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Sergio Berrocal

Berrocal, Sergio

Periodista y escritor. Nació en Tetuán, Marruecos.
Ejerció el periodismo durante 39 años y medio (1960-1999) en el Servicio en Español Amsud de la Agencia de noticias France-Press y cumplió funciones como corresponsal de ese medio en España y Brasilia. Tiene 15 libros publicados, entre ellos Güisqui con cine, una recopilación de sus crónicas cinematográficas. Es colaborador de Prensa Latina.



Los más leídos  


Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Todos los días comienza trayendo su ración de decepción, en general bien servida, y una cucharada de café de esperanza. Mientras esperas el principio del nuevo día tienes tiempo para esperanzarte y angustiarte. Las noticias son malas en todos los frentes. Pero para el mal no hay fin ni sábado ni domingo.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

La imbecilidad, como palanca para manipular la credibilidad, es un método de gobierno de la opinión pública, que resurge con mucha fuerza con las llamadas fake news (noticias falsas), como si hasta ahora todas las informaciones publicadas en la prensa hubiesen sido religiosamente exactas.

 

Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prnsa Latina

 

Cuando conocí, aunque mejor habría que decir cuando la vi por primera vez, Gala era ya la musa más amada y respetada del surrealismo, la mujer más influyente en esa manera de mirar y de ver las cosas que se había instaurado en Francia como una revolución de ideas e imágenes en los años 20.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Alfombras rojas, color de furor, de espanto y de sufrimiento, para celebrar victorias del cine, cuando deberían ser color de esperanza, el verde olivo de todas las tierras cálidas y dulces, o el amarillo Van Gogh, la placidez del genio loco.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Cuando el mundo se acabe, millones de millones de fotos testimoniarán que vivimos, amamos y morimos. Fotos en sepia, en blanco y negro, en color, en tres dimensiones, videos y otros inventos -que nadie podrá negar- serán los testigos de cargo de nuestras vidas que ya estarán muy lejos.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Extraño días los que hemos vivido. En Francia moría Johnny Hallyday, cantante de cantantes de los años sesenta que nos trajo hasta orillas de Europa el rock norteamericano y se convirtió en el ídolo de millones de personas, el ídolo de las multitudes decía la canción. Y antes de que alguien abriera la voz de la razón, el féretro del querido cantante bajaba desde el Arco de Triunfo en París por los largos, larguísimos Campos Elíseos, llegaba a la Place de la Concorde, donde ajusticiaron a Luis XVI, enfiló la rue royale, magnífica en esta época de tonos majestuosos del cielo y aterrizó en la Iglesia de la Madeleine, reservada para celebraciones de grandeza nacional.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Creías que tenías la verdad, o al menos parte de la verdad, y escribías y escribías porque era lo único que sabías hacer. En el cine un monstruo italiano llamado Sergio Leone usaba las cámaras como un psicoanálisis. El foco trataba de llegar al fondo del alma de los actores con primerísimos planos que desconcertaban e interrogaban.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Da bochorno se te cae la cara de vergüenza pero no tienes más remedio que escribirlo, aunque los renglones salgan torcidos. Por muy demagógico que parezca, no se puede callar el derroche del mundo favorecido por los dioses del dinero frente a las estrecheces, e incluso hambre, que padece ya de forma endémica una parte -cada día mayor- de gente en el mundo.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

A medida que los pueblos van quedándose sin salas de cine, la gente tiende a buscarse otras fantasías, otras formas de soñar, porque la televisión con sus eternas series cuajadas de horror, violencia a granel y desagradables formas de encarar la vida -salvo las películas edulcoradas que llegan de algunos países de Europa-, deja poco espacio para la ilusión.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina


No se cansan, no tienen hartura los inventores de nada para palear pieles muertas en la hoguera de un festival de cine más, que no nos falten. Ya ni los buenos cronistas pueden con tanta invención. Hay que seguir viendo películas, como si el cine tuviese vigencia y consistencia para ofrecer novedades al cabo de dos millones de días pasados con sonrisa bobalicona aplaudiendo a una pantalla. Claro que todo se cuenta en términos de rentabilidad económica.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

El cine lo ha inventado todo, las modas, los crímenes, las formas de besar, la manera de romper un amor, la forma más elegante de morirse. Si no hubiese habido cine, si a los hermanos Lumière no se les hubiese ocurrido inventarlo, estaríamos todos vagando como los muertos que eran unos vivos de A. Romero. Qué tipo más estupendo. Y además sonreía en las fotos.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Das un raquetazo poderoso, inteligente y te cubren de gloria. Si eres capaz de hacer chiribitos con un balón de reglamento, ya puedes entrar en el universo de las estrellas multimillonarias del balompié. Cualquier deporte puede conducir a la gloria, al reconocimiento, a la cumbre de los millonarios en euros o en dólares, que para el cuento hasta las libras esterlinas valdrían. Todo lo demás es concierto para xilófono y falso Stradivarius en un túnel de las mil y una pesadillas.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Era en el siglo XX, como quien dice a la vuelta de la esquina del recuerdo. Eran unos hombres espigados y grises, vestidos de grises reproches por las consecuencias de la I Guerra Mundial (1914-1918) que había dejado a Alemania contra las cuerdas del hambre en aquellos años de 1930.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

No le conocí. Soy de los muchos que tuvo que conformarse con su leyenda aunque asistí a su asesinato en directo una tarde-noche de París en que no podíamos creer que Ernesto Che Guevara hubiese desaparecido para siempre. A cualquiera de aquellos jóvenes que supimos de su muerte, el 9 de octubre de 1967, le hubiese gustado conocerlo, tenerle incluso como ejemplo.

 

Por Sergio Berrocal*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Te despiertas una mañana de calor sureño, que contrasta con el frío impertérrito del norte, y te enteras de que Lula, el único pobre, el único miserable, el único obrero que llegó a ser presidente de Brasil, y por dos veces, está acusado de robar, de haber aceptado no sé qué dinero de una poderosa multinacional. Quién sabe, dicen los cautos. Imposible, claman otros.

 
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