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Mariano de Jesús Bullón Méndez

Bullón Méndez, Mariano de Jesús

Máster en Filosofía en la Universidad Estatal de Moscú, Unión Soviética (1978–1981). Doctor en Ciencias Filosóficas de la Universidad Estatal de Moscú, Unión Soviética (1984-1987). Profesor titular del Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, La Habana, Cuba (1995). Investigador titular de la Academia de Ciencias de Cuba (1998).

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Investigador titular a tiempo completo del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, CIEM-CITMA, Cuba; ha publicado varios libros y decenas de artículos sobre temas de integración en América Latina y el Caribe: los mega-acuerdos, México, Relaciones Internacionales, Derecho Internacional Público, Bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, Relaciones Hemisféricas . y Economía cubana.

Acumula casi 40 años de experiencia docente e investigativa y ha visitado, en calidad de docente, experto o ponente, varias universidades y centros de convenciones tanto en Cuba como en el exterior, en particular en Chile, Panamá, Ecuador, China y Uruguay.



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Estados Unidos y China rivalizan en la región Asia-Pacífico

Por Mariano Bullón Méndez*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina


La rivalidad entre Estados Unidos y China no es reciente. Data desde el 1 de  octubre de 1949 cuando triunfó, con el empuje del Ejército Rojo -bajo la dirección del Partido  Comunista encabezado por Mao Tse Tung-, la revolución socialista en ese gigante asiático, suceso que se apartaba del guión de uno de los principales vencedores en la II Guerra Mundial.

Con el antecedente histórico de un Plan Marshall para Europa, en aquel entonces puntal de la política de contención del comunismo una vez finalizada la II Guerra Mundial, -estrategia recomendada por George Kennan que pretendía la no expansión del comunismo ruso-soviético hacia Europa Occidental-, Estados Unidos aspira  a contener la supuesta o real expansión de China en la región Asia-Pacífico, hasta ahora su zona de influencia.

“Según la geopolítica teoría de John Mackinder (1861-1947), en Eurasia -región que se extiende entre el Volga y el Yangtse y desde el Himalaya hasta el Ártico con el 36,2% del área terrestre y el 72,5% de la población mundial-, el poder terrestre es más importante que el marítimo. Llamó a esta zona el corazón del planeta, su Heartland.” (Bueno, 2017).

Actualmente en ella se encuentran enclavadas las economías de mayor dinamismo,  responsables de una parte importante del comercio y las finanzas internacionales; se concentra el mayor volumen de población a escala planetaria; existe una gran cantidad de recursos naturales -algunos de caracter estratégico-, por lo que un eventual control por parte de China de esta zona deviene un reto a la hegemonía norteamericana en la región y en el mundo.

Sin contar a Rusia, que también ha recuperado y fortalecido su antigua condición de potencia regional y mundial (con sus consecuentes impactos en el sistema de relaciones internacionales), China constituye el principal rival de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. [1]

Mientras Estados Unidos trata de hacer valer sus intereses por la fuerza, principalmente militar y también financiera, siempre bajo la regla del juego de suma cero; China trata de hacerlo por la vía pacífica, sin renunciar al importante campo de las finanzas.

No es totalmente cierto que la nueva administración de Estados Unidos haya abandonado la política del pivote asiático de la administración Obama. Lo desmiente el incremento de la presencia bélica en la región (60% de los efectivos),  que se mantiene; la retórica del discurso del presidente Trump; los acercamientos con Japón y Australia, y también con el Vietnam de la ya lejana posguerra -la paz se firmó luego de la derrota de las tropas norteamericanas en 1974- convertido ahora en potencial comprador de armas de la primera potencia mundial.

