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Andrés Piqueras Infante

Colussi, Marcelo

Politólogo, catedrático universitario e investigador social. Nacido en Argentina estudió Psicología y Filosofía en su país natal y actualmente reside en Guatemala. Escribe regularmente en medios electrónicos alternativos. Es autor de varias textos en el área de ciencias sociales y la literatura.

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Los más leídos  


Por Marcelo Colussi*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 


Acaban de suceder dos hechos muy importantes en términos políticos a nivel mundial, que  indujo a pensar, a más de unos, en el fin del neoliberalismo. Nos referimos al rechazo de los votantes británicos a la continuidad del Reino Unido de Gran Bretaña en la Unión Europea (lo que popularmente se conoció como Brexit), y las elecciones presidenciales en Estados Unidos con el triunfo de Donald Trump.

 

Por Marcelo Colussi*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

                                                         

Poderoso caballero es

Don Dinero

Quevedo

 

 

En las democracias representativas, supuesta panacea universal para todos los problemas sociales de la humanidad, se repite hasta la saciedad que el “pueblo es el soberano”.

 

Neoliberalismo: triunfo del capital sobre el trabajador

Por Marcelo Colussi*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

I

Desde la década de los 80 del pasado siglo viene imponiéndose en el mundo lo que se ha llamado “neoliberalismo”. Para ser más exactos, debería llamársele capitalismo brutal, salvaje, hiper-explotador. Un sistema económico-político-social que llevó el poder del capital a un grado sumo, avasallando sin miramientos los avances que la clase trabajadora pudo ir conquistando a través de décadas de luchas.

La arrogancia de ese triunfo puede haber quedado registrada en las palabras de uno de sus más connotados íconos, la primera ministra británica Margaret Tatcher: “No hay alternativa”. Ese es su grito de guerra: el neoliberalismo, el capitalismo ultra-explotador, se manifiesta triunfal cuando le dobla el brazo a los trabajadores. Ello se complementa con el otro grito de victoria, cuando se declara (Francis Fukuyama), que “la historia ha terminado” y llegamos al “fin de las ideologías”.

Más ideológica no puede ser la expresión. En realidad, no se trata de una constatación de la realidad sino que es la más visceral manifestación de júbilo ante el triunfo en esta despiadada lucha de clase: “¡Ganamos! (nosotros, la clase dominante), y ahora ustedes, los trabajadores, no tienen más alternativa: o capitalismo ¡o capitalismo!

La alegría del triunfo ensoberbeció a los ganadores, los llenó de gozo, los emborrachó de poder. El odio de clase (visceral, absoluto) les salió por los poros. La caída del campo socialista, más el triunfo de las políticas privatistas que marcan el mundo desde hace algunos años, hizo sentir a la clase dominante global como blindada ante su oponente histórico: la clase trabajadora (en cualquier de sus expresiones: proletariado industrial urbano, obreros agrícolas, campesinos pobres, sub-ocupados, “pobrerío” en general).

Tanto los animó en su triunfo, que la derecha pudo permitirse decretar la muerte del marxismo, por (supuestamente) obsoleto, desfasado, “pasado de moda”. Pero, como dice el pensador argentino Néstor Kohan: “Curioso cadáver el del marxismo, que necesita ser enterrado periódicamente”.Si tan muerto estuviera, no habría necesidad de andar matándolo continuamente. Sin dudas, parafraseando a Hegel, el Amo tiembla aterrorizado delante del Esclavo porque sabe que, inexorablemente, tiene sus días contados.

El avance del capitalismo neoliberal ensoberbeció a la derecha, presurosa en decretar la muerte del marxismo. Pero la historia y las luchas de clases continúan.

Dicho de otro modo: en estos momentos las fuerzas del capital detentan un triunfo inapelable. Pero ese triunfo no es eterno: la historia continúa (¿quién dijo la tamaña estupidez de que había terminado?) Y la clase dominante (hoy habría que decirlo a nivel global: los capitales globales que manejan el planeta, allende las fronteras nacionales, yendo mucho más allá de los gobiernos puntuales, incluida la Casa Blanca), sabe que no puede dar ni un milímetro de ventaja a la clase explotada, por eso sigue minuto a minuto, segundo a segundo, manteniendo los mecanismos de sujeción.

¿Para qué, si no, las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad que viven modernizándose? ¿Para qué, si no, toda la parafernalia mediático-cultural que nos mantiene maniatados? (léase industria del entretenimiento, televisión, Hollywood, toneladas y toneladas de deporte profesional, nuevas iglesias fundamentalistas, distractores varios como concursos de belleza o cuanta banalidad superficial nos inunda).

