Vemos a diario reportes de prensa y declaraciones de altos funcionarios estadounidenses, entre los cuales se destacaron el malísimo Mike Pompeo sucedido ahora por el requete peor de AntonyBlinken y por supuesto decenas de tuits del mero – mero Donald Trump contra Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Rusia, China y un largo etcétera, sucedido ahora por el menos vocal, pero menos sincero de JoeBiden.
Sin embargo, la reacción contra actos de real barbarie no se refleja ni por un mínimo asomo de pudor. Israel y Arabia Saudí, como la mujer del César, están siempre por encima de toda sospecha.
En este artículo se discute la realidad terrible de Arabia Saudita, el gran aliado de Washington, de la Unión Europea y de Israel. ¡Poderoso caballero es Don Dinero!
El genocidio interno. ¿Dónde están los tan “glorificados” Derechos Humanos?
En esta primera parte quisiera discutir las atrocidades del gobierno de Riad contra el propio pueblo saudí. La dictadura monárquica de Arabia Saudita anunció el 24 de abril de 2018 que había llevado a cabo otra matanza, ejecutando públicamente 37 personas en las ciudades de Riad, Medina y la Meca, así como en la provincia central de Qassim y en la provincia oriental del Reino.

Uno de los cadáveres, sin cabeza, fue crucificado y dejado colgar en público como una advertencia a cualquiera que pudiera contemplar oponerse al poder absoluto de la familia real.
El régimen anunció que los que fueron llevados a las plazas públicas para ser decapitados habían sido castigados «por la adopción de pensamiento amotinador y extremista y la formación de células terroristas para corromper y desestabilizar la seguridad del Reino.»
En Arabia Saudita, la ley antiterrorista adoptada en 2017 define como «terrorista» a cualquiera «que perturbe el orden público», «sacuda la seguridad de la comunidad y la estabilidad del estado» o «ponga la unidad nacional en peligro.»
La ley establece esencialmente la pena de muerte para cualquiera que se atreva a criticar a la monarquía o a su gobernante de facto, el príncipe heredero Mohammed bin Salman.
Bajo el mando de bin Salman- quien comparte con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu el “mérito” deser el aliado más cercano de la administración Trump en el Medio Oriente- el número de ejecuciones en Arabia Saudí se ha duplicado, en el 2018 el régimen decapitó a 149 personas, cifra que creció un 31 por ciento- a 198 ejecutados por esa vía- en el 2019.
En 2021 se llevaron a cabo 67 ejecuciones, frente a las 27 del año anterior, lo que indica que el gobierno saudí no valora la sangre humana. Las sentencias de muerte se llevan a cabo en un proceso ilegal sin un juicio justo y no se avienen a las leyes internacionalmente aceptadas.

El grupo de derechos humanos también enfatizó que la reducción de las ejecuciones en 2020 no se debió a que los gobernantes saudíes prestaran atención a la necesidad de los derechos humanos, sino a que Muhammad bin Salman estaba tratando de reparar su imagen en los foros internacionales debido a la cantidad de ejecuciones.
En Arabia Saudí ha habido un aumento significativo desde la destitución del rey saudí Salman binAbdulaziz, y Riad necesitaba reducir las críticas. Las ejecuciones extrajudiciales se calculan a un nivel muy superior.
Al menos 37 que fueron ejecutados en ese periodo eran chiitas saudíes.
En el caso de 14 de ellos, sus supuestos «crímenes» provenía de haber participado en las protestas masivas de la Provincia Oriental (predominantemente chiita) de Arabia Saudita en 2011, en demanda popular de reformas democráticas y el fin de la discriminación y la opresión de los chiítas a manos de la monarquía sunita, estrechamente ligada a la doctrina religiosa oficial del wahabismo, una secta sunita ultraconservadora de pensamiento medieval. Otros 11 de los asesinados fueron acusados de espiar para Irán.

