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Andrés Mora Ramírez

Itzamná, Ollantay

Investigador, abogado y antropólogo quechua. Corresponsal y columnista de varios medios alternativos de América Latina y Europa, defensor de derechos en el ámbito de cooperación entre los pueblos. Autor de varios libros publicados sobre el tema.

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Evo Morales y la plurinacionalidad boliviana

Un sueño en construcción

Por Ollantay Itzamná*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Los pueblos andino-amazónicos en resistencia, que cohabitan en Bolivia, progresivamente fueron acumulando un corpus místico y horizontes libertarios (políticos) en la larga y oscura noche de la colonización foránea e interna, hasta “convertir” a uno de sus defensores/representantes (Evo Morales Ayma) en el presidente indígena del país.

Estos pueblos, que en su caminar se fueron constituyendo en ríos de movimientos sociopolíticos libertarios, se atrevieron y se atreven a soñar y realizar transformaciones estructurales postergadas en el país colonizado de Bolivia.

Para este sueño, en proceso de construcción, el movimiento indígena no sólo contó con actores políticos propios (actualmente hay representantes indígenas en la administración pública), sino también con una utopía, un ideario propio, que denominan Sumaj Kawsay (Buen Vivir, en el idioma quechua).

El proceso de “refundación” del Estado Plurinacional incorporó los derechos, valores, instituciones y simbología indígena en la nueva Constitución Política.

El horizonte es realizar transformaciones estructurales, ya no centradas únicamente en los derechos y el bien de la comunidad humana, sino en los derechos y el bienestar de la Madre Tierra.

Desde el 22 de enero de 2006 -día en que Evo Morales, con su equipo, asumió la presidencia de la República de Bolivia- ocurrieron envidiables e inusitados cambios materiales para la mega-diversa bolivianidad, que comienza a coexistir.

¿Qué ha cambiado para los indígenas en la última década?

No nos referimos a los casi dos millones que “salieron” de la condición de pobres. Ni a las decenas de miles de “nuevos” y “exitosos” emprendedores  que les disputan el monoplio de “actores económicos” a los tradicionales.

Tampoco a los exuberantes excedentes económicos públicos y privados que crecieron sin límite. No hablamos de la exitosa redistribución económica, vía inversión pública o asignación directa. Nos referiremos únicamente a los cambios sustanciales, imperecederos que la coyuntura y el capital impiden visualizar.

Conciencia identitaria como personas diferentes.

El proceso sociopolítico que posibilitó y mantiene en el gobierno a Evo Morales está legando a hombres y mujeres indígenas de Bolivia y de América Latina la superación del casi atávico “espíritu del hundimiento” del indígena, fruto de la psico-somatización de la condición de colonialidad.

En una década, las grandes mayorías indígenas comienzan a sentir “orgullo” y “estímulo”  de su “ser” y “existir” indígenas. La identificación con Evo Morales, y los logros administrativos de éste, afianzan ese inicio de descolonización identitaria, y la sanación de la casi eterna “enfermedad indígena”: el desprecio por lo propio y la idealización de lo foráneo.

Restauración del equilibrio cultural.

El proceso de la administración de Evo Morales no sólo significó el desplazamiento de la cultura hegemónica mestizo-cristiana de los centros y espacios del poder oficial, si no que, ahora, la Bolivia (indígena, indomestiza o mestiza) se mira y comienza a aceptarse como parte de una sociedad en la que confluyen sociedades diversas. Como un pueblo compuesto por pueblos diversos, transitando hacia una conciencia y coexistencia intercultural.

Antes, el racismo estaba institucionalizado y legalizado. Se azotaba en público al indígena. Matar indios insubordinados era casi una virtud patriótica, que se premiaba con el silencio y la impunidad.

Reconocimiento de derechos colectivos indígenas.

El proceso de la “refundación” del Estado Plurinacional incorporó los derechos, valores, instituciones y simbología indígena en la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional.

Estos derechos, que con cierta pereza administrativa comienzan a ser implementados en políticas públicas, dejaron de ser “consignas” internacionales sospechosas en el imaginario colectivo de la bolivianidad diversa, en especial de la clase política y cultural privilegiada.

Antes, para el indígena sólo existían obediencia y obligaciones. Ahora, hasta los mistis citadinos “aceptan” y se “solidarizan” con nuestros derechos constitucionalizados (Caso Tipnis, y otros).

Restitución de los territorios ancestrales.

El proyecto de plurinacionalidad lleva en su esencia la restitución y autodeterminación de los territorios indígenas ancestrales. Así está establecido en la Constitución Política del Estado; aunque, en la actualidad, sólo el pueblo guaraní de Charagua, Santa Cruz, ejerce la autodeterminación indígena en su territorio, otros tres muy pronto lo harán.

En la época neoliberal, sólo estaba permitido aspirar a los folclóricos derechos culturales indígenas  para solventar la industria del turismo. Ahora, todos los derechos colectivos (incluidos los políticos y económicos) de los pueblos están reconocidos para ejercerlos dentro y fuera de los territorios indígenas: originario, campesino (TIOC) autónomos. Los territorios autónomos se constituyen en el campo (topos) donde se librará la batalla vital en defensa de la Vida.

No se ha avanzado, ni en los tiempos ni ritmos, como se esperaba. Hay mucho aún por materializar en esta etapa de la plurinacionalidad boliviana. Pero los pueblos indígenas estamos cambiando nuestras condiciones existenciales. Los que dejamos de “existir”, en la era colonial y republicana, comenzamos a coexistir en esta etapa de la plurinacionalidad.

ag/oit

 

*Investigador, abogado y antropólogo quechua.