El marxismo, obviamente, no ha muerto porque ¡las luchas de clase no han muerto! Y esta avanzada fenomenal del capital sobre las fuerzas del trabajo nos lo deja ver de modo evidente. A los cadáveres se les sepulta una sola vez… “Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud” (frase apócrifa atribuida a José Zorrilla), pareciera que aplica aquí. ¡Por supuesto! Si el marxismo es la expresión de lucha de las clases explotadas, eso de ningún modo “pasó de moda”

II

Las políticas neoliberales, impulsadas por los organismos crediticios internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (Consenso de Washington, como se les llama), podría decirse que tienen como objetivo una super acumulación de riquezas, fundamentalmente a través de los sistemas financieros, para aumentar más aún el patrimonio de los ya enriquecidos capitales del Norte. Pero junto a ello, estas políticas podrían entenderse como una nueva expresión, corregida y aumentada, de la nunca jamás terminada lucha de clases, un elemento que intenta domesticar a la clase enfrentada, doblegarla, ponerla de rodillas.

Si el discurso triunfal de la derecha intentó hacernos creer estos años que la lucha de clases había sido superada (¿?), el neoliberalismo mismo es una forma de negar eso. De Marx (con x) se nos dijo que pasábamos a marc’s: métodos alternativos de resolución de conflictos. ¿Qué “método alternativo” existe para “superar” la explotación? ¿La negociación? ¿Nos lo podremos creer? Se negocia algo, superficial, tolerable por el sistema (un aguinaldo, o dos, o cuatro), pero si el reclamo sube de tono (expropiación, reforma agraria), ahí están los campos de concentración, las picanas eléctricas, las fosas clandestinas. ¡No olvidarlo nunca!

Las políticas ultraconservadoras arrojan datos estremecedores: 200 millones de desempleados en el mundo; 168 millones de niños trabajan y otros 30 millones -entre niños y adultos- lo hacen en condiciones de esclavitud.

Esta nueva cara del capitalismo, que dejó atrás de una vez el keynesianismo con su Estado benefactor, ahora polariza de un modo patético las diferencias sociales. Pero no solo acumula de un modo grotesco: la fortuna de los 500 millonarios más ricos equivale casi a la mitad de la riqueza mundial; lo facturado por cualquiera de las grandes corporaciones multinacionales equivale al producto bruto de 5 países pobres del Sur juntos.

Sirve, además, para mantener el sistema de un modo más eficaz que con las peores armas, con la tortura o con la desaparición forzada de personas. El neoliberalismo golpea en el corazón mismo de la relación capital-trabajo, hace del trabajador un ser absolutamente indemne, precario, mucho más que en los albores del capitalismo, cuando la lucha sindical aún era verdadera y honesta. Se precarizaron las condiciones de trabajo a tal nivel de humillación que eso sirve mucho más que cualquier arma para maniatar a la clase trabajadora.

En ese sentido pueden entenderse las actuales políticas privatistas e hiper liberales (transformando al mercado en un nuevo dios) como el más eficiente antídoto contra la organización de los trabajadores. Ahora no se les reprime con cachiporras o con balas: se les niega la posibilidad de trabajar, se fragilizan y empobrecen sus condiciones de contratación. Eso desarma, desarticula e inmoviliza mucho más que un ejército de ocupación con armas de alta tecnología.

Si a mediados del siglo XIX el fantasma que recorría Europa (atemorizando a la clase propietaria) era el comunismo, hoy, con las políticas ultraconservadoras inspiradas en Milton Friedman y Friedrich von Hayeck, el fantasma aterroriza a la clase trabajadora, y es la desocupación.

III

De acuerdo con datos proporcionados hace muy poco por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), nada sospechosa de marxista precisamente, dos mil millones de personas en el mundo (es decir: dos tercios del total de trabajadores de todo el planeta) carecen de contrato laboral, no tienen ninguna ley de protección social, no se les permite estar sindicalizados y trabajan en las más terribles condiciones laborales, sujetos a todo tipo de vejámenes. Eso, valga aclararlo, rige para una cantidad enorme de trabajadores y trabajadoras, desde un obrero agrícola estacional hasta un profesor universitario (aunque se le llame “Licenciado” o “Doctor”), desde el personal doméstico a un consultor de la Organización de Naciones Unidas. La precariedad laboral barre el planeta.

Junto a ello, 200 millones de personas a lo largo del mundo no tienen trabajo; los jóvenes los más golpeados. Para una buena cantidad de desocupados, jóvenes en particular, marchar hacia el “sueño dorado” de algún presunto paraíso (Estados Unidos para los latinoamericanos; Europa para los africanos; Japón o Australia para muchos asiáticos o provenientes de Oceanía) es la única salida, que muchas veces termina transformándose en una trampa mortal.

La precarización que permitieron las políticas neoliberales fue haciendo de la seguridad social un vago recuerdo del pasado. De ahí que el 75% de los trabajadores de todo el planeta tiene una escasa o mala cobertura en leyes laborales (seguros de salud, fondo de pensión, servicios de maternidad, seguro por incapacidad o desempleo.), y un 50% carece absolutamente de ella. Muchos (quizá la mayoría) de quienes estén leyendo este opúsculo seguramente sufrirán todo esto en carne propia.

Si se tiene un trabajo, la lógica dominante impone cuidarlo como el bien más preciado: no discutir, soportar cualquier condición por más ultrajante que sea, aguantar… Si uno pasa a la lista de desocupados, sobreviene el drama.

Complementando estas infames lacras que han posibilitado los planes neoliberales, desarmando sindicatos y desmovilizando la protesta, informa también la OIT que 168 millones de niños (¡ninguno de ellos cubano!) trabaja, mientras que alrededor de 30 millones de personas en el mundo (niños y adultos) labora en condiciones de franca y abierta esclavitud (¡la que se abolió con la democracia moderna!, según nos enseñaron…)

Segun informe de la OIT dos tercios de los trabajadores del planeta no tienen ninguna ley de protección social

La situación de las mujeres trabadoras (cualquiera de ellas: rurales, urbanas, manufactureras, campesinas, profesionales, sexuales, etc.) es peor aún que la de los varones, porque además de sufrir todas estas injusticias se ven condenadas, cultura mediante, a desarrollar el trabajo doméstico, no remunerado y sin ninguna prestación social, faena que, en general, no realizan los varones. Trabajo no pagado que es fundamental para el mantenimiento del sistema en su conjunto, por lo que la explotación de las mujeres que trabajan fuera de su casa devengando salario, es doble: en el espacio público y en el doméstico.

Este retrato desolador de la situación laboral mundial muestra cuán inmenso es el déficit de trabajo decente”, manifiesta la OIT, exigiendo entonces una apuesta “decidida e innovadora” a los diferentes gobiernos para hacer poder llegar a cumplir los llamados “Objetivos de Desarrollo Sostenible” impulsados por el Sistema de Naciones Unidas para el período 2015-2030.

Lamentablemente, más allá de las buenas intenciones de una agencia de la ONU, los cambios no vendrán por decididos e innovadores gobiernos que se apeguen a bien intencionadas recomendaciones. Eso muestra que la lucha de clases, que sigue siendo el imperecedero motor de la historia, continúa tan al rojo vivo como siempre. Que el neoliberalismo es un intento de enfriar esa situación, es una cosa. Que lo consiga, una muy otra.

Como dijera este pensador alemán cuya obra ha sido declarada muerta varias veces pero que parece renacer siempre: “No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.”

ag/mc

 

*Catedrático universitario, politólogo y articulista argentino.
 

Por Marcelo Colussi*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

"Defiendo la construcción del Estado como uno de los asuntos de mayor importancia para la comunidad mundial, dado que los Estados débiles o fracasados causan buena parte de los problemas más graves a los que se enfrenta el mundo: la pobreza, el sida, las drogas o el terrorismo". Esta idea jamás podríamos asociarla al pensamiento neoliberal, que se caracteriza por una apología de la libre empresa y de la reducción del Estado.

 

Por Marcelo Colussi*


Hay jóvenes invisibles, son la mayoría: viven escondidos para evitarse problemas   

(Joven de una barriada pobre de Guatemala)

 

En el que ahora parece el muy lejano año 1972 -no tanto por la distancia cronológica sino por otro tipo de lejanía-, el entonces presidente de Chile socialista, Salvador Allende, afirmaba: “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

 

Por Marcelo Colussi*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

La cultura machista-patriarcal está hondamente arraigada en todas las sociedades del planeta. Es cierto que ya ha comenzado un cambio, lento todavía, pero sin pausa. De todos modos, es muchísimo lo que resta por avanzar aún. No está claro cómo seguirán esos cambios; en todo caso, en nombre de una justicia universal, todos debemos apoyarlos.

 

Por Marcelo Colussi*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Algunos años atrás se hablaba de lucha de clases. Hoy, de democracia. Para aquella época -unas dos o tres décadas atrás- se hablaba de poder popular, hoy se habla de participación ciudadana. Años atrás se hablaba de Marx, con x al final; ahora se habla de Marc’s (métodos alternativos de resolución de conflictos). Antes se hablaba de revolución. ¿Ahora se habla de refundación del Estado?

 

Por Marcelo Colussi*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

“Robar un banco es delito; pero más delito aún es fundarlo.”

Bertolt Brecht

 

Dado que empezamos con una cita de Bertolt Brecht, aprovechemos para recordar una famosa obra suya: “Preguntas de un obrero que lee”, y hacer lo mismo con el tema que ahora nos convoca: los “Papeles de Panamá”.

 

Por Marcelo Colussi*

Para Firmas Selectas

“Que no se quede callado quien quiera vivir feliz”

 Atahualpa Yupanqui

 

Durante la última sangrienta dictadura militar en Argentina, cuando arreciaban las protestas por las desapariciones, el gobierno de turno promovió una infame campaña publicitaria en los medios audiovisuales, consistente en mostrar imágenes asociadas a ruidos enloquecedores: un martillo hidráulico, un bebé llorando, una sirena de ambulancia. El efecto que  lograban era de desesperación.  El ruido prolongado se torna insoportable, eso no es ninguna novedad.

 

Por Marcelo Colussi*

 

“Los pilotos ganan bien. Y en los otros deportes es igual, los mejores son los que reciben más dinero”, declaró el campeón mundial Lewis Hamilton, primer piloto afrodescendiente de la historia de este ¿deporte?

 

Por Marcelo Colussi*

 

Las “maras” constituyen un complejo problema social. Esto ya es sabido, existe una amplia bibliografía sobre el tema. Lo que pretendo resaltar es la vinculación que existe entre ellas y poderes ocultos nacidos en la guerra contrainsurgente de décadas pasadas, y que aún sobreviven, en muchos casos ocultos en estructuras del Estado.

 

Por Marcelo Colussi

 

“En Estados Unidos no hay golpes de Estado porque no hay embajada americana”.

 

Los militares latinoamericanos, como todo militar, se han dedicado a la guerra; pero en muy buena medida a un tipo de guerra peculiar: las guerras civiles. En el transcurso del pasado siglo casi no hubo guerras interestatales en la región; la función de las fuerzas armadas se concentró en la represión interna.

 

Por Marcelo Colussi*

Para Firmas Selectas

 

“¡Los niños primero!” suele decirse. Durante la artificialmente manipulada guerra de Irán-Irak en que se desangraron en forma inútil ambos países, esa consigna se cumplió en forma literal: eran niños los que iban al frente… para detectar las minas -pisándolas, claro-.

Este patético ejemplo muestra lo que, en buena medida, sigue siendo la actitud del mundo adulto con respecto a la niñez: no siempre se la comprende como la semilla del futuro.

 

Por Marcelo Colussi*

Exclusivo para Firmas Selectas

 

“El gran problema estratégico radica en que muchos pensadores consideran que la izquierda debe centrarse en la construcción de un modelo de capitalismo posliberal. Esta idea obstruye los procesos de radicalización. Supone que ser de izquierda es ser posliberal, que ser de izquierda es bregar por un capitalismo organizado, humano, productivo. Esta idea socava a la izquierda desde hace varios años, porque ser de izquierda es luchar contra el capitalismo. Me parece que es el abecé. Ser socialista es bregar por un mundo comunista.”

Claudio Katz

 

En los años 60 y 70 del siglo XX emergió una expresión contestataria, con ribetes distintos y hasta antitéticos, pero con un hilo conductor: la protesta ante un sistema económico-político que se mostraba injusto y opresor. La represión, ante el avance de las fuerzas populares y cuestionadoras no se hizo esperar...

 

I

Los años 60 y los inicios de los 70 del pasado siglo mostraron, tanto en Latinoamérica como en distintos puntos del mundo, un marcado espíritu antisistémico, evidenciado en diversas facetas: auge de distintas luchas políticas, surgimiento de movimientos armados revolucionarios inspirados en la mística guevarista y el ejemplo de la Revolución Cubana de 1959, liberación femenina, revolución sexual, movimientos pacifistas anti guerra de Vietnam, despertar generalizado de las juventudes, Teología de la Liberación en la Iglesia católica. Podría mencionarse, como emblema de todo esto, el Mayo Francés en el continente europeo, o el Movimiento de 1968 en México, en tierras americanas.

 

Por Marcelo Colussi

 

La actividad productiva del ser humano, imprescindible para su sobrevivencia, modifica el medio-ambiente, una característica distintiva básica que nos diferencia de todo el reino animal: nuestro trabajo va creando un mundo nuevo, “artificial”, podría decirse.

 
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