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Frei Betto

Betto, Frei

Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, Frei Betto es autor de 60 libros de diversos géneros literarios –novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso. En dos ocasiones, 1985 y 2005, mereció el premio Jabuti, el reconocimiento literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores.

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Asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, ha participado activamente en la vida política de Brasil en las últimas cinco décadas.
 
 


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Francisco y los fariseos

Por Frei Betto*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Durante siglos la humanidad vivió convencida de que el cielo era un espacio geográfico encima de la Tierra. Cuando Galileo explicó que la Tierra no era el centro del universo, y que el sol no es más que una simple estrella en el conjunto infinito de astros, la Iglesia fue la primera en sentirse sacudida.

Los teólogos de la época prefirieron no creer en la ciencia de Galileo. Ante hechos y datos que amenacen su estabilidad, el poder opta por ignorarlos o negarlos mediante el subterfugio de las falsas interpretaciones.

Desde el punto de vista religioso, el prototipo del poder conservador, apegado a las tradiciones del pasado e incapaz de actualizarse, es el fariseo.

Por la crítica que Jesús le hizo, descrita en el capítulo 23 del Evangelio de Mateo, sabemos que se apega a la letra de la ley que, con su peso, aplasta el espíritu humano. Los fariseos son los burócratas de la religión. Según palabras de Jesús, “atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”. Les gusta que los demás los vean y los admiren, y predican lo que no son capaces de practicar.

Insisten en vivir con rigor impecable, aunque transgreden los elementos más importantes de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. “Cuelan el mosquito y tragan el camello”. Por fuera tienen una buena apariencia, pero por dentro son “como sepulcros blanqueados… llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”. Son capaces de saber si lloverá o habrá sol, pero “incapaces de leer las señales de los tiempos” (Lucas 12, 56).

Prefieren encerrarse en su capullo a abrirse al vuelo libre de la historia, petrificarse en el pasado en lugar de abrirse al porvenir.

El fariseo no acepta convertirse. Se apega a las tradiciones como si fueran verdades y costumbres perennes. Cualquier buena nueva es, a sus oídos, sospechosa y arriesgada. Prefiere encerrarse en su capullo a abrirse al vuelo libre de la historia. Se enclaustra en el estrecho compartimiento del pasado, temeroso de enfrentar las largas avenidas del futuro.

Ahora bien, solo es capaz de actualizarse quien cultiva la esperanza. Quien espera está abierto a las señales de futuro. No acepta sedimentarse en el presente y evita estancarse en el pasado para que no caiga sobre él el castigo de la mujer de Lot, transformada en estatua de sal por mirar hacia atrás.

El fariseo, por el contrario, se deja petrificar en el pasado. Incapaz de autocrítica y sordo a las críticas, se juzga dueño de la verdad. Investido de prepotencias, cabalga sobre arrogancias.

Es esa resistencia conservadora y farisaica la que suscita tanta oposición al papa Francisco, dentro y fuera de la Iglesia Católica. Sus detractores fingen estar convencidos de que Jesús excluyó a las mujeres del sacerdocio, instituyó la misa en latín, condenó al infierno a los homosexuales y recomendó a los pobres vivir resignados con su carencia de bienes y conformes con la opulencia de los ricos.

En realidad, muchos de los que se oponen al papa Francisco saben que la tierra tiembla bajo sus pies. Ya no hay lugar para una Iglesia triunfalista, apegada al poder, homofóbica e indiferente a los temas socioambientales y a la causa de la justicia de los pobres. El dios de los fariseos no se asemeja en nada al Dios de Jesús.

ag/fb

 

*Escritor y asesor de movimientos sociales.