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Gandásegui, Marco A.

Marco A. Gandásegui, hijo, Profesor de Sociología en la Universidad de Panamá e investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA), “Justo Arosemena”. Coordina el grupo de trabajo de Estudios sobre EE.UU. de CLACSO y el Observatorio sobre las Drogas de la Universidad de Panamá. Es director de la revista TAREAS. Realizó sus estudios de doctorado en la Universidad del Estado de Nueva York, EE.UU.

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Es autor de múltiples libros y artículos en revistas especializadas.

Recientemente publicó EEUU: Más allá de la crisis (edición CLACSO-Siglo XXI, México) y “El debate sobre la ampliación del Canal de Panamá” (coedición CELA-Portobelo). Además, se destacan "Las clases sociales en Panamá", "La democracia en Panamá" y "El mito de la comunicación social", entre otros. Sus artículos aparecen regularmente en Panamá y en otros países.

 


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Los retos del cambio climático

Por Marco A. Gandásegui, hijo*

 

El acuerdo político entre 195 países reunidos en París en la Conferencia para controlar el cambio climático del planeta se realizó en medio de una guerra que pronto cumplirá 25 años en el Medio Oriente por la apropiación de las reservas de energía fósil más grandes del mundo.

Los países más poderosos no se comprometieron a retirar sus empresas trasnacionales que saquean literalmente los recursos naturales del mundo.

La Conferencia terminó al mismo tiempo que en América latina se están devastando los bosques húmedos de la Amazonía, Centroamérica y Panamá. Los países más poderosos no se comprometieron a retirar sus empresas trasnacionales que saquean literalmente los recursos naturales del mundo.

El país que más daño le hace al ambiente,  Estados Unidos, suscribió el pacto que plantea la necesidad de controlar el incremento de la temperatura global en 2 grados Celsius en los próximos 35 años. La demanda de la mayoría era que la meta fuera de sólo 1.5 grados. Además, EE.UU. prometió invertir 100 mil millones de dólares en igual período para apoyar las políticas que harían posible el cumplimiento de las metas.

Los científicos que estudian los fenómenos climáticos señalan que, para evitar que las temperaturas globales sigan aumentando, hay que eliminar del todo el uso de la energía fósil (petróleo) y hay que conservar los bosques en su estado actual. La mayoría de los ambientalistas opinan que el acuerdo alcanzado en París no logrará que las potencias reduzcan su consumo de petróleo ni de madera.

Marcelo Colussi

 “Lo que veo es un acuerdo sin plazos, ni objetivos, con aspiraciones vagas y alocadas”, dice George Monbiot, de The Guardian. “Veo mucha adulación, mucha vanidad y muy poco de la verdadera sustancia necesaria para evitar la crisis climática”.

La poderosa agencia Greenpeace -rebosante de optimismo- señala que las empresas trasnacionales “han recibido el mensaje de que este es el final de la era de las energías fósiles”. Su vocero dijo que “los inversores tienen que empezar a sacar el dinero del carbón, el petróleo y el gas”. Predijo que “en los países petroleros va a cundir el pánico”. Greenpeace acusó a las compañías energéticas -petroleras- de intentar manipular el debate público patrocinando investigaciones científicas no rigurosas y pagando (sobornando) a académicos en EEUU y Europa”.

El sociólogo argentino Marcelo Colussi recomendó hace varios años cómo debería proceder un acuerdo internacional para poner fin a los abusos contra la naturaleza. Señaló cinco puntos que los gobiernos  -especialmente los de la región latinoamericana- deberían prestar especial atención:

1)  Eliminar las tecnologías inaceptables, como los sistemas para la detección, la monitorización cibernética y el automatismo. La detección vía satélite es básica para comunicación, posicionamiento por GPS pero también tiene fines políticos y represivos. Los buques-factorías y sistemas para la detección de bancos de peces. El control de los bosques mediante tecnología satelital (GFRA).

2) Tecnologías correctas en sí mismas, pero que precisan moratoria por motivos sociales. En esa lógica encontramos la revolución industrial cibernética. Su magnitud se refleja en las jubilaciones anticipadas y despidos. Una fábrica de automóviles que empleaba a 20,000 obreros, se convierte en una planta robotizada con sólo 300 trabajadores. La lógica indica que hay personal "sobrante" (pero ¿puede sobrar algún ser humano?).

3)Tecnologías que no siendo prioritarias deben someterse a moratoria antes de haber logrado desarrollarse las primeras. La industria aeroespacial en su totalidad representa nuevos impactos sobre la biosfera por la extracción de los minerales escasos necesarios para las construcciones y las naves espaciales, guerras por intermediación para el control de la minería de materiales estratégicos y consumo de combustible. Lo irracional de la aventura espacial es obvio cuando se reservan plazas para viajes de placer u hoteles espaciales.

La mayoría de los ambientalistas opinan que el acuerdo alcanzado en París no logrará que las potencias reduzcan su consumo de petróleo ni de madera.

 

4)Tecnologías que ya están suficientemente desarrolladas y no necesitan más investigación. La tecnología automotriz actual se sigue desarrollando sólo por el afán de ventas, siendo que ya no sería necesario su avance. Por el contrario, su reconversión hacia otro tipo de vehículos, no contaminantes y de uso masivo, eliminando el agresivo, en términos ecológicos, automóvil unipersonal o familiar.

5)  Hay tecnologías intrínsecamente negativas. Las biotecnologías que ponen en peligro a la biosfera. Igualmente, las tecnologías bélicas que perfeccionan las guerras, la destrucción de los ‘enemigos’, que incluye civiles.

La ministra de Ambiente panameña, Mirei Endara, sorprendió a todos cuando declaró que “el acuerdo no es tan fuerte como algunos países hubiéramos querido, pero es un gran avance y nos da los instrumentos necesarios para avanzar en el tema de los bosques, que es prioritario”.
17 de diciembre de 2015

 

ag/mg

 

*Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA