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Kintto Lucas

Lucas, Kintto

Periodista y escritor ecuatoriano-uruguayo. Fue vicecanciller de Ecuador entre 2010 y 2012 y embajador de Uruguay para Unasur, Celac y Alba en 2013. Premio Lationamericano de Periodismo José Martí 1990. Es autor de más de quince libros, entre otros, Rebeliones Indígenas y Negras en América Latina, Mujeres del Siglo XX, La rebelión de los indios, Apuntes sobre fútbol, Con sabor a gol -fútbol y periodismo- y El arca de la realidad –de la cultura del silencio a Wikileaks-.



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Sombras

Por Kintto Lucas*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

El mundo esta lleno de sombras. Las sombras son casi casi una población paralela en las calles de las ciudades. Hay sombras entre los edificios. Hay sombras en las miradas. Hay sombras en las licorerías. Hay sombras en los parques. Hay sombras en los corazones. Hay sombras del otro lado del sol y de la luna. Hay sombras en la luna, sombras en los distintos lugares del sentimiento, y en los distintos lugares del pensamiento.

Hay sombras en los amores y desamores. Hay sombras en los dueños del dinero y en el dinero. Hay sombras of shore. Hay sombras en las aulas universitarias. Hay sombras con posgrado. Hay sombras tristes y alegres. Hay sombras quijotescas y sombras sancho panza. Hay sombras derrotadas y sombras que cuentan finalmente la historia. Hay sombras en las relaciones sociales y politicas. Aunque la política muchas veces es solamente oscuridad. Y la oscuridad no tiene sombras.

Pero es preferible no caminar por la oscuridad. En la oscuridad están quienes creen ser dueños de la luz, pero finalmente aunque tengan muchas pertenencias se mueren sin luz y sin sombras. Esos sólo dan lástima. Lástima, la lástima también puede tener sombras y una luz que atraviesa con la vida por una ventana de España. Qué lástima… Como en aquel poema de León Felipe. Después de mirar por esa ventana junto a él, tal vez muchas sombras se estremecen, pero tal vez muchas sombras recogen la luz que entra por la ventana. La luz que está en cualquier lado de la casa, y en cualquier lado de la calle, de la montaña, de los ríos…

Si hay sombras es porque todavía podemos abrir una ventana para que entre un rayo de luz. O sentarnos frente a una botella. Y tal vez, y tal vez incluso, podamos dibujar sombras con las manos en la pared.

Hay sombras en todas las estaciones. Pero algunas aparecen solo en verano, otras solo en invierno, algunas prefieren el otoño, donde hay otoño, y están aquellas que viven buscando la primavera donde todavía existe la primavera. Las sombras construyen su casa en todas las estaciones. Y en todas las estaciones pueden ser parte de la música. La música de Vivaldi es luz entre las sombras. Ahora, entre las sombras, sería el momento de irnos a volver para escuchar las Cuatro estaciones de Vivaldi.

Pero, ¿cuántas sombras puede tener un poeta? Cuántos versos puede recitar una sombra luego de cruzar la mañana, rumbo al horizonte, buscando una utopía que ilumine sus sueños, o por lo menos alguno de sus sueños. Sueños, sueños, acaso las sombras de los sueños no sean utopías.

Claro, también hay sombras que viven de los cuentos. Hay sombras que sufren los cuentos. Hay sombras cuenteras que se sostienen en el camino porque hay quienes escuchan sus cuentos. Y lo peor de todo es que siempre habrá quienes crean esos cuentos. Por eso ahora volvería a León Felipe para recordar todos los cuentos. Todos los cuentos de las sombras, entre la calles, entre la música, entre la poesía, entre las luces, entre la oscuridad.

Las sombras se mueven en el camino. Tal vez se hagan luz o tal vez oscuridad, según prefieran. Ellas deciden su futuro. Ellas construyen su destino. El futuro es nuestro dicen algunas sombras. Las sombras en las calles. Las calles en las sombras. Las sombras bailan a veces en las calles. Las sombras pueden ser la propia calle. Las calles puede ser la propia vida. La vida puede ser una sonrisa, un amor en una cama apolillada, una cumbia bailando entre las sombras.

En alguna ciudad el amanecer es un volcán aprisionado entre montañas y la mirada solo un eco de las sombras. Las sombras caminan por el silencio, mientras la nieve se derrite en las miradas o se vuelve ceniza entre las nubes, porque la ceniza es parte de las lágrimas, de las sombras.

Cada sombra tiene su propia historia y cada historia tiene su propia sombra. A veces las sombras se van a volver por la historia. La historia entonces se puede encontrar en la sombra de un poema de Walt Whitman. Entre las sombras, entre las canciones, entre las calles, entre las historia de las sombras, entre las risas en las calles, entre los amores y desamores en las calles, entre las calles, entre las sombras que vienen y van entre los vientos y a veces se tropiezan entre las idas y venidas.

¿Qué sostiene la sombra entre sus manos? A veces es tan difícil el tiempo de las sombras sin palabras. Tanto tiempo caminado entre las sombras, escuchando ruidos tras la puerta, intentando descifrar el silencio de las sombras. Las sombras del silencio no siempre callan. A veces cantan, a veces ríen, a veces cuentan hormigas en el desierto. A veces cruzan puentes entre aguas turbulentas. A veces, solo a veces, se van a volver para escuchar dos o tres o mil veces una vieja canción, la misma canción. ¿Sombras nada más?

ag/kl

 

*Periodista y escritor ecuatoriano-uruguayo.