A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z



Nils Castro

Castro, Nils

Fue profesor en universidades de México, Cuba y Panamá. En Cuba, dirigió la Escuela de Letras, el Departamento de Filosofía y la Dirección de Extensión Universitaria de la Universidad de Oriente.

Leer más...

En la Universidad de La Habana, asesoró la Dirección de Métodos y Medios de Enseñanza y la Dirección de Planificación Docente.

En Panamá, fue director de Planificación Académica y director de la Escuela de Diplomacia de la Universidad de Panamá. Luego, asesor para asuntos internacionales del general Omar Torrijos, así como de varios presidentes de la República. Dirigió las relaciones internacionales del partido político creado por Torrijos y participó en la fundación de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (COPPPAL), de la cual fue secretario ejecutivo y vicepresidente.

Fue embajador de su país en México y embajador adjunto en Naciones Unidas durante la última participación de Panamá en el Consejo de Seguridad.

Ha ejercido como periodista y publicado numerosos ensayos, en los últimos años mayormente sobre problemas latinoamericanos.

Libros más recientes: Las izquierdas latinoamericanas: observaciones a una trayectoria; Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear; y América latina: integración emancipadora o neocolonial.

 

 

 

 

 

 

 



Los más leídos  


¿Es el “progresismo” un fenómeno cíclico?

Por Nils Castro*

 

Con más pirotecnia ideológica que examen de los hechos, algunos asiduos articulistas se empeñan en emparejar la llegada de partidos y dirigentes de izquierda a varios gobiernos latinoamericanos con el recién pasado período de alto precio de las materias primas para, enseguida, engarzar ese presunto dúo con la conjetura de que su enlace fue parte de un “ciclo” y sentenciar que este se agotó. Ese esquemático supuesto encierra más simplezas y errores que otras fantasías de su género.

¿De dónde sacan algunos asiduos articulistas que el lapso transcurrido desde la primera elección de Hugo Chávez a la probable reelección del kirchnerismo constituye un “ciclo”?

Para empezar, ¿de dónde sacan que el lapso transcurrido desde la primera elección de Hugo Chávez a la probable reelección del kirchnerismo constituye un “ciclo”? Lo reiteran sin sustentarlo. Evaden decir con relación a cuáles otros ciclos previos y probables ciclos subsiguientes, sus formas de sucesión ylas conclusiones prácticas del caso. A falta de mejor análisis de los procesos involucrados, pareciera que la palabrita se reitera por el barniz doctoral que le presta al elemental razonamiento que yace tras ese esquema.

Tales articulistas pasan por alto que el boom de las commodities igualmente abarcó México, Colombia o Perú, asociándose a gobiernos del opuesto signo político (y, en Perú, con la traición por la cual el gobierno electo gracias a su programa “progresista” enseguida saltó al otro bando).

Además que en otras naciones, como Honduras o Paraguay, el mismo boom acompañó a sendos golpes de derecha. No hay pues tal vinculación del precio de las materias primas con el “progresismo”. Lo que sí hubo fue un buen aprovechamiento de sus beneficios para resolver problemas sociales allí donde la izquierda gobierna, versus su apropiación privada en los otros países.

El siguiente descubrimiento de dichos articulistas es que la caída del precio de las materias primas anticipa graves problemas, pues afectará las políticas sociales impulsadas por los gobiernos “progresistas”. En consecuencia, su base de apoyo desertará hacia la derecha en las siguientes elecciones. ¿Es que acaso los actuales gobiernos de derecha estarán exentos de consecuencias? ¿Hacia dónde emigrarán sus bases?

Acto seguido, afirman que esta inminente crisis será oportuna para salir del modelo actual, pero no para salir del capitalismo sino del modelo extractivista de prosperar mediante la exportación de commodities. Lo podrá lograr emprendiendo las reformas estructurales no realizadas o iniciadas con demasiada timidez. Pero evitan decirnos cómo esas reformas podrán realizarse y sostenerse en países donde la izquierda llegó al órgano ejecutivo pero carece de control sobre el judicial ni el parlamentario, ni donde ella es minoritaria en los gobiernos locales.

Especialmente, donde ese acceso de la izquierda al gobierno no resultó de un proceso revolucionario, sino apenas del rechazo de muchos electores a las consecuencias sociales de la pasada arremetida neoliberal, y de su repudio a los políticos tradicionales que la implementaron, sin que aún esos electores estén dispuestos a asumir los costos y riesgos  inmediatos y de mayor plazo  de un asalto popular al poder.

Los gobiernos “progresistas” latinoamericanos llegaron al gobierno  que no al poder  a través de procesos electorales ganados a despecho del sistema político vigente, dentro de las reglas establecidas por el régimen oligárquico y neocolonial. Asumieron gobiernos que estaban en graves problemas financieros, a la vez que comprometidos con sus electores a resolver las mayores urgencias de la población.

Nada fue más oportuno que aprovechar el boom para obtener recursos con qué instrumentar las necesarias inversiones sociales;sabiendo que paralelamente tocaba mejorar las reglas y políticas ambientales y obtener o crear otras fuentes de recursos para impulsar un desarrollo más incluyente y equitativo.

Nunca América Latina había sido tan independiente y autodeterminada como ahora.

 

Obviamente, de país en país los resultados han sido desiguales, puesto que son realidades y procesos históricos y políticos diferentes. Llamarlos “progresistas” es apelar a un comodín lingüístico que  como el de “populistas” que las derechas prefieren  es suficientemente indefinido para abarcar esa heterogenidad. Pero el afán de imponerle una definición común no expresa un interés académico útil sino ganas de enrevesar los términos del asunto y contraponer al “progresismo” con la “auténtica” izquierda, en vez de buscar complementarlos.

Entre esas experiencias no han faltado errores y hasta retrocesos. Pero nadie puede negar los inmensos progresos obtenidos en materia de lucha contra la pobreza, derechos ciudadanos, empleo y seguridad social, etc. Como, asimismo, lo ganado en recuperación de soberanía y creación de mecanismos de solidaridad y cooperación latinoamericana. Sin que tal cosa implique que eso basta, nunca América Latina había sido tan independiente y autodeterminada como ahora.  Aunque para esos articulistas esto no satisface lo que ellos reclaman que otros realicen, para la enorme mayoría popular esta ha sido una experiencia extraordinaria.

Por eso mismo hoy confrontamos una poderosa contraofensiva de las derechas y sus mentores transnacionales para desacreditary remplazar esos gobiernos. Ese esfuerzo ha conllevado multiformes inversiones en renovar los recursos políticos y lenguajes mediáticos de la derecha, incluyendo reciclar los métodos que antes sirvieron para justificar el derrocamiento de Salvador Allende e imponer la contrarrevolución neoliberal en su país. Esa contraofensiva sobresale entre las noticias de cada día en toda Latinoamérica; pero dichos articulistas no la ven o procuran omitirla.

 

ag/nc

 

*Profesor, escritor y diplomático panameño.