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miércoles 10 de agosto de 2022
Jorge Luis Borges

La democracia como burlesque (IV y último)

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Aquellos Límites de Borges apuntados en la parte II de esta serie de artículos son precisos, para nada porosos, pese a que las gramáticas o estilos de cada modalidad comunicacional y política hacen que se difuminen, que hasta parezcan engañosos, o mejor dicho capciosos; es decir pletóricos en eso que suele denominarse los haceres de nuestro oficio.

Sin embargo, como afirmé, son precisos y están dados por lo que llamamos Objetividad, y no objetividad en general, sino la propuesta desde los acuerdos semánticos que surgen del modelo Intencionalidad Editorial – el que trabajo desde las aulas universitarias -, pues claro está que no hay comunicabilidad teórica posible sin esos pactos, que no necesariamente se alcanzan entre damas y caballeros, sino entre acertijos y hasta con quiromancias, en el terreno de la producción social de conocimiento.

Y ese acuerdo semántico nos habla de una Objetividad diferente a la de otros campos y contradictoria con la idea metafísica de verdad universal.

Nuestra Objetividad habla de voces que legitiman, expresadas por las diversas fuentes del periodismo, al igual que por la multiplicidad de documentos del quehacer del historiador, del cientista social, lejos ya de toda rémora positivista e inscripta en la potencia interpretativa, para mí llevada hasta el límite del que nos hablaba Michel de Montaigne en el siglo XVI, cuando desde sus Ensayos postulaba que es el propio texto el que produce conocimiento y, además, no es expresión de, sino el ser mismo de su autor, de su propio cuerpo.

Hace casi veinte años escribí un artículo que valió como introducción a los que luego se desarrolló como modelo teórico, el ya citado Intencionalidad Editorial. Su título es Coca Cola NO refresca mejor, y en síntesis afirma lo siguiente:

Gramsi

(…). Lamentablemente, muchos de los mejores lectores y estudiosos del pensamiento del marxista italiano muerto en las cárceles de Mussolini, Antonio Gramsci, fueron o son intelectuales orgánicos del bloque de poder, financiados por esa unidad inexpugnable que existe entre los centros universitarios y las grandes corporaciones estadounidenses. Son ellos los que mejor comprendieron el concepto de independencia relativa del campo superestructural, en el que debe ubicarse al discurso periodístico. Es a partir de ese punto de inflexión que debe entenderse el porqué de las fuertes inversiones del sector corporativo financiero e industrial en el terreno de los medios de comunicación.

Esa decisión debe ser comprendida en su naturaleza estratégica, según surge, por ejemplo, del carácter -también estratégico- que se le otorga al rol de los medios de comunicación dentro del diseño geopolítico que orienta el comportamiento de Estados Unidos sobre el escenario internacional.

sistemas electorales informales

Es en ese marco donde debemos ubicar a los verdaderos pre-sufragios que surgen a partir de la manipulación de la voluntad popular que desarrollan las encuestas masivas de los actuales “sistemas electorales informales”, no contemplados como tales por los regímenes constitucionales, y las regulares apariciones de líderes mediáticos o la instalación de agendas y temas por parte de las grandes empresas periodísticas, todos fenómenos tendientes a disciplinar el comportamiento de la sociedad.

(…). Es imprescindible recordar, más admitir que revelar, dos hechos que forman parte objetiva del fenómeno periodístico.

Todo hecho comunicacional pertenece al escenario del debate y de la puja en torno al poder, porque lo defiende, lo avala, lo sustenta o lo justifica, o porque lo cuestiona y hasta trabaja para su destrucción, para su reemplazo o para su modificación sustancial.

¿En qué marco podemos reconocer que la práctica comunicacional pertenece al terreno de la disputa por el poder y del poder?

En el ámbito de la propaganda. Teniendo en cuenta el proceso histórico comprendido dentro del siglo XX y las construcciones teóricas y multidisciplinarias desarrolladas en idéntico período hay que destacar aquí la vigencia, en términos generales, de los análisis aportados por Lenin sobre la naturaleza, el rol y la organización de la prensa y la propaganda revolucionarias, de extrema vigencia a la hora de tratar el punto que nos ocupa.

El discurso académico y comunicacional del bloque de poder -expresado por los grandes medios corporativos y los grandes centros de estudios, especialmente estadounidenses, con sus “think tanks” y sus usinas de “papers”- lo negarán y se horrorizarán, pero el periodismo forma parte del concepto genérico de propaganda, es una especie particular de propaganda, que se especifica y se define por una metodología y un conjunto de técnicas propias. Esa especificidad del hecho periodístico, que lo distingue del resto de los mensajes que pertenecen al ámbito de la propaganda es su Objetividad, entendida esta como inexcusable referencia al hecho objetivo, revelado por la fuente.

Podríamos decir entonces que el periodismo es propaganda objetiva, basada en hechos susceptibles de ser constatados y confirmados en su objetualidad y veracidad por las llamadas fuentes, sean éstas directas, indirectas, testimoniales o documentales.

(…) También debemos romper el mito del llamado “periodismo independiente”. Se trata de un fenómeno inexistente, que es materialmente imposible si se acepta al hecho periodístico como especie del género propaganda.

(…). Una verdadera epistemología del hecho comunicacional tendría por objeto desarrollar los mecanismos metodológicos apropiados para desenmascarar, poner negro sobre blanco, el sentido último, “la intencionalidad editorial” de cada contenido comunicacional.

Jorge Ricardo Masetti

(…). Fue Jorge Ricardo Masetti, fundador y primer director de la Agencia Prensa Latina (PL) quien a principios de la década del ´60 y en el marco de los originales aportes hechos por la Revolución Cubana al periodismo de nuestra región, comenzó a acercarse al corazón de nuestro debate. En varias de sus intervenciones y escritos de la época sostuvo que el periodista no puede ser imparcial, que siempre, lo quiera o no lo quiera, lo sepa o no lo sepa, el periodista – la comunicación – toma partido, se identifica con una de los elementos de la ecuación, social, económica o política, que caracterizan a determinado escenario informativo.

(…). La dicotomía Objetividad-Subjetividad no sólo es insuficiente, sino que es errónea. La naturaleza del hecho periodístico comunicacional surge de la relación dialéctica que existe entre y la dicotomía entre Parcialidad e Imparcialidad.

Cierre…breve

Apenas si fueron todas ciertas aproximaciones para un debate. Quizás estemos a tiempo.

rm/ved

*Periodista, escritor y docente universitario argentino.

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Las opiniones expresadas en estos artículos son responsabilidad exclusiva de sus autores.

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