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Frei Betto

Betto, Frei

Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, Frei Betto es autor de 60 libros de diversos géneros literarios –novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso. En dos ocasiones, 1985 y 2005, mereció el premio Jabuti, el reconocimiento literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores.

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Asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, ha participado activamente en la vida política de Brasil en las últimas cinco décadas.
 
 


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Cualidades de la fe

Por Frei Betto*

La fe es la adhesión de la inteligencia al misterio, a algo o alguien que se puede sentir pero no se puede probar. No es irracional, es supra-racional.

 

En toda relación amorosa la fe es el vínculo que une. No hay ninguna ecuación que convenza a Juan de que su amor por María es científicamente equivocado. O viceversa. Uno confía (con fe) en el otro.

Marx, Freud y otros pensadores trataron de convencernos de que la fe es una ilusión o una alienación. Se proyecta en el cielo lo que desearíamos disfrutar en la tierra. Ninguno de ellos  conoció la fe liberadora manifestada hoy día por el papa Francisco.

En toda relación amorosa la fe es el vínculo que une.

 

El Iluminismo confinó las convicciones a la razón y por eso desencantó el mundo, como dijo Max Weber. “La razón es la imperfección de la inteligencia”, decía mi hermano de hábito Tomás de Aquino.

La fe tiene muchas cualidades. Paulo Patarra, militante comunista y mi jefe en la revista Realidad, se quejaba de que Dios no le había otorgado la fe. Recitaba el salmo al revés.

Albert Schweitzer, al dudar de la divinidad de Jesús, abrazó radicalmente la ética del Nazareno y abandonó la filosofía, la teología y la música para cuidar  enfermos pobres en África.

Jung, a contrapelo de Freud, afirmaba: “No necesito creer. Lo sé”. Y se hizo eco de la profesión de fe de Job, el creyente más enigmático de toda la Biblia: “Antes yo te conocía sólo de haber oído hablar de ti, pero ahora te vieron mis ojos”.  Job se sintió retado a mostrar su fe en un Dios que le privaba de todo cuanto él amaba más.  Se vio sumergido en  la “noche oscura”, cantada posteriormente por Juan de la Cruz. Y confió (con fe), hasta que le llegó la luz.

La amalgama entre Occidente y Cristianismo banalizó la opción de fe.  Es rara la Iglesia que proporciona a sus fieles una educación de la fe conforme a las edades: infantil, joven y adulta. Muchos cristianos adultos se visten con el pantalón corto de la fe. Conservan la misma fe de su catequesis infantil.

Es triste constatar que muchos políticos corruptos, y profesionales indiferentes a los derechos de los pobres, son exalumnos de colegios y universidades católicos.

 

Otros abdican del sentido crítico para apegarse, como corderos que van a ser trasquilados, a la palabra del obispo o pastor. Confunden verdad con autoridad.

Es triste constatar que muchos políticos corruptos, y profesionales indiferentes a los derechos de los pobres, son exalumnos de colegios y universidades católicos. Tendríamos que preguntarnos: ¿escuelas confesionales o meras empresas de formación de mano de obra cualificada para el mercado? ¿Cuál es la calidad de la evangelización hecha por instituciones cristianas?

La fe en Jesús es fácil. Aunque sean pocos los que estudian los evangelios y el contexto en el que vivió Jesús para entender mejor su propuesta.

El desafío es tener la fe de Jesús. Fe que identificaba a Dios como padre amoroso, lo reconocía en la cara de los pobres, señalaba a los fundamentalistas y opresores y se centraba en la justicia y en el amor.

¿Será que nosotros, cristianos, creemos en el mismo Dios que Jesús?

(Traducción de J.L.Burguet)


 
ag/fb

 

*Escritor y asesor de movimientos sociales