A ninguno de estos individuos se les permitió hablar con los abogados durante las investigaciones que se llevaron a cabo por medio de la tortura. Se les negó las visitas de sus familias, se mantuvieron en régimen de aislamiento y fueron condenados a muerte en juicios masivos artificiosos que carecían del más mínimo debidoproceso.
Los brutales asesinatos llevados a cabo por el régimen de Riad constituyen un acto político calculado e impulsado por ambiciones tanto nacionales como internacionales. Su objetivo inmediato es intimidar a la minoría chiíta, que constituye aproximadamente el 15 por ciento de la población y se concentra en la provincia oriental, una de las principales regiones productoras de petróleo.
Al menos tres de los asesinados eran menores de edad, haciendo de sus ejecuciones una violación flagrante del derecho internacional que condena la pena de muerte para los niños. Abdulkarim al Hawaj, tenía 16 años cuando fue arrestado y acusado de participar en manifestaciones y usar las redes sociales para incitar la oposición a la monarquía. Fue condenado basándose en una confesión extraída a través de la tortura, incluyendo choques eléctricos, y retenido con las manos encadenadas por encima de su cabeza.
Salman Qureish fue arrestado por presuntos crímenes que tuvieron lugar cuando era menor de edad. Fue condenado a muerte en un juicio absurdo. Mujtaba al-Sweikat, fue arrestado a los 17 años y ejecutado el martes 24 de abril del 2018. Fue severamente torturado y golpeado, hasta que proporcionó a sus verdugos una confesión.
La impunidad ante el crimen masico

El régimen saudí, encabezado por su gobernante de facto, el Príncipe Mohammed bin Salman, ignoró las protestas de las Naciones Unidas, de las organizaciones de derechos humanos y de decenas de países, convencidos de que goza de una impunidad absoluta basada en el apoyo que disfrutó de Donald Trump y disfruta ahora de JoeBiden.
El baño de sangre que organizó durante 2018 – 2019 fue el más grande desde 2016, cuando decapitó a 47 hombres en un solo día, incluido el prominente clérigo chiítaSheikhNimrBaqral-Nimr, un destacado portavoz de esa minoría oprimida en Arabia Saudí.
Aquellos asesinatos provocaron protestas furiosas en la región, principalmente en Teherán, donde las multitudes irrumpieron en la Embajada Saudí. El furor popular fue utilizado por Riad como pretexto para romper las relaciones diplomáticas con Irán y la escalada de su campaña anti-iraní en todo el Medio Oriente, complaciendo siempre a los sectores más agresivos de los Estados Unidos e Israel.
La represión implacable contra los chiitas dentro del Reino, se ha unido a la guerra genocida que se libra contra Yemen, que ha costado la vida de al menos 100 mil yemeníes, dejando a más de 24 millones de personas, el 89 por ciento de la población total, necesitadade ayuda humanitaria, de ellos 17 millones de ayuda urgente en un país al borde de la hambruna total y de epidemias fuera de control.
Se ha hecho mil veces más énfasis en los desórdenes ocurridos en Cuba durante las jornadas del 11 y 12 de julio, e incluso más énfasis “en lo que no pasó” el 15 de noviembre cuando los mercenarios de “Archipielago” viajaron a España y se convirtieron en “Península” que en los centenares de decapitados en Arabia Saudita.
¿Algún bloqueo contra Arabia Saudita? ¿Designada como criminal y genocida la familia real que, además, está relacionada con el brutal acto terrorista del 11 de septiembre del 2001 en New York? ¡No me haga reir (o quizás debiera decir llorar)!
La principal responsabilidad por los crímenes del régimen saudí recae en su patrón principal, el imperialismo estadounidense.
La monarquía salvaje de Arabia Saudita, con sus decapitaciones públicas, no es meramente un remanente de atraso feudal. Es más bien el producto directo de la intervención estadounidense en el Medio Oriente, de las concesiones aseguradas por Texaco y Standard Oil en los años 1930 y 1940, de las actuales ventas masivas de armas que hacen de ese régimen el cliente número uno del complejo militar-industrial de los Estados Unidos.
Washington ha respondido a las decapitaciones masivas en Arabia Saudita con un silencio ensordecedor y la más degradante complicidad.
El día antes de las más recientes, el Departamento de Estado de los EEUU. emitió una declaración de endurecimiento de sanciones contra Irán, exigiendo que «respeten los derechos de su pueblo». Pero no hubo tal apelación a Riad, mucho menos condena a que menores de edad fueran descabezados en plazas públicas.
El Pentágono y la CIA son socios plenos en la represión de la monarquía saudita en casa, así como Estados Unidos ha proporcionado las bombas y la información de orientación y guiado, junto con el reabastecimiento de combustible de los bombarderos sauditas, que han hecho posible la guerra criminal contra Yemen.
Asesinato de periodista: crimen sin castigo

El salvaje desmembramiento del periodista saudí disidente Jamal Khashoggi en el Consulado de Arabia Saudita en Estambul, en octubre del 2018, no ha sido causal de sanciones contra la familia real, este atroz crimen ha desaparecido en gran parte de los medios controlados por la derecha internacional.
Riad está haciéndose un juicio cosmético de 15 funcionarios del estado que llevaron a cabo ese horripilante crimen, no se está llevando a cabo ninguna acción contra el príncipe heredero bin Salman, quien ordenó el asesinato, o su asesor principal, Saud al-Qahtani, quien supervisó la tortura, asesinato y desmembramiento de Khashoggi a través de una conexión de Skype desde Riad. Ni Trump ni Biden han implementado sanción alguna contra ellos.
Hace apenas un año, el príncipe heredero bin Salman fue festejado como un «reformador» por el gobierno de Estados Unidos, Harvard y el MIT, así como una serie de multimillonarios estadounidenses, desde Bill Gates hasta Jeff Bezos y OprahWinfrey.
Un día después de las masivas ejecuciones mencionadas, los principales financistas de Wall Street se sentaron con representantes del régimen saudí en una conferencia económica patrocinada por la monarquía en Riad.
Estuvieron presentes entre muchos otros los directores de Black Rock, Larry Fink, y de HSBC John Flint, así como el jefe de operaciones de JPMorgan, Daniel Pinto, junto con el Director General de Morgan Stanley, Chin Chou, todos ellos ansiosos por participar en una propuesta de oferta pública inicial (IPO) de Arabia Saudí, por su gigante petrolero nacional Aramco, por muchos miles de millones de dólares.
Fink de Black Rock contestó a una pregunta sobre las ejecuciones masivas, diciendo que, «el hecho de que la prensa afirme que hay problemas, no me hace huir de un lugar. En muchos casos me dice que debo correr e invertir”. Todo está claro en esas pocas frases.
En el recién terminado 2021 la furia de los sátrapas saudíes encabezados por Bin Salman, continuó su danza macabra, ejecutando a 67 de sus ciudadanos (casi todos ellos chiitas), la mayoría decapitados y el resto crucificados. Las ejecuciones extrajudiciales no se conocen con exactitud, pero sí incluyen mujeres (principalmente extranjeras casadas con ciudadanos saudíes) por el delito de “infidelidad”
Estas nuevas aniquilaciones muestran cuales son los objetivos predatorios perseguidos por el neofascismo estadounidense y sus cofrades en la región.
La defensa de Washington a este bárbaro régimen ultra reaccionario desenmascara con claridad que todos los pretextos dados para las sucesivas intervenciones militares de los Estados Unidos en la región, desde la llamada «guerra contra el terrorismo» hasta la supuesta promoción de la «democracia» y «los derechos humanos.», son solo eso, pretextos.
Al fin de la jornada, la política exterior estadounidense fundamentada en una alianza estratégica con la monarquía saudí y el gobierno de Netanyahu en Israel resultará inevitablemente en un incremento descontrolado de la violencia en el Medio Oriente, en otras regiones del planeta y en los propios Estados Unidos.
Preguntas sin respuestas
Me surgen unas preguntas: ¿A la luz de estos hechos, alguien se puede creer el bulo de que las violaciones de los derechos humanos en Venezuela, Nicaragua y Cuba, son la causa real de las sanciones y agresiones del gobierno Trump? ¿Los EE.UU. de J. Biden aplicarían sanciones a Arabia Saudí o enviarían caravanas de ayuda humanitaria a Haití? ¿Por qué los medios internacionales mantienen un nivel tan bajo de información sobre estos abominables crímenes? ¿Es el Reino de Arabia Saudí, proclamado custodio de la fe islámica, donde se encuentran las ciudades santas de La Meca y Medina, la antípoda del Reino de Dios?
rm/jro