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Gandásegui, Marco A.

Marco A. Gandásegui, hijo, Profesor de Sociología en la Universidad de Panamá e investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA), “Justo Arosemena”. Coordina el grupo de trabajo de Estudios sobre EE.UU. de CLACSO y el Observatorio sobre las Drogas de la Universidad de Panamá. Es director de la revista TAREAS. Realizó sus estudios de doctorado en la Universidad del Estado de Nueva York, EE.UU.

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Es autor de múltiples libros y artículos en revistas especializadas.

Recientemente publicó EEUU: Más allá de la crisis (edición CLACSO-Siglo XXI, México) y “El debate sobre la ampliación del Canal de Panamá” (coedición CELA-Portobelo). Además, se destacan "Las clases sociales en Panamá", "La democracia en Panamá" y "El mito de la comunicación social", entre otros. Sus artículos aparecen regularmente en Panamá y en otros países.

 


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El mensaje del papa en Suramérica

Por Marco A. Gandásegui  hijo*

El papa reitera la necesidad de poner fin a las políticas del 'capitalismo salvaje' y las acciones de despojo sistemáticos que los sectores dominantes desarrollan a escala global

 

Con motivo del viaje a América Latina del papa Francisco, los pueblos de la región tienen esperanzas que el líder de la iglesia católica apoye las demandas y movilizaciones de su juventud, mujeres y etnias reprimidas y discriminadas. Es muy significativo que el papa Francisco incluyera en su gira a países como Bolivia y Ecuador, cuyos pueblos están en una lucha abierta contra las oligarquías locales y las potencias imperialistas de Norte América y Europa.

 Como jefe de Estado del Vaticano, el papa de la iglesia católica no tiene poder de convocatoria. Sólo tiene mando sobre un grupo de burócratas que conforman la Curia. En cambio, como líder espiritual de más de mil millones de personas en el mundo entero, concentra en su persona un enorme atractivo. Cerca de 400 millones de católicos residen en América latina.

El reconocimiento por el papa Francisco de las luchas populares en Ecuador es un primer indicador de apoyo a ese pueblo. Ecuador hace enormes avances en su política social. Especialmente, con los pueblos indígenas reprimidos y discriminados durante siglos. El papa le está dando a la revolución ciudadana un espaldarazo. Al mismo tiempo, está rechazando los intentos desestabilizadores de la oligarquía y de Washington.

El papa no viene a la región con un plan político preestablecido. Aún es muy prematuro hablar de la constitución de nuevos bloques. El mundo está muy dividido y estamos presenciando cómo la lucha por la hegemonía se agudiza. En el caso de América Latina, hay fuertes divisiones. Aún hay países dominados por oligarquías locales que utilizan su fuerza ideológica y/o armada para reprimir sus pueblos. Esta división es, a su vez, abanicada por EE.UU.

Otra escala del papa es Bolivia, que vive cambios profundos. También tiene aspiraciones a una salida al mar. Tiene a toda la comunidad internacional a su favor. El hecho que el papa incluyera a Bolivia en su primera visita a la región es muy significativo. Chile, a su vez, ha sostenido un discurso equivocado por casi un siglo en torno a su diferendo con Bolivia.

Sin duda, el papa Francisco ha manejado con mucha habilidad su discurso en torno a los puntos más sobresalientes en la agenda mundial y regional. Con relación a su encíclica, en defensa del ambiente, ha identificado los responsables del panorama desastroso en que se presenta el futuro de la humanidad. Somos una especie en peligro de extinción. El papa reitera la necesidad de poner fin a las políticas del 'capitalismo salvaje' y las acciones de despojo sistemáticos que los sectores dominantes desarrollan a escala global.

El papa visita al pueblo de Paraguay, no a su presidente de turno. Quiere darle fuerza a su gente en su lucha histórica por reconstruir un país digno y soberano. Es un rechazo por parte del papa a la creciente militarización y empobrecimiento de lo que fue un ejemplo de desarrollo para toda la región.

Hay una clara diferencia entre un cardenal en el marco de la política local y un papa que tiene que hablar a nombre de una Iglesia que reclama más de mil millones de adherentes.

Francisco ha logrado tocar fibras que trascienden los templos y llegan a los hogares, a los centros de trabajo y a las escuelas en el mundo entero

La presidente de Argentina, Cristina Fernández, no ha cambiado su política resultado de la correlación de fuerzas sociales en su país. Su preocupación principal ahora es que su partido gane las próximas elecciones. Bergoglio está muy lejos de esa lucha electoral entre los sectores dominantes argentinos. Sin duda, tendrá sus preferencias. Sin embargo, ya no es el cardenal ni el arzobispo de Buenos Aires.

La figura del papa -u Obispo de Roma- perdió mucha influencia política en el siglo XX. En la medida en que adopta  políticas más cercanas a los sectores populares puede recuperar esos espacios perdidos. Algo de eso le permitió a Juan XXIII rescatar el perfil de una iglesia católica derrotada hace medio siglo.

En la otra dirección, el papa Juan Pablo II encabezó una cruzada anticomunista que le permitió consolidar una alianza con los sectores más poderosos del mundo financiero. Ahora, Francisco se enfrenta a los retos del siglo XXI con decisión y bastante originalidad.

La cuestión sobre el capitalismo salvaje, la destrucción de la naturaleza, la creciente pobreza y las guerras son temas que a todos preocupa. Francisco ha logrado tocar fibras que trascienden los templos y llegan a los hogares, a los centros de trabajo y a las escuelas en el mundo entero.


ag/mg

*Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA