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Andrés Mora Ramírez

Espinoza M., Gustavo

Periodista y profesor peruano. Presidente de la Asociación de Amigos de Mariátegui y director colegiado de Nuestra Bandera. Excongresista y ex secretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú.

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Perú haciendo méritos para perder la Cumbre

Por Gustavo Espinoza M.*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Si le preguntáramos al gobierno peruano qué está haciendo en el plano continental, bien podría respondernos de inmediato: méritos para perder la sede de la Cumbre de las Américas prevista para el mes de abril.

Hasta ahora nadie se explica por qué no hay un congresista -o varios- que tome la iniciativa de invitar a la Cámara a la señora Cayetana Aljovín, la más improvisada titular de Torre Tagle en varias décadas, y que ha metido las de andar en cada recodo del camino. Veamos:

Recibió, primero, al emisario imperial, Rex Tillerson y virtualmente de hinojos -a la par del presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK)- le aseguró que cumpliría sin dudas ni murmuraciones el úkase dictado por la Casa Blanca, y vetaría a Nicolás Maduro Moros, para garantizar que el Jefe de Estado Venezolano no participe en la cita de abril.

Inmediatamente después, convocó a la reunión de “los 12” para “asegurarse” apoyo. Ni siquiera reparó en el hecho de que este Grupo no tiene validez alguna. Su efímera existencia se explica porque simbolizó el fracaso espectacular del gobierno yanqui, que pretendió sancionar a Venezuela en el marco de la OEA y sufrió una humillante derrota, por lo que debió cobijarse en una suerte de “vientre de alquiler” -el “Grupo de los 12”-, enfilándolo contra Caracas.

Nadie en su sano juicio está en posibilidad de vetar la presencia de un mandatario en una cita que congrega a todos. El úkase dictado por la Casa Blanca contra el presidente venezolano Nicolás Maduro Moros fracasó.

El “apoyo”, demandado con tanta desesperación, no se produjo. El “grupo” accedió a “comprender” la propuesta peruana, pero no la asumió ni la compartió. En otras palabras, no la hizo suya. Y eso, por una razón muy simple: Nadie en su sano juicio está en posibilidad de vetar la presencia de un mandatario en una cita que congrega a todos. La Cancillería de cualquier país del mundo, hubiese asumido la misma posición, de distancia y de cautela.

Pero la Aljovín, como si le hubieran dado cuerda, salió por todo lo alto a proclamar que el “Grupo de Lima” había “acordado” respaldar la idea de PPK. La reacción no se hizo esperar. Uruguay, dijo que no. Y hasta Brasil tomó distancia del tema. Sólo la Casa Blanca se empeñó en lo mismo, evidenciando que era de ella, la “idea” inicial.

Hoy, varias cancillerías se han sumado al rechazo de la “iniciativa” en cuestión. Bolivia ha sido una de las primeras. Luego, Cuba y Uruguay. Después, la Nicaragua sandinista. Y también El Salvador. Y a continuación Brasil que, a pesar de Temer, tiene una cancillería de línea histórica, la de Itamarathy, bastante profesional por cierto.

El gobierno peruano -con terquedad enfermiza- prosiguió en su capricho, y cayó a un precipicio, como si fuera un ómnibus local en carretera interprovincial, dejando muertos y heridos. Mercedes Araoz -en busca del “agrement” de Washington para quedarse en el gobierno en el caso de que prospere la vacancia de PPK- hizo dúo con la señora Cayetana, y se tornó aún más belicosa y agresiva: “si un avión trae al señor Maduro, será derribado”, aseguró en son de guerra.

¿Tendrá idea la ex candidata presidencial de Alan García lo que significa una declaración así en el plano de la diplomacia, y de las relaciones entre Estados? ¿Podría sustentar ese punto de vista ante un Foro Internacional? ¿Será capaz de mantener esa propuesta, sin incurrir en un verdadero acto de guerra? Cualquier persona con dos dedos de frente, diría que una declaración así amerita un diagnóstico médico y un tratamiento psiquiátrico inmediato, a más de una camisa de fuerza urgente, en previsión de nuevos excesos.

La Cumbre de Lima corre un riesgo inmenso. ¿Estará trabajando el gobierno para asegurarla, o para perder la sede?.

Basta las declaraciones conocidas para darse cuenta que la Cumbre de Lima corre un riesgo inmenso. Bien puede fracasar por la inasistencia -o el retiro- de varios países, que no aceptan el veto contra nadie; o suspenderse y reprogramarse en otro rincón de América, que ofrezca más garantías que nuestro país. Y es que aquí hay otros elementos adicionales.

En el Perú se viven hoy días convulsos. PPK está “pedido”. El 73% de la ciudadanía piensa que no llegará a la Semana Santa -28 y 29 de marzo- porque será “vacado” antes. Y es que cada día salen nuevas evidencias contra él: reportes bancarios y documentos afines que lo comprometen en negocios turbios y vínculos oscuros con empresas de su competencia que se beneficiaron cuando era Ministro de Estado, o Presidente del Consejo de Ministros, hace algunos años.

Pero más allá de una destitución por “Incapacidad Moral Permanente” -PPK ha dicho que se defenderá como gato panza arriba-, está planteado el tema del Indulto a Alberto Fujimori y la “gracia presidencial” en su beneficio. Esta última, ya fue derribada por la Sala Penal de la Corte de Justicia que resolvió declararla inviable; y aprobó abrir juicio a Fujimori por la ejecución de 6 campesinos en Pativilca, en el norte de Lima.

Y está pendiente la decisión de la CIDH, que puede declarar nulo el indulto dictado por PPK el 24 de diciembre pasado. Ambos hechos pueden devolver el chinito de la yuca a una celda sin lugar a reclamo. Y es que la eventualidad de su viaje -salvador- a Tokio no se concreta porque el ex dictador tiene orden de captura internacional dictada por INTERPOL, y que no resulta fácil “levantar”.

En los últimos 60 días, han tenido lugar en el Perú las manifestaciones de protesta más grandes y aguerridas de las últimas décadas. El común denominador de ellas ha sido el rechazo masivo al “modelo” neoliberal, al engendro constitucional del 93, a la Mafia Apro-Fujimorista, a la corrupción, y a PPK.

Centenares de miles de personas en las calles en Lima, y en casi todas las otras ciudades del país, han remecido con sus gritos y demandas las viejas estructura del Estado peruano. Y estas movilizaciones no han sido en vano, ni han concluido. Como la recién realizada contra el “trabajo esclavo” aprobado en el Congreso de la República, que obliga a los jóvenes a laborar tres años gratuitamente en las empresas para hacer “prácticas” laborales.

El solo hecho de que para el jueves 12 de abril, a las cinco de la tarde y en el mismo recinto -la Plaza San Martin- se hayan convoca dos manifestaciones de signo adverso -una contra Nicolás Maduro, y otra en repudio masivo a Donald Trump- revela la intensidad del convulso escenario peruano. Y es que el mandatario yanqui se dispone a venir aquí, para destilar su ira contra el mundo. El Hotel Marriot tiene ya las reservaciones para la comitiva de ese dignatario.

¿Habrá condiciones para que se desarrolle en el Perú la Cumbre de Abril? ¿Estará trabajando el gobierno para asegurarla, o para perder la sede? La decisión, finalmente, será de los propios organizadores del evento. En lo que a nosotros se refiere, debemos estar preparados para cualquier contingencia. Por de pronto, bienvenidos todos los que encarnan la lucha de los pueblos.

ag/gem

 

*Periodista y profesor peruano.