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Gandásegui, Marco A.

Marco A. Gandásegui, hijo, Profesor de Sociología en la Universidad de Panamá e investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA), “Justo Arosemena”. Coordina el grupo de trabajo de Estudios sobre EE.UU. de CLACSO y el Observatorio sobre las Drogas de la Universidad de Panamá. Es director de la revista TAREAS. Realizó sus estudios de doctorado en la Universidad del Estado de Nueva York, EE.UU.

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Es autor de múltiples libros y artículos en revistas especializadas.

Recientemente publicó EEUU: Más allá de la crisis (edición CLACSO-Siglo XXI, México) y “El debate sobre la ampliación del Canal de Panamá” (coedición CELA-Portobelo). Además, se destacan "Las clases sociales en Panamá", "La democracia en Panamá" y "El mito de la comunicación social", entre otros. Sus artículos aparecen regularmente en Panamá y en otros países.

 


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La “crisis migratoria” fabricada

Por Marco A. Gandásegui, hijo *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Panamá no experimenta en la actualidad una crisis migratoria. Panamá siempre ha sido un país abierto a las migraciones. No porque seamos más o menos simpatizantes de los extranjeros que vienen a buscar trabajo. La razón hay que encontrarla en factores sociales y económicos. Las inversiones que se hacen en el país tienen que ser valorizadas por los trabajadores (preferiblemente mano de obra barata).

Los españoles durante la colonia trajeron muchos trabajadores de otras territorios americanos. En la era colombiana, la construcción del ferrocarril transístmico y del Canal francés trajeron al país migraciones de Europa, Asia y América latina, especialmente del Caribe. Igualmente, cuando los norteamericanos construyeron el Canal (1904-1914), las migraciones fueron enormes.

Esas migraciones gigantescas provenientes del mundo entero no se volvieron a dar en el siglo XX, ni cuando se construyó el tercer juego de esclusas en este siglo. Hay una razón muy sencilla que lo explica: la mano de obra barata que construyó las bases militares norteamericanas antes y durante la segunda guerra mundial era nuestra. Eran campesinos desplazados de sus tierras y que buscaron empleo en las ciudades terminales del Canal. Fueron expulsados de sus tierras por las grandes corporaciones agroindustriales.

La mayoría de los migrantes ‘internos’, con sus familias, crearon las enormes ‘barriadas brujas’ de las afueras de la ciudad de Panamá. También se instalaron en la viejas barracas construidas por los caseros panameños para los trabajadores informales del Canal.

Panamá tiene en la actualidad 4 millones de habitantes. Cerca de 40 mil son extranjeros. Es decir, el uno por ciento del total. Según el gobierno, hay menos de mil extranjeros que han solicitado el status de refugiado. ¿Cuál es la crisis? Esta apariencia de una crisis también tiene su explicación. Panamá es uno de los países más ricos de la región. Su tasa de crecimiento económico en los últimos 20 años ha sido extraordinaria.

El llamado producto interno bruto (PIB) se ha multiplicado varias veces en los últimos cuatro lustros. Las agencias de las Naciones Unidas consideran a Panamá un país moderadamente rico y hemos sido excluidos de los programas de ayuda creados por esa organización internacional.

Urge poner fin a las políticas que sólo benefician a una minoría y abrir el camino al desarrollo integral como país.

La crisis entonces no está en la población ni en las migraciones. La crisis está en por qué un país tan rico tiene indicadores sociales tan deplorables. Casi en todos los aspectos sociales Panamá se encuentra en los puestos más bajos: educación, salud, vivienda, empleo y otros. Podemos explicar entonces la crisis migratoria. Es una crisis fabricada para distraer a la población-especialmente a los sectores populares que sufren las consecuencias de estas desigualdades- que no encuentra solución a sus problemas.

Por ejemplo, el gobierno dice que el alto costo de los productos alimenticios no es resultado de las leyes que benefician a las empresas importadoras. Los medios no desmienten a los funcionarios. En cambio, nos inundan con ‘noticias falsas’ de las migraciones de extranjeros, sus peripecias y las heroicidades de SENAFRONT (Servicio Nacional de Fronteras).

El gobierno también sostiene que el colapso del sistema educativo no se debe a su descuido, a la desviación de recursos; a otras actividades innecesarias y la falta de un plan mínimo para invertir nuestros recursos. Otra vez distraen la atención del pueblo panameño acusando a los extranjeros de robarles los puestos de empleo a los trabajadores nuestros.

La falta de empleo en el país y el hecho  de que el 50 por ciento (uno de cada dos) trabajadores sean informales no es un problema creado por los inmigrantes (legales e ilegales). Es el resultado de las políticas públicas que desalientan la inversión de nuestras riquezas (Canal, puertos, minas, latifundios) en actividades productivas como plantas industriales y agroindustriales. No aprovechan el interés de China en invertir en Panamá y crear lo que llaman un ‘hub’[1] para toda América latina. Se crearían así oportunidades de empleo (y, por qué no) hasta para los inmigrantes.

En EE.UU. aplican la misma táctica tratando de convertir a los inmigrantes en la causa de todos los males que sufren actualmente las familias norteamericanas sin empleo, con una educación y servicios de salud cada vez peores y sin viviendas. Donald Trump convenció a muchos de que el problema eran los mexicanos. Había que cerrar la frontera, construir una muralla y criminalizar la inmigración. En Panamá tenemos que poner fin a las políticas que benefician a unos pocos y al país en el camino del desarrollo integral con una población trabajadora formal y productiva.

ag/mg

 

*Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA.

[1] elemento de red que sirve para conectar varios equipos entre sí.