En este escenario, y en el contexto de una China en ascenso económico, financiero, comercial y militar y un Estados Unidos que trata de mantener su hegemonía y teme seguir perdiendo posiciones en estas y otras dimensiones a escala planetaria, las piezas clave a tomar en cuenta serían las siguientes:

Conflicto China-Taiwán, que data desde 1949

Desde que los ejércitos del Kuomintang, bajo el mando de Chiang Kai Chek, fueron expulsados del territorio continental existe la llamada China Taipéi o Taiwán, que ha sido objeto de análisis en organismos internacionales como la ONU donde China Taipéi ocupó hasta 1974 el asiento correspondiente a China y siempre ha sido objeto de fricción por el apoyo brindado por Estados Unidos en esta isla-país en contra de la política china de “un país, dos sistemas”.

Luego del retorno a China de los enclaves de Hong Kong, Singapur y Macao y el acercamiento entre China continental y China Taipéi, ocurridos a finales del pasado siglo, la relación entre China y Taiwán ha tenido sus altibajos, pero sin una gran confrontación entre ambos como en épocas anteriores.

Conflicto nuclear norcoreano, que data desde 1994

El sustrato de este conflicto está basado inicialmente en la necesidad de autoabastecimiento energético de Corea del Norte, importador neto de combustibles fósiles y el no cumplimiento de la entrega pactada de petróleo por parte de Estados Unidos y sus aliados,  a cambio del abandono del programa de desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, llevado a cabo por la economía asiática desde la época de Kim Il Sum.

Luego, Corea del Norte ha visto el filón que se abre con el desarrollo de la tecnología nuclear con potenciales fines bélicos y carácter disuasivo más que ofensivo, acompañado del desarrollo de la balística (portadores de las ojivas nucleares) para tratar de evitar una segunda y devastadora guerra con Estados Unidos (ya tuvieron  una de 1950 a 1953, no terminada, que culminó con un armisticio y la existencia todavía, mas de 60 años después, de miles de soldados norteamericanos en el Sur de la península).

China, junto con Rusia, apuesta a una solución política del conflicto y no desea la continuidad del desarrollo de la energía nuclear con fines no pacíficos por parte de Pyongyang. Mientras, Estados Unidos apuesta por el calentamiento del conflicto y desestabilizar la región para justificar así su presencia militar.

Disputas en el Mar meridional de China, algo más reciente

Tal vez sea este el más complicado de los puntos, dado el caso de que China ha estado siempre geográficamente presente y domina históricamente la región, con las excepciones conocidas de la presencia militar de Estados Unidos ya señalada, más la que tiene o tuvo en Japón, y las siete bases militares instaladas en Australia, entre otras.

A esto se añade el diferendo histórico por la posesión y dominio sobre las Islas Spratly y Paracelso, más la reciente construcción por China de islas artificiales y su presencia militar creciente en ellas con la finalidad de proteger la región y, en especial el estrecho de Malaca, por donde pasa gran parte del suministro energético que llega a territorio continental. Es un tema que da para un trabajo mucho más extenso.

Las nuevas y viejas alianzas en la región, tomando en cuenta siempre la variable temporal

Las relaciones de China con los diferentes actores presentes en la región, como también las de Estados Unidos, han estado acompañadas, a lo largo del tiempo, de alianzas constituidas y alianzas interrumpidas. Hay que añadir que esta situación no constituye ninguna excepción. Puede ocurrir que los socios de ayer sean los adversarios de hoy en muchos de los casos. Esta es, tal vez,  la variable más dinámica de las cinco planteadas e implica a economías tan importantes como Japón, Viet-Nam, Australia, Filipinas, Malasia, Tailandia, entre otras enclavadas todas en la región.

La iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, lanzada por China en 2013

El B&R [2] , en sus componentes terrestre y marítimo, fue lanzado por el presidente Xi Xinping en 2013 en Kazajstán, importante economía del espacio pos-soviético, enclavada en la frontera de Eurasia. Involucra a 65 países; 4 mil 400 millones de habitantes (63% de la población mundial), y ostenta un Producto Interno Bruto (PIB) de 23 billones de dólares (Jalife-Rahme, 2017),  casi el 30% del PIB global.

