanicista (por ejemplo, el positivismo) como el idealismo.

[5] De una manera similar en cuanto a la división de perspectivas, mucho científicos sociales contemporáneo (en particular los posmodernistas) enfatizan el hecho de que nuestra comprensión de la naturaleza es construida social o discursivamente, y que no existe una naturaleza independiente de los pensamiento y la acción humanas.

Por ejemplo, Keith Tester escribe que “Un pez es únicamente un pez si está socialmente clasificado como tal, y esa clasificación sólo tiene relación con el pez en la medida en que cosas de esa escala que viven en el mar ayudan a la sociedad a definirse ella misma… Los animales, en efecto, son un papel en blanco sobre el cual puede escribirse cualquier mensaje, y cualquier significado simbólico que la sociedad desee.”

[6] Por contraste, aun cuando reconocen el papel de pensamiento en la mediación de la relación humana con la naturaleza, las mayor parte de los pensadores y activistas ecológicos tienden a gravitar hacia un materialismo / realismo crítico, en el que la naturaleza (por separado de la humanidad) es vista como pre existente al mundo social, está abierta a ser comprendida, y es algo que debe ser defendido.

Carlos Marx planteó un análisis de la relación humana con la naturaleza como una forma de “metabolismo social” -parte del “metabolismo universal de la naturaleza”-, en contradicción creciente con el desarrollo capitalista industrial.

[7] Con la llegada de las armas nucleares, el mundo vino a descubrir de súbito que la relación entre los seres humanos y el ambiente había cambiado para siempre. El impacto humano en la naturaleza ya no estaba restringido a efectos locales o regionales; de manera concebible, se extendía a la destrucción de todo el planeta en su condición de hogar seguro para la humanidad.

De manera subsecuente, los modernos productos químicos a sintéticos (con su capacidad para iomagnificar y bioacumularse) y el cambio climático antropogénico llevaron la degradación de la naturaleza por los humanos a la primera línea de las preocupaciones de la sociedad. Títulos de libros como La Primavera Silenciosa, El Círculo que se Cierra, El Dominio de la Natrualeza, La Muerte de la Naturaleza, La Sexta Extinción y Esto lo Cambia Todo reflejan un creciente estado de alarma en torno a la sostenibilidad ecológica y las condiciones necesarias para la sobrevivencia humana.[8]

En comparación con siglos anteriores, el problema de la naturaleza en los siglos XX y XXI se ha visto radicalmente transformado. La naturaleza ya no es vista como una amenaza externa directa para la humanidad. En cambio, catástrofes naturales globales emergentes o en cierne son vistas como los productos indirectos de la propia acción humana.

Vivimos ahora en lo que los científicos han designado provisionalmente como el Antropoceno, una nueva era geológica en la que la humanidad se ha convertido en la fuerza geológica dominante, alterando los ciclos biogeoquímicos del planeta entero. Esta nueva realidad ha forzado un reconocimiento creciente de los límites de la naturaleza, de los del planeta, y del crecimiento económico al interior de un ambiente finito.

El ascenso meteórico de la “ecología” (junto a derivados como “ecosistema”, “ecosfera”, “ecodesarrollo”, “ecosocialismo” y “ecofeminismo”) es el resultado de interacciones rápidamente cambiantes entre el capitalismo y su ambiente natural. Los conceptos de ecología, ecosistema y del Sistema Tierra se han tornado centrales tanto para la ciencia como para las luchas populares. En ocasiones, incluso desplazan al propio concepto de naturaleza.

Los intentos de encarar la enormidad del problema ecológico, sin embargo, se han visto complicados por la resurrección de concepciones esencialistas de la naturaleza humana. Al subsumir lo social en lo “natural”, tales puntos de vista subestiman, o niegan de plano, la importancia de una dimensión socio-histórica en la interacción humana con la naturaleza.

Esta perspectiva ha ganado terreno recientemente a través de los pronunciamientos social darwinistas de socio-biólogos y psicólogos evolucionistas. Por ejemplo, la obra On Human Nature, publicada por E. O. Wilson en 1978, profesa ser “simplemente la extensión de la biología de poblaciones y la teoría evolutiva a la orgnización social.”

[9] De este modo emerge una lucha inevitable entre ecologistas radicales. que demandan que la sociedad sea transformada históricamente para crear una relación sostenible con la agricultura, y pensadores más orientados hacia el orden establecido que insisten en que el individualismo posesivo, la guerra de Hobbes de todos contra todos, y la tendencia a la sobrepoblación forman parte integral del DNA humano.

En los siglos XX y XXI el problema de la naturaleza se ha visto radicalmente transformado. La ciencia y el arte, dos campos de especial relevancia en la indagación de la naturaleza, la abordan desde sus propios principios característicos.

[10] Junto a este renacer del determinismo biológico ha estado la presunción de que el propio capitalismo es un producto de la naturaleza humana y del mundo natural como un todo. Tales puntos de vista niegan el origen histórico de la alienación. Por contraste, la mayoría de los radicales ven la alienación de la naturaleza y la alienación de la sociedad  interconectadas entre sí, como fenómenos interdependientes que demandan un nuevo metabolismo social co-evolucionario si la ecología mundial, tal como la conocemos, ha de ser sostenible.

Los conflictos contemporáneos en torno a la relación entre la naturaleza y la sociedad pueden ser rastreados hasta los siglos XVI y XVII, con el ascenso del capitalismo y la ciencia moderna. La revolución científica del siglo XVII vio el surgimiento -sobre todo en Francis Bacon, aunque también en René Descartes- de llamados a la “conquista”, el “control” y el “dominio” de la naturaleza. En The Masculine Birth of Time, Bacon declaró metafóricamente:

“Vengo en la plenitud de la verdad a traerte a la naturaleza con todas sus criaturas para ponerla a tu servicio y hacer de ella tu esclava.”[11] En The New Atlantis, esta ambición se vio asociada a un programa para la institucionalización de la ciencia como base del conocimiento y el poder.[12] Descartes también la vinculó con una visión del mundo mecanicista, en la que los animales eran reducidos a máquinas.

Siguiendo a Bacon, la conquista de la naturaleza se convirtió en un tropo universal para significar un cierto progreso mecánico obtenido mediante el desarrollo de la ciencia. Aun así, el propio Bacon dejó claro, en su famosa declaración en Novum Organum, que “a la naturaleza sólo se la puede dominar obedeciéndola.” En esta perspectiva, sólo podía ser controlada siguiendo “sus” leyes.[13]

El dominio de la naturaleza promovido por Bacon fue criticado durante el siglo XIX a través de perspectivas dialécticas asociadas con Hegel y Marx. En su Philosophy of Nature, Hegel insistió en que  -si bien la estrategia de Bacon de poner a la naturaleza en contra de sí misma podía generar un dominio limitado-  el dominio total del mundo natural podría permanecer por siempre más allá del alcance humano:

“La necesidad y el ingenio han permitido al hombre descubrir inacabables maneras de dominar y utilizar a la naturaleza”, escribió. Sin embargo, “la Naturaleza misma, en su universalidad, no puede ser dominada… ni doblegada al servicio del hombre.”[14] Para Hegel, el impulso de controlarla generaba contradicciones más amplias, que estaban fuera del control humano.

En los Grundrisse, Marx trató la estrategia de Bacon como una “treta” introducida por la sociedad burguesa.[15] En sus Theses on Feuerbach, rechazó  de plano las visiones esencialistas de la naturaleza humana, la cual, planteó “es el conjunto de las relaciones sociales.”[16] En The Poverty of Philosophy señaló: “Toda la historia no es más que una continua transformación de la naturaleza humana.”[17]

En sus escritos económicos posteriores, Marx desarrolló un análisis de la relación humana con la naturaleza como una forma de “metabolismo social”, parte del “metabolismo universal de la naturaleza”, que se encontraba en una relación de contradicción creciente con el desarrollo capitalista industrial.  Los nutrientes esenciales del suelo (como el nitrógeno, el fósforo y el potasio) estaban siendo saqueados, para enviarlos a centenares y a veces miles de millas de distancia, a los nuevos centros urbanos.

“En vez de un tratamiento racional de la tierra como una propiedad comunal permanente,” acusó Marx, “tenemos la explotación y el despilfarro de los poderes del suelo.”[18] Ante esto, introdujo el concepto de “irreparable ruptura en el proceso interdependiente del metabolismo social”, impuesta por la propia naturaleza de la acumulación bajo el capitalismo.
Esa ruptura con la “eterna condición natural” subyacente a la existencia social humana, planteó, demandaba una “restauración” a través de la regulación racional del metabolismo entre la humanidad y la naturaleza.

Vivimos un momento en que los conceptos de ecología, ecosistema y Sistema Tierra han devenido centrales tanto para la ciencia como para las luchas populares.

[19] En el Capital, presentó lo que quizás sea el concepto más radical de sustentabilidad ecológica hasta ahora propuesto: “Desde el punto de vista de una formación socio-económica más elevada, la propiedad privada de la tierra por individuos particulares parecerá tan absurda como la propiedad privada de un hombre sobre otros hombres. Incluso una sociedad entera, una nación, o el conjunto de todas las sociedades existente, no son los propietarios de la tierra. Son meramente sus posesores, sus beneficiarios, y deben legarla en un estado mejorado a las generaciones sucesivas, como boni patres familias.”

[20] Hoy, los ecologistas radicales tienden a agruparse en dos grandes campos. El primero  integrado por aquellos que -a partir de una perspectiva de ecología profunda, radicalismo verde o “ecologismo”-simplemente enfrentan el antropcoentrismo de Bacon con filosofías ecocéntricas.[21]

Esa postura retiene el dualismo sociedad-naturaleza, pero lo asume desde el lado de la naturaleza externa, la vida, o algún tipo de naturaleza espiritualizada. Esta perspectiva general ha desempeñado un importante papel al interior del movimiento ecologista. Pensadoras ecofeministas, por ejemplo, han destacado el vínculo entre el dominio de la naturaleza y la subordinación de las mujeres (a menudo utilizando la crítica de Bacon como punto de partida).

Con todo, el carácter unilateral de las perspectivas radical-verde o de ecología profunda estimula a menudo posturas misantrópicas (especialmente cuando el crecimiento de la población humana es visto como el problema principal) y anti científicas, en las que no se comprende de manera adecuada el papel crítico de la ciencia en la comprensión de la ecología.

El segundo grupo reúne aquellos que han adoptado perspectivas más dialécticas.[22] Aquí, el problema es concebido como uno de metabolismo social (cómo interactúa la naturaleza con la sociedad capitalista). Esta perspectiva permite trascender “la brecha en el proceso interdependiente del metabolismo social” para crear una forma más sostenible de desarrollo humano-,inseparable de la lucha por la igualdad humana.[23]

Este abordaje construye críticamente, a partir de la ciencia ecológica, con su énfasis en la interconexión de todos los seres vivientes y la materia inerte. El conflicto emerge entre un sistema social encaminado a la acumulación y el crecimiento incesantes, y las condiciones duraderas de sostenibilidad ecológica e igualdad sustantiva impuestas por la naturaleza.

Es a partir de estas líneas que los científicos críticos, los ecosocialistas, las ecofeministas socialistas, los anarquistas socioecologisas y muchos activistas de pueblos indígenas convergen para adoptar una postura de defensa de la tierra. Como lo planteara Federico Engels en la Dialectics of Nature:

[…] no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. […] Así, a cada paso, los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente.[24]

 

ag/gc

 

*Sociólogo, ambientalista, profesor e investigador norteamericano.

 

Bibliografia

[1] Raymond Williams, Keywords (Oxford: Oxford University Press, 1983), 219.

