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Andrés Piqueras Infante

Colussi, Marcelo

Politólogo, catedrático universitario e investigador social. Nacido en Argentina estudió Psicología y Filosofía en su país natal y actualmente reside en Guatemala. Escribe regularmente en medios electrónicos alternativos. Es autor de varias textos en el área de ciencias sociales y la literatura.

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Centroamérica también existe (I)

Por Marcelo Colussi*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina



"El sur también existe". Mario Benedetti improvisó la frase. Parafraseándolo, y en otro contexto, podríamos afirmar: Centroamérica también existe.

Invisibilizada, olvidada, desatendida como pocas, en esa región se juega uno de los dramas humanos más desgarradores, profundos, de ribetes inimaginables; si bien se mantienen en el anonimato, no emergen a la superficie. "Pobreza la de África" y "violencia la del Medio Oriente", podría decir alguno, solo que en Centroamérica nos enfrentamos a una situación similar, peor aún  a veces, aunque mucho menos conocida.

En la historia reciente, durante los caldeados años de la Guerra Fría, la región fue un encarnizado campo de batalla. Durante varias décadas, entre los 60 y los 90 del pasado siglo, algunos de sus países (Guatemala, Nicaragua, El Salvador) se convirtieron en un verdadero infierno, con guerras internas entre los movimientos guerrilleros y los ejércitos nacionales, con un saldo de 400 mil muertos.

Las naciones donde no se entabló el combate directo -como Honduras y Costa Rica- fueron base de operaciones de la contrarrevolución nicaragüense.

La guerra nuclear que nunca mantuvieron Estados Unidos y la Unión Soviética, se jugó -entre otros espacios- en los montes centroamericanos. Las víctimas, claro está, fueron centroamericanas.

De Centroamérica se conoce poco o nada, más allá de su condición paupérrima. Para para una gran mayoria es sólo una referencia vaga, difusa.

En general se conoce poco o nada sobre la región. Incluso la población más progresista del mundo, las izquierdas políticas -o la gente de suyo más informada- lo ignoran casi todo. Por decirlo con un ejemplo concreto: medios alternativos progresistas, cuando se refieren a la realidad latinoamericana, de hecho no le prestan mayor atención a esta área.

Por ejemplo, ¿cuál es la capital de Honduras? Muchos lectores iberoamericanos seguramente no lo saben. Quizás la gran mayoría ignora si en la región hay premios Nobel o la ubicación geográfica de Copán, un sitio tan esplendoroso como la gran muralla china o el Partenón griego. Los propios latinoamericanos, cuando piensan en Latinoamérica, tienen presente a México y Suramérica, pero se saltan el istmo. América Central constituye sólo una referencia vaga.

En general, cuando se mira hacia América Latina, se tiende a una visión indigenista de esta zona del mundo; se piensa en sus selvas, en sus grandes zonas geográficas, inconmensurables cordilleras o llanuras; no falta, incluso cierta mirada como lugar "exótico". Se puede asumir a la población negra como parte importante de su composición étnica, se tienen presentes las grandes civilizaciones prehispánicas como la de los incas o los aztecas, pero poco o nada se habla de América Central, que queda, más bien, en una nebulosa.

Si pensamos en pirámides, nos remontamos a las de Egipto, pero difícilmente consideramos las que se extienden por las regiones del istmo centroamericano (tanto o más monumentales que aquellas). Si consideramos los grandes avances científicos en la antigüedad, seguramente tendremos presentes los de milenarias civilizaciones como la china, la fenicia, la greco-romana. En todo caso, se podrá pensar en los incas, pero en general se ignora el rutilante avance de la astronomía maya -con un calendario más exacto que el actual gregoriano impuesto en todo el orbe- o sus matemáticas (son los inventores del cero).

Todo lo que se relaciona con esta región tiende a quedar invisibilizado. Sin restarle importancia a un genocidio como el holocausto judío, a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, ¿quién habla del reciente holocausto del pueblo maya en Guatemala con 200 mil muertes y más de 600 aldeas incendiadas? En términos comparativos, tan monstruoso fue uno como el otro.

¿Cuántas películas se filmaron sobre las masacres de tierra arrasada, sufridas por los mayas durante las dictaduras militares de las décadas de los 70 y 80? ¿Cuántas películas abordan las atrocidades de la contra en Nicaragua? ¿Y quién sabe -y se toma en serio- que la Corte Internacional de Justicia de La Haya falló a favor del gobierno nicaragüense en 1989 contra la administración estadounidense -por un monto de 17 mil millones de dólares- como indemnización por los daños de guerra inferidos por Washington (cifra que, dicho sea de paso, nunca se abonó?).

Su historia la coloca en una situación de postración y atraso excepcionales. Los índices de desarrollo humano de la región son los más bajos del continente, a la par de Haití.

¿Se difunde, de la misma manera que la caída del muro de Berlín -o la guerra judío-palestina-, la forma en que se "inventó" el país Panamá? No, seguramente no; pero eso es parte de la historia del istmo, y en general no se habla de ello. (De hecho, para facilitar la apertura del canal, el gobierno estadounidense lo dibujó como país nuevo, en un cuarto de hotel, a través de su embajador en Colombia).

¿Hay películas que lo reflejen, como lo hacen con Auschwitz o Buchenwald? Sin duda, no. ¿Qué sabemos de Centroamérica, más allá de su condición de región paupérrima? Muy poco, o nada.

Con diferencias entre un país y otro -aunque con un denominador común-, la zona se comporta como una unidad; pero para quienes viven fuera de esta constituye un área bastante ignorada, como el Africa negra. Salvando las distancias, es un territorio difuso, cuyos países no se conocen con exactitud, de la cual existe una vaga idea de conjunto, siempre desde la perspectiva de pobreza: atraso comparativo, condiciones de vida en extremo difíciles; impunidad y corrupción de los Estados y dinámicas sociales de alta violencia.

Conforme con esta lógica, Centroamérica es, sin más, sinónimo de república bananera. No es infrecuente oír hablar, incluso, de "republiquetas". ¿A algún país del Este europeo -pese a que comparativamente con Occidente también son pobres- alguien osa llamarle así? ¿Por qué a Costa Rica se la identifica como "la Suiza centroamericana" y, en cambio, no se califica a Suiza como "la Costa Rica europea"?

De alguna manera, Centroamérica funciona como un bloque. Además de los índices geográficos, existe una cantidad de elementos que le confieren cierta unidad económica, política, social y cultural. Los países que la conforman: Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Belice, Panamá y Costa Rica, con la excepción de este último, ostentan los índices de desarrollo humano más bajos del continente, junto con Haití -en las Antillas- una de las naciones más paupérrimas del mundo.

El área centroamericana es de una pobreza extrema. Si bien cuenta con numerosos recursos naturales, su historia la coloca en una situación de postración y atraso excepcionales. Básicamente es agro-exportadora, con pequeñas aristocracias vernáculas, herederas en muchos casos de los privilegios feudales derivados de la colonia que, durante siglos, ha manejado los países con criterio de latifundio.

Entrado ya el tercer milenio -tras las feroces guerras de las últimas décadas-, nada de ello ha cambiado, sustancialmente. Los productos primarios siguen siendo la base de su economía: café, azúcar, frutas tropicales, algodón, madera.

ag/mc

 

*Catedrático universitario, politólogo y articulista argentino.