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Andrés Mora Ramírez

Itzamná, Ollantay

Investigador, abogado y antropólogo quechua. Corresponsal y columnista de varios medios alternativos de América Latina y Europa, defensor de derechos en el ámbito de cooperación entre los pueblos. Autor de varios libros publicados sobre el tema.

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Los condenados de Centroamérica

Por Ollantay Itzamná*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Nadie sabe a ciencia cierta por qué las apoteósicas civilizaciones que germinaron en la actual Centroamérica sucumbieron hasta extinguirse de la memoria colectiva de sus descendientes actuales. Lo cierto es que, en la actualidad, dichos pueblos subsisten en las condiciones socioeconómicas y culturales más paupérrimas del planeta. Incluso en peores condiciones que los pueblos de la África actual.

Estas tierras tropicales, donde en siglos pasados florecieron envidiables civilizaciones, se han convertido ahora en la zona más peligrosa de todo el continente americano, con  Estados colapsados, sociedades en acelerada y violenta descomposición social y ausencia de sentido generalizado. Todo esto, y más, producto de la permanente colonización y dictadura perenne de la tecnocracia.

Guatemala-El Salvador-Honduras, por su alta peligrosidad y sangrienta descomposición social, conforman el denominado Triángulo de la Muerte. México forma parte de esta geografía letal. Y, en los últimos días, el Caballo del Apocalipsis latinoamericano intenta incorporar al excepcional y valiente pueblo de Nicaragua a esta creciente industria de la muerte.

En este contexto de anomia existencial regional, en Guatemala emergen propuestas de cambios estructurales que desafían al país en penumbras a pensar el país desde su condición de despojado.

Indígenas y campesinos mayas, organizados en centenares de comunidades en resistencia, y articulados en el movimiento indígena Comité de Desarrollo Campesino (Codeca), impulsan, de manera inédita, un proceso de asamblea constituyente popular para consensuar una Constitución Política del Estado Plurinacional que buscan construir. El centro de su propuesta es la defensa y promoción de la vida, en sus diferentes formas y convivencias interculturales, en un Estado Plurinacional con autonomías territoriales.

Otrora sede de civilizaciones ancestrales, Centroamérica se ha convertido en la zona más peligrosa y paupérrima del planeta. En medio de ello, la propuesta del proceso constituyente plurinacional despunta con vigor en Guatemala.

Esta propuesta, que salió a luz pública desde 2012, inicialmente ha sido rechazada por los sectores tradicionales de la derecha e izquierda política acomodadas en el régimen neoliberal vigente. Pero, en la medida que el teatro de la lucha anticorrupción (made in USA) -y su discurso de reformas al Estado fallido- son un rotundo fracaso, la propuesta del proceso constituyente plurinacional despierta interés para sectores urbanos y rurales.

Simultánea a la construcción ascendente y colectiva de las propuestas de cambio estructurales (propuesta de contenidos para la nueva Constitución Política), las comunidades en resistencia han logrado crear una organización política propia denominada Movimiento para Liberación de los Pueblos (MLP), en su última fase de registro legal.

Si ya la capacidad organizativa de alcance nacional, alrededor de las propuestas del proceso constituyente plurinacional, fue y es un hecho inédito en la Guatemala bicentenaria racista con los pueblos indígenas, la creación de una organización política propia por las mismas comunidades en resistencia constituye un hecho histórico sin precedentes en la región.

Por ignorancia o por mala fe, los generadores de opinión pública acusan a Codeca de convertirse en un partido político. Pero indígenas y campesinos, con sus limitaciones idiomáticas, explican a sus detractores que ellos seguirán siendo un movimiento social; solo que ahora con un brazo político propio para impulsar los procesos de revisión de los contratos de privatización de los servicios y empresas públicas, y acelerar aún más el proceso constituyente que ya vienen impulsando desde las comunidades indígenas y campesinas. Incluso en las ciudades ya presentan y debaten esta propuesta.

La incertidumbre existencial, ocasionada por la inmoralidad y desgobierno prohijado por el permanente imperialismo euro-norteamericano, no se va a solventar con más intervencionismo extranjero. Guatemala y Honduras son evidencia de ello en estos últimos años. Cada año que pasa, se hunden más en el agujero del caos.

Estos países, al igual que el resto de los países bajo dictaduras neoliberales, necesitan cambios estructurales profundos, tanto a nivel institucional como a nivel de los proyectos de vida de cada uno de sus habitantes.

Y, en la Guatemala actual, dicha luz alumbra desde el campo del No Ser, como diría Fanon. Los condenados de la Centroamérica milenaria están alumbrando el camino a seguir en este laberinto de la muerte. Incluso, superando a los (y las) mayas profesionales adoctrinadas en las academias y ONGs, que jamás pudieron superar el individualismo metodológico y la ilusión del bienestar particular como sinónimos de desarrollo.

ag/oit

 

*Investigador, abogado y antropólogo quechua.