Al tomar posesión como obispo de Roma el 19 de marzo de 2013, hace doce años, el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio adoptó el nombre de Francisco para significar que su pontificado estaría a favor de los excluidos y de la salud del planeta, y declaró: “Como saben, el deber del cónclave era darle un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales fueron a buscarlo casi al fin del mundo”.
Como señala el profesor Fernando Altemeyer Junior, Franciso se preocupa por “el cuidado pastoral de los empobrecidos y el claro rompimiento con el clericalismo que hace de la Iglesia una institución centrada en sí misma y distante del evangelio de Jesús”.
Francisco castigó con severidad a obispos y sacerdotes pedófilos, recibió a las víctimas y enfrentó a la ultraderecha católica de los Estados Unidos y África. En 2019 excluyó del cardenalato y el sacerdocio al estadounidense Theodore McCarrick, exarzobispo de Washington, por practicar la pedofilia; y en 2023, el Tribunal Penal del Vaticano condenó a cinco años de cárcel al cardenal Giovanni Angelo Becciu, de 75 años, por peculado y fraude financiero.
Francisco no oculta su descontento con Trump y su simpatía por Lula, apoya la causa palestina, y en enero de este año nombró a la religiosa Simona Brambilla prefecta del Vaticano. Demócrata, ya ha convocado seis sínodos con el propósito de renovar la Iglesia, incluso con el de ponerle fin al celibato obligatorio del clero de Occidente. Sin embargo, muchos obispos y cardenales proceden de la cosecha conservadora de los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, y ponen el freno de mano cuando el papa acelera.
Francisco es la cabeza de una comunidad que reúne a mil 390 millones de fieles (poco más del 17 por ciento de la población mundial). Ha realizado 47 viajes internacionales y visitado 60 países, pero no ha regresado a Argentina.
Cuando el papa Francisco fallezca se convocará un nuevo cónclave (como muestra el filme de ese nombre dirigido por Edward Berger). Los cardenales electores actuales son 138, y proceden de 71 países. Los cardenales no electores, por tener más de 80 años, son 114. Los cardenales nombrados por Francisco constituyen el 79,7 por ciento del colegio electoral actual. Dieciocho son de África, 18 de la América del Sur (entre ellos, siete brasileños), 20 de la América del Norte y Central, 24 de Asia, 54 de Europa y cuatro de Oceanía.
En este mes de febrero, la editorial Fontanar/ Companhia das Letras lanzó la autobiografía de Francisco, Esperanza, la primera de un papa, escrita en colaboración con Carlo Musso.
Sostuve dos encuentros personales con Francisco en el Vaticano, en abril de 2014 y agosto de 2023. En el primero le hablé de la importancia de las Comunidades Eclesiales de Base (dejadas de lado por los dos papas que lo precedieron) y le pedí que mantuviera un diálogo con la Teología de la Liberación, defendiera siempre a los pueblos indígenas y rehabilitara a mis cofrades Maestro Eckhart- varios escritos del cual fueron condenados por la curia romana- y Giordano Bruno, quemado vivo por hereje en una plaza de Roma en 1600.
Francisco respondió a mis solicitudes: “