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Gandásegui, Marco A.

Marco A. Gandásegui, hijo, Profesor de Sociología en la Universidad de Panamá e investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA), “Justo Arosemena”. Coordina el grupo de trabajo de Estudios sobre EE.UU. de CLACSO y el Observatorio sobre las Drogas de la Universidad de Panamá. Es director de la revista TAREAS. Realizó sus estudios de doctorado en la Universidad del Estado de Nueva York, EE.UU.

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Es autor de múltiples libros y artículos en revistas especializadas.

Recientemente publicó EEUU: Más allá de la crisis (edición CLACSO-Siglo XXI, México) y “El debate sobre la ampliación del Canal de Panamá” (coedición CELA-Portobelo). Además, se destacan "Las clases sociales en Panamá", "La democracia en Panamá" y "El mito de la comunicación social", entre otros. Sus artículos aparecen regularmente en Panamá y en otros países.

 


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Los ‘paraísos fiscales’ y los M&F Papers

Por Marco A. Gandásegui, hijo*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

La divulgación de los ‘papeles’ de Mossack y Fonseca (M&F) está descubriendo mucho más de lo que la gente piensa. 

En una reciente entrevista -concedida al periodista Sharmini Peries-, el economista norteamericano Michael Hudson, profesor universitario y antiguo corredor de una firma  en Wall Street, explica cómo funcionan las lavadoras de dinero y el papel de centros financieros como Panamá.

Los grandes empresarios norteamericanos fueron pioneros en evadir el pago de los gravámenes. Los grandes monopolios petroleros y mineros lo hacen bajo el manto de las sociedades anónimas que crean en los llamados paraísos fiscales.

Según Hudson, Panamá entra en el terreno del lavado de dinero hace casi cien años, prestándole servicios a la joven y pujante industria petrolera y derivados.  “Lo descubrí hace unos 40 años, asegura, cuando estudiaba la balanza de pagos de la industria petrolera. Fui a Standard Oil, la empresa petrolera más grande del mundo en esa época, cuyo tesorero me mostró sus balances contables.

Me dijo que ellos “les vendían el petróleo que compraban -en la Arabia Saudita o en el Medio Oriente a precios muy baratos- a empresas navieras registradas en Panamá o en Liberia. A su vez, bajo la figura de la sociedad anónima, las compañías petroleras vendían el crudo a los distribuidores en los Estados Unidos o  Europa a precios altos, muy altos”. La diferencia se la embolsan los monopolios sin declararlo.

 

En Panamá no hay impuestos para las transacciones que ‘nacionales’ (por ejemplo, los barcos bajo bandera panameña) realizan fuera de su jurisdicción. Los grandes empresarios norteamericanos fueron pioneros en evadir el pago de los gravámenes. Los grandes monopolios petroleros y mineros lo hacen bajo el manto de las sociedades anónimas que crean en los llamados paraísos fiscales.

Hudson también se refiere a otra trama para lavar dinero echada a andar durante la guerra contra Vietnam. El problema que tenía Washington en la década de 1960 era el déficit de la balanza de pagos generado por el gasto militar. El Departamento de Estado propuso una idea para sanear el déficit. Consistía en convertir a ese país norteño en la nueva Suiza del orbe.

“Se me pidió que calculara el volumen de capital criminal existente en el mundo. ¿Cuánto ganaban todos los delincuentes del planeta, cuánto dinero escondían los dictadores, los traficantes de drogas de todo el mundo, cuánto iba a parar a Suiza? Washington quería que las sucursales de los bancos transfirieran todo ese dinero a los Estados Unidos”.

Según Hudson, el gobierno de Washington desarrolló una estrategia con los bancos norteamericanos  -el Chase Manhattan a la cabeza- para que transfirieran a su país todo el dinero sucio que tenían en sus sucursales en el mundo. Washington, incluso, le pidió a Chase que creara un banco en Saigón, la entonces capital de Vietnam del Sur, para que el ejército norteamericano no tuviera que usar bancos franceses que repatriaban el dinero sucio a Francia.

La conexión francesa fracasó porque el presidente De Gaulle convertía los dólares en oro, perjudicando a EE.UU. Finalmente, Chase aceptó la propuesta de lavar dinero para el gobierno norteamericano.

Lo mismo ocurrió en el Caribe (las Islas Caimán y otras). Muchas islas habían sido colonias inglesas y su función principal era atraer hacia Inglaterra el dinero sucio que circulaba por el mundo. Según Hudson, “se asociaron al lmperio, a fin de poder servir como intermediarios del lavado de dinero. La idea era atraer todo ese dinero hacia EE.UU. o hacia su aliado, Gran Bretaña.

Es fácil seguir la pista de todo ese proceso que, en la actualidad, sigue vigente. Del dinero que administran las firmas de abogados en Panamá ni un centavo se queda en el país. Esos dineros no son sino pasivos de los Estados Unidos en Panamá o en otros centros bancarios.

Hudson explica que “la idea no es colocar directamente el dinero sucio en el país norteño. ¿Qué hace un especulador o a un ladrón europeo o árabe que desea sacar de su país mil millones de dólares? Lo que no hará es ir directamente a un banco en los estados de Delaware o de Wyoming. Lo que tiene que hacer primero es lavar el dinero”.