[2] Max Weber,Critique of Stammler (New York: Free Press, 1977), 96.

[3] Alfred North Whitehead,The Concept of Nature (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 1920).

[4] For criticisms of the concept of natural beauty within aesthetics, see G. W. F. Hegel,The Philosophy of Nature, vol. 1 (London: Allen and Unwin, 1970), 3; Theodor Adorno,Aesthetic Theory(Minneapolis: University of Minnesota Press, 1997), 68–76.

[5] Roy Bhaskar,A Realist Theory of Science (London: Verso, 1975), andThe Possibility of Naturalism(Atlantic Highlands, NJ: Humanities Press), 1979.

[6] Keith Tester,Animals and Society (New York: Routledge, 1991).

[7] On realism and ecology, see David R. Keller and Frank B. Golley, “Introduction,” in Keller and Golley, eds.,The Philosophy of Ecology (Athens, GA: Univeristy of Georgia Press, 2000), 1–4; John Bellamy Foster, Brett Clark, and Richard York, The Ecological Rift (New York: Monthly Review Press, 2010), 289–300.

[8] Rachel Carson,Silent Spring (Boston: Houghton Mifflin, 1962); Barry Commoner,The Closing Circle(New York: Knopf, 1971); William Leiss,The Domination of Nature (Boston: Beacon, 1972); Carolyn Merchant,The Death of Nature (New York: Harper and Row, 1980); Bill McKibben,The End of Nature (New York: Random House, 1989); Richard E. Leakey and Roger Lewin,The Sixth Extinction (New York: Doubleday, 1995); Naomi Klein,This Changes Everything (New York: Simon and Schuster, 2014).

[9] E. O. Wilson,On Human Nature (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1978), x.

[10] On the possessive individualism of capitalist society, affecting its conception of natural-social relations see C. B. Macpherson,The Political Theory of Possessive Individualism (Oxford: Oxford University Press, 1962).

[11] Francis Bacon, “The Masculine Birth of Time,” in Benjamin Farrington,The Philosophy of Francis Bacon(Chicago: University of Chicago Press, 1964), 59–72.

[12] Francis Bacon,The New Atlantis and the Great Instauration (London: Wiley-Blackwell, 1991).

[13] Francis Bacon, Novum Organum (Chicago: Open Court, 1994), 29, 43.

[14] Hegel,The Philosophy of Nature, 421–23.

[15] Karl Marx, Grundrisse (London: Penguin, 1973), 409–10.

[16] Marx, “Concerning Feuerbach,” inEarly Writings (London: Penguin, 1974), 421–23.

[17] Marx, The Poverty of Philosophy (New York: International Publishers, 1963), 147.

[18] Marx, Capital, vol. 3 (London: Penguin, 1981), 949.

[19] Marx, Capital, vol. 1 (London: Penguin, 1976), 637¬–38;Capital, vol. 3, 959.

[20] Marx, Capital, vol. 3, 911.

[21] Representative works include Andrew Dobson,Green Political Thought (New York: Routledge, 1995); Robyn Eckersley,Environmentalism and Political Theory (Albany: State University of New York Press, 1992); Mark J. Smith,Ecologism (Minneapolis: University of Minneapolis Press, 1998); Bill Devall and George Sessions,Deep Ecology (Layton, UT: Gibbs Smith, 1985).

[22] See, for example, Murray Bookchin,The Philosophy of Social Ecology (Montreal: Black Rose, 1995); Paul Burkett,Marx and Nature (Chicago: Haymarket, 2014); Stefano Longo, Rebecca Clausen, and Brett Clark,The Tragedy of the Commodity (New York: Routledge, 2015); Ariel Salleh, “Introduction,” in Salleh, ed.,Eco-Sufficiency and Global Justice (London: Pluto Press, 2009), 1–40; Naomi Klein,This Changes Everything.

[23] Marx, Capital, vol. 3, 949.

[24] Frederick Engels, Dialectics of Nature (Moscow: Progress Publishers, 1934), 180.