Este  proyecto de China denominado también “Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda” es el plan más ambicioso en materia de integración económica y comercial que jamás se haya diseñado en la historia de la humanidad. Aunque el objetivo central es crear un gran espacio que permita la  comunicación directa entre Asia y Europa, en el trasfondo se estará construyendo una plataforma que indudablemente propiciará el debilitamiento de la hegemonía estadounidense, por primera vez en más de un siglo. (Rodríguez, 2017)

La “Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda” es el plan más ambicioso en materia de integración económica y comercial que se haya diseñado en la historia de la humanidad.

Esta iniciativa, unida a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), en la que participan, junto a China y Rusia, otras importantes economías asiáticas y la Unión Económica Euro-Asiática (UEEA), esta última iniciativa de Rusia, no tienen prácticamente contraparte por parte de Estados Unidos, a no ser su presencia fundamentalmente militar en algunas repúblicas de Asia Central, donde hay un núcleo silencioso potencial de enfrentamiento actual y futuro.

He aquí los cinco ejes o puntos principales de fricción entre las dos potencias, que las lleva a la lucha por la recomposición de las hegemonías y la gobernanza en la región de referencia, y que pueden conducir a conflictos y guerras si no se logra un acuerdo de fondo que permita compartir la presencia mutua en la zona y materializar, al menos parcialmente o en esencia, de manera simultánea, los intereses de ambas.

Con una diferencia importante en la forma de hacer política: Estados Unidos trata de hacer valer sus intereses por la fuerza, principalmente militar y también financiera -los ejércitos y el dólar, dos de sus bases históricas-, siempre bajo la regla del juego de suma cero, mientras que China trata de hacerlo por la vía pacífica, sin renunciar al importante campo de las finanzas, aunque bajo la regla del juego de ganar-ganar. [3]

De modo que China trata de materializar la idea de Mackinder, mediante el balance y la armonía propios de la filosofía de Confucio, mientras que Estados Unidos actúa a partir de su mesianismo, su filosofía del pragmatismo, base de su individualismo y su prepotencia imperial. ¿Dónde, cuándo y cómo terminará la historia? Quo vades orbi?


                                                                                                       La Habana, 11 de junio de 2017

ag/mb

*Doctor en Ciencias Filosóficas, investigador titular a tiempo completo en el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM – CITMA).
 
 

[1] Región Asia-Pacífico y no Cuenca Asia-Pacífico, porque el teatro de operaciones–militares y extra-militares- entre los dos rivales va más allá de las zonas con costas al Pacífico asiático, obviamente, extendiéndose Asia adentro.

[2] Belt and Road; One Belt, One Road, en inglés. También se designa con el acrónimo BRI (iniciativa de un cinturón, un camino, en ingles). En español: Un cinturón, un camino. Se trata de designar las dos vías que componen la Ruta: la terrestre y la marítima.

[3] Son dos formas de negociar y hacer política, en la primera alguien – una de las partes- gana y la otra pierde proporcionalmente  lo ganado por la primera. Es la regla de suma cero. En la segunda – ganar-ganar-  las dos partes involucradas ganan, nadie pierde.

 

Bibliografía consultada:

Bueno, R. (2017). Geopolítica y la Ruta de la Seda. Rebelión. España. 26 de mayo de 2017. Tomado de: Panorama Mundial,  8 de junio de 2017.

Jalife-Rahme, A. (2017). La nueva ruta de la seda de China: ¿Plan Marshall optimizado? Telesur Venezuela. 14 de mayo de 2017. Tomado de: Dossier Panorama Mundial nro. 20-26.05.17

Rodríguez, S. (2017). China: El proyecto estratégico más importante de la historia. Barómetro Latinoamericano. Mayo de 2017. Venezuela. Tomado de: Dossier Panorama Mundial  Nro. 20-26.05.17