Hay que pasar por numerosas etapas intermedias. Así, enviarán el dinero, pongamos por caso, a sociedades anónimas en el Caribe. De allí pasará a Panamá. Luego, de Panamá, ya bien escondido, irá finalmente a una entidad de Delaware, en los Estados Unidos.

“Si usted echa un vistazo a las balanzas de pagos de los países llamados ‘paraísos fiscales’, fuera de los Estados Unidos, encontrará pasivos que se deben a esa nación. Si se detiene podrá ver la enorme cantidad de acciones norteamericanas, de bonos norteamericanos y depósitos bancarios norteamericanos que proceden de esos llamados ‘paraísos’.

Hudson concluye que “la magnitud gigantesca de esos depósitos  es lo que mantiene a flote al dólar”.

Según Hudson, el gobierno de Washington desarrolló una estrategia con los bancos norteamericanos -el Chase Manhattan a la cabeza- para que transfirieran a su país todo el dinero sucio que tenían en sus sucursales en el mundo.

 

El Congreso norteamericano maneja muy bien la lógica financiera. En la década de 1960 entendió que los delincuentes pequeños y grandes,  de todas las nacionalidades, son la gente que dispone de la mayor liquidez en el mundo.

“Esos delincuentes –asevera el economista- no quieren amarrar sus fortunas a propiedades. Las propiedades saltan a la vista, son de perfil alto, muy visibles. En cambio, las finanzas en la balanza de pagos se conocen como el invisible. Si usted es un delincuente, quiere que sus finanzas sean invisibles para poder mantenerlas a salvo. La inversión más segura es la compra de bonos del Tesoro estadounidense”.

Hudson afirma que el Congreso de ese país norteño “sabía que el grueso de los extranjeros tenedores de bonos del Tesoro eran delincuentes. Los congresistas concluyeron que necesitaban el dinero de los delincuentes, así que no legislaron para hacer retenciones y no gravaron fiscalmente a los dueños de fortunas producto del crimen. Al contrario, convirtieron el crimen en una actividad libre de impuestos.

Así fue como no se hacen preguntas sobre los activos de delincuentes camuflados en cuentas fiduciarias en los bancos norteamericanos”.

Hudson sostiene “que fue bajo presión de los Estados Unidos que se configuró el actual sistema bancario internacional, a fin de facilitar el blanqueo de dinero procedente del capital acumulado en el tráfico de drogas. La causa de que norteamericanos y  canadienses no figuren particularmente en los registros del buffete de Mossack y Fonseca (M&F) es que sus clientes no son norteamericanos”.

El sistema fiscal panameño de territorialidad  -que no le cobra impuestos a quienes desde el país hacen negocios en el extranjero- es considerado por  el académico estadounidense  como “un robo legal a la hacienda pública”.

Hudson propone una solución al lavado de dinero: “Hay que gravar fiscalmente a las empresas norteamericanas conforme con sus ingresos a escala planetaria. Si usted sabe que una compañía como Exxon ingresa mil millones de dólares, se le aplica el gravamen no importa dónde declaran los ingresos”. El entrevistado tendría que agregar que, en el caso de Panamá, este país estaría obligado a cobrar impuestos a sus nacionales, no importa donde están ubicados sus negocios.

Los Estados Unidos y Panamá comparten un mismo problema. Washington tendría que gravar fiscalmente a Apple por todos los ingresos que tiene en Irlanda, jurisdicción que le permite evadir los impuestos que le debe al fisco norteamericano.

De acuerdo con Hudson,  esto provocaría un choque de intereses entre monopolios y gobierno. Algo parecido ocurriría en Panamá, a otra escala. Para financiar el presupuesto nacional habría que comenzar a gravar las ganancias de panameños obtenidas en el exterior. Además, cobrar impuestos de herencia, de depósitos bancarios y de bienes raíces urbanos.

En su opinión, no hay condiciones políticas en los Estados Unidos para lograr ese objetivo. Tampoco es probable que en las condiciones actuales se produzcan cambios en Panamá. “Washington podría perseguir al pequeño ‘mequetrefe’ que se cuela por los grandes sumideros fiscales creados por la industria petrolera hace un siglo. Pero es muy difícil perseguir a los pequeños evasores fiscales sin capturar a los peces gordos. Y los peces gordos son nada menos que las mayores empresas transnacionales norteamericanas”.

El sistema fiscal panameño de territorialidad -que no le cobra impuestos a quienes desde el país hacen negocios en el extranjero- es considerado por el académico estadounidense como “un robo legal a la hacienda pública”.

 

El economista norteamericano concluye que “no se resolverá el problema del lavado de dinero ni del tráfico de ilícitos, porque Estados Unidos quiere sostener el dólar por la vía de atraer hacia su sistema bancario todo el dinero de origen criminal”.

“El conjunto del sistema financiero estadounidense, sostiene, se ha hecho criminal para poder subsidiar sus pesados presupuestos militares. Por un lado, financian su presupuesto militar lavando el dinero de la ‘clase criminal’ mundial. Por el otro, dejan libres de impuestos a las grandes compañías transnacionales, desde Apple hasta Exxon. Es evidente”.

 

26 de mayo de 2016.

 

ag/mg

 

*Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA.