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Andrés Mora Ramírez

Itzamná, Ollantay

Investigador, abogado y antropólogo quechua. Corresponsal y columnista de varios medios alternativos de América Latina y Europa, defensor de derechos en el ámbito de cooperación entre los pueblos. Autor de varios libros publicados sobre el tema.

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Guatemala tras los Acuerdos de Paz

Por Ollantay Itzamná*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

¿Qué pasó con los movimientos sociales e indígenas tras los Acuerdos de Paz?

El promisorio proceso de la firma de los Acuerdos (1996), hace más de dos décadas atrás, no sólo prometía un desarrollo en paz para Guatemala, sino ante todo la “universalización” de la ciudadanía mediante el acceso y ejercicio de derechos, en igualdad de oportunidades para todos/as.

Con tal fin, desde el Estado y la cooperación internacional se apostó por la conformación/fortalecimiento de la sociedad civil, bajo la hipotética ecuación de: a mayor organización, mayor participación; a mayor participación, mayor ciudadanización. Aparentemente, bajo esta lógica, se inyectaron ingentes cantidades de dinero, desde la cooperación financiera internacional, para las organizaciones sociales e indígenas del país.

Dos décadas después de aquella apoteósica apuesta sostenida, la exclusión/marginación de las grandes mayorías se ensanchó aún más en el país; los movimientos sociales e indígenas que bebieron de la cooperación perdieron fuerza, y los beneficiarios de los proyectos de cooperación, moral e intelectualmente, se sienten anulados en su capacidad de acción colectiva autónoma.

Las y los defensores mayas se urbanizaron. Quienes organizaban, y/o dirigían organizaciones sociales e indígenas en los territorios, con la firma de los Acuerdos se trasladaron e instalaron en la ciudad capital de Guatemala y abandonaron las comunidades.

Una vez allí asumieron el estilo de vida urbana y, algunos, desde la ciudad, intentaron volver a “intervenir” en las comunidades rurales, pero éstas ya habían optado por las iglesias pentecostales. En la actualidad, casi ningún represente maya “cualificado” convive en y con las comunidades rurales.

Los movimientos sociales e indígenas se convirtieron en ONG. Casi la totalidad de los movimientos indígenas y campesinos, promovidos por los grupos guerrilleros y por teólogos de la liberación, tras los Acuerdos de Paz se convirtieron en ejecutores de proyectos de “desarrollo” financiados por la cooperación internacional. Para acceder a financiamientos, requerían una personería jurídica y el requisito legal era y es: “ser una organización apolítica”.

Así, en las dos décadas pos Acuerdos de Paz, se multiplicaron las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), casi al mismo ritmo que las iglesias pentecostales. Aquellas, predicando el desarrollo terrenal sin proyecto/compromiso político; éstas, predicando la salvación de las almas más allá de las estrellas. Ambas se constituyeron en potentes desactivadores de cualquier resabio de sueños de cambios estructurales terrenales.

Los revolucionarios involucionaron. Todos los movimientos sociales e indígenas beligerantes al momento de los Acuerdos de Paz fueron creados y dirigidos por actores autodenominados “revolucionarios”. Muchos de estos revolucionarios, después de los Acuerdos de Paz, al acomodarse en las ventanillas de las agencias de cooperación o de instituciones estatales, sufrieron un proceso de involución. Al grado de que, con sus acciones y silencios, se convirtieron en briosos agentes para la instauración del sistema neoliberal voraz.

Los Acuerdos de Paz, incumplidos, despejaron el camino para la hegemonía neoliberal, como el único posible y viable en Guatemala. Pese a ello, hay fuerzas sociales emergentes que se mueven con agendas propias.

Jamás se atrevieron a cuestionar las bases ideológicas del sistema neoliberal, mucho menos los fundamentos racistas y clasistas del Estado y sociedad oficial de Guatemala. Pero, de facto, se constituyeron en la “voz oficial” (nacional e internacional) de la izquierda y  los empobrecidos de Guatemala.

Los Acuerdos de Paz desmovilizaron a los pueblos y aceleraron el neoliberalismo. Los incumplidos Acuerdos de Paz, cuyos contenidos jamás cuestionaron las matrices coloniales del Estado racista, en sus dos décadas de vigencia se constituyeron en una especie de camisa de fuerza que impidió, tanto a la izquierda política como a la izquierda social, aspirar más allá de lo establecido.

Los contenidos de dichos Acuerdos, al constituirse en el máximo corpus teórico e ideológico de la izquierda guatemalteca, no sólo inmovilizaron los procesos de resistencias territoriales creativas, sino que despejaron el camino para la hegemonía neoliberal, como el único camino posible y viable en Guatemala.

La profesionalización fecundó nuevos mayas doctrineros. En estas dos últimas décadas ingresaron al nicho del segmento profesional varios indígenas y campesinos. Pero muchos de ellos, lejos de acompañar procesos de emancipación en y desde las comunidades y territorios, reproducen y responden a los intereses del sistema de dominación hegemónica.

El profesional maya, al igual que el resto, responde más a las agendas de la cooperación internacional, o a la academia alejada de la realidad de los pueblos. Eso sí, mediáticamente se constituyen en autoridades académicas referentes sobre la realidad de los pueblos en los círculos de la sociedad civil.

Los programas de desarrollo abonaron el providencialismo. Involuntariamente los programas de desarrollo post Acuerdos de Paz fijaron en el espíritu individual de las y los beneficiarios el hábito de mendicidad. Casi ninguna persona que pasó por dichos programas está dispuesta a dar su tiempo, sus conocimientos, sin exigir “devolución” económica. “Si no me dan para el transporte, la comida y el hotel, yo no me muevo”, parece ser el sentir ubicuo de los “ex beneficiarios” de la cooperación financiera que fue.

Aunque también es verdad que los procesos de urbanización/oenegización post Acuerdos de Paz no alcanzaron ni desmovilizaron a todos los territorios indígenas y campesinos del país. Existen fuerzas sociales emergentes que se mueven con agendas propias, más allá del marco de los Acuerdos.

Propuesta de nacionalización de los bienes privatizados, Estado Plurinacional, autodeterminación de los pueblos, nuevo consenso plurinacional para redactar una nueva Constitución, son algunas de las banderas de estas fuerzas sociales que inyectan esperanza.

ag/oit

 

*Investigador, abogado y antropólogo quechua.