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Andrés Mora Ramírez

Mora Ramírez, Andrés

San José, Costa Rica (1978) Magister en Estudios Latinoamericanos con Énfasis en Cultura y Desarrollo de la Universidad Nacional de Costa Rica; Magíster en Educación con énfasis en Docencia Universitaria de la Universidad Nacional de Costa Rica; y Licenciado en Periodismo y Comunicación de Masas de la Universidad Federada de Costa Rica.

 

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Su experiencia profesional se concentra en las áreas de docencia e investigación universitaria, edición de publicaciones, comunicación política, rendición de cuentas, investigación y control legislativo, desarrollo sostenible, procesos políticos latinoamericanos, centroamericanos y en educación.

Actualmente trabaja como docente e investigador en la Universidad Nacional de Costa Rica, en el Centro de Investigación y Docencia en Educación, y en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras.

Junto al Dr. Rafael Cuevas Molina, es coautor de dos libros: Buscando el futuro. Crisis civilizatoria y posneoliberalismo en América Latina (2015) y Vendiendo las joyas de la abuela. Políticas culturales e identidad nacional en Costa Rica 1990-2010 (2013), ambos publicados en San José de Costa Rica por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED).

Ha publicado artículos en revistas académicas nacionales e internacionales, en temas relacionados con el pensamiento político y pedagógico latinoamericano, las políticas culturales y la identidad nacional en Costa Rica, los procesos de construcción de identidades culturales y los medios de comunicación en América Latina. También, ha impartido conferencias y presentado ponencias en eventos académicos realizados en Costa Rica, Cuba y Argentina.

Es miembro de la Asociación por la Unidad de Nuestra América (AUNA-Costa Rica) y editor de la revista CON NUESTRA AMÉRICA, proyecto de comunicación sobre política, cultura y desarrollo en América Latina (http://connuestraamerica.blogspot.com); colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información (www.alainet.org), Rebelión (www.rebelion.org) y de otros medios electrónicos alternativos.

Además, es colaborador del Núcleo de Estudos e Pesquisas Regionais e do Desenvolvimento (D&R), de la Universidade Federal de Pernambuco (UFPE), Brasil (http://grupoamericacentral.wordpress.com/analistas/).



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Vigencia del Che

Por Andrés Mora Ramírez*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Hace medio siglo, un 9 de octubre de 1967, tras una persecución implacable orquestada por el ejército boliviano, bajo las órdenes del dictador René Barrientos y con apoyo de la CIA, caía fusilado en el pueblo de La Higuera el guerrillero argentino y nuestroamericano Ernesto Che Guevara.

Hasta Bolivia, corazón geoestratégico de América del Sur, lo había llevado su espíritu internacionalista -tras una experiencia adversa en la República Democrática del Congo- con su proyecto de desarrollar un foco guerrillero que contribuyera a crear las condiciones subjetivas para adelantar, después de Cuba, un nuevo proceso revolucionario de alcance continental.

Desde muy temprano, en 1954, como testigo directo del derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala -también con intervención de la CIA-, el Che advirtió que su vida estaría irremediablemente vinculada a la luchas de los pueblos de nuestra región. “América será el teatro de mis aventuras con carácter mucho más importante de lo que hubiera creído; realmente creo haber llegado a comprenderla y me siento americano con un carácter distintivo de cualquier otro pueblo de la tierra”, afirmó en una carta dirigida a su madre.

Diez años más tarde, luego del triunfo de la Revolución Cubana y de conocer, enfrentar y denunciar la brutalidad del imperialismo en todos los foros posibles, desde un cañaveral junto a trabajadores de la zafra, la reunión informal en una empresa nacionalizada, y desde el mitin político en la isla hasta la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Che había perfilado ya su altura quijotesca y su proyección universal:

El legado del Che -pensamiento y acción- sigue vigente como posibilidad y desafío, pero especialmente como ejemplo de una ética y una praxis política de liberación.

“No creo que seamos parientes (responde en 1964 a una mujer, María Rosario Guevara, quien le envía una carta desde Marruecos), pero si Ud. es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante”.

En su trilogía Memoria del fuego, Eduardo Galeano describe el asesinato de Guevara con un relato de magistral brevedad: “Una ráfaga lo acribilla. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino”; y se preguntaba el escritor uruguayo: “¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera? ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?”

En un mundo como el nuestro, que se debate entre problemas inéditos y acuciantes propios de la compleja crisis civilizatoria que vivimos -crisis de la civilización del capital-; en un mundo que mira con temor las amenazas de guerra e intervenciones militares en América del Sur, Europa, Medio Oriente y Asia, signo inequívoco de la locura autodestructiva del imperialismo permanente (y de la camarilla de gánsteres que hoy gobiernan en Washington); y en definitiva, en un mundo que, cada día más, nos emplaza a decidir entre imperio o humanidad, entre muerte o vida, entre la opulencia y el dominio de unos pocos, o la justicia, la igualdad y la democracia profunda para toda esa inmensa humanidad -pospuesta por aquel Norte revuelto y brutal que todavía nos desprecia-, la actualidad del Che está fuera de discusión, porque no se equivocó en su inclaudicable opción por los desposeídos de la Tierra.

De Norte a Sur y de Este a Oeste, allí donde alguien agita una bandera de lucha por la justicia social y contra el capitalismo; donde un pueblo se llena de dignidad y se levanta para enfrentar los atropellos del imperialismo, el legado del Che -pensamiento y acción- sigue vigente como posibilidad y desafío, pero especialmente como ejemplo de una ética y una praxis política de liberación, surgida desde las entrañas del dolor y el sufrimiento de los pueblos, y que se nutre de su amor y su esperanza.

ag/gc

 

*Investigador, analista y docente de la Universidad de Costa Rica.