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Federico Mayor Zaragoza

Mayor Zaragoza, Federico

Director General de la UNESCO, organismo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, durante el período 1987-1999. En el 2000, tras su regreso a España creó la Fundación Cultura de Paz, que preside actualmente.

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Doctor en Farmacia y Catedrático de Bioquímica, ha sido rector de la Universidad de Granada y cofundador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, Diputado en el parlamento español de la transición (1977-78); ministro de Educación y Ciencia (1981-1982) y diputado en el Parlamento europeo (1987).

Nacido en Barcelona, en 1934, cuenta en su haber con numerosas publicaciones científicas y los siguientes libros de ensayo: Mañana siempre es tarde (1987); La nueva página (1994); Memoria del futuro (1994); La paix demain? (1995); Science and Power (1995); UNESCO: un ideal en action (1996); Un mundo nuevo (1999); Los nudos gordianos (1999); La palabra y la espada(2002); La fuerza de la palabra (2002), Un diálogo ibérico en el marco europeo y mundial (2006), Tiempo de acción (2008).

También ha publicado siete poemarios: A contraviento (1985), Aguafuertes (1991), El fuego y la esperanza (1996), Terral (1997), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007) y En pie de paz (2008).



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Omnipotentes y omnipresentes “mercados”

Por Federico Mayor Zaragoza*

Para Firmas Selectas, de Prensa Latina

 

Están ganando. El acoso sin tregua de los “inversores” está consiguiendo la concentración del poder económico en un número progresivamente reducido de manos, como se desprende por los informes de OXFAM Intermon… tan silenciados, por cierto, por muchos medios de comunicación que, siendo “la voz de su amo”, no denuncian, ponderan las prácticas de la Unión Europea y procuran la erradicación del “populismo”, especialmente en América Latina.

La excepción son los Estados Unidos de Obama, que no siguió las pautas del Partido Republicano y cambió radicalmente la actitud de mano alzada y belicista (invasión de Irak…) por la de la mano tendida y conciliadora (Medicare, regularización de millones de emigrantes, Irán, Cuba…).

Sin contener las críticas que merece también la gobernación de algunos países “populistas”, es justo reconocer lo que han representado en muchos casos no sólo en términos de alfabetización y reducción de la pobreza sino al haber sido capaces de liberarse de los “fondos buitres” y del FMI y del Banco Mundial (originalmente “de la reconstrucción y el desarrollo”) instituciones convertidas hoy en instrumentos a la orden del gran poder económico y mediático.

No podemos seguir con el multilateralismo democrático sustituido por ridículos e inoperantes grupos plutocráticos y con los valores éticos sustituidos por los bursátiles.

He publicado, desde 2011, varios blogs sobre este tema. El apremio no ha hecho sino aumentar.

Argentina ya está “reconquistada”. Y arrecia la presión sobre Brasil, recurriendo a todas las descalificaciones… como si la Europa monetaria e insolidaria pudiera ponerse hoy de ejemplo como alternativa. Una economía de especulación, de deslocalización productiva y armamentismo, que será sustituida -porque ahora, por fin, los seres humanos ya pueden expresarse y asentir o disentir- por una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano.

El futuro hay que inventarlo… y no es aconsejable seguir adoptando posiciones de rechazo y desconsideración, ensalzando en cambio un sistema que, lo sabemos bien hoy en España, los hechos desmienten.

En Bolivia no sólo ha aumentado muy considerablemente el nivel educativo y se ha logrado una notoria reducción de la pobreza extrema, sino que se ha conseguido un reconocimiento generalizado, a escala de las Naciones Unidas, de las culturas originarias indígenas. Por ello, los improperios que dedica al “populismo” en “El País” (6 de marzo de 2016) el gran Vargas Llosa -siempre espléndido en el cómo pero deplorable en el qué cuando se convierte en comentarista político- no se corresponden en absoluto con el desolador panorama que ofrece hoy el neoliberalismo que nos domina.

El “populismo” de verdad, auténtico, es lo que hace falta. “Nosotros, los pueblos…”, como lúcidamente hizo que figurara en el principio de la Carta de las Naciones Unidas el Presidente Franklin D. Roosevelt, puede ser ya realidad. Hasta hace poco, los pueblos carecían de voz: seguían confinados, temerosos, silenciosos, anónimos. En pocos años, todo ha cambiado gracias a la tecnología digital, que ha permitido saber lo que acontece en el mundo en su conjunto y, en particular, la emancipación de la mujer, que participa progresivamente en la toma de decisiones con sus facultades inherentes; el contexto social, la naturaleza del trabajo… todo es distinto y, en consecuencia, es imperativo cambiar. Si no hay evolución, habrá revolución.

No podemos seguir con el multilateralismo democrático sustituido por ridículos e inoperantes grupos plutocráticos (G.7, G.8… G.20) y con los valores éticos sustituidos por los bursátiles.

La democracia real, la que en sus aspectos económicos lo subordina todo a la justicia social y al reconocimiento de la igual dignidad de todos los seres humanos, es la solución.

No tardemos en reconocerlo y actuar en consecuencia, porque mañana puede ser tarde.

 

ag/fmz

 

*Presidente de la Fundación Cultura de Paz, científico y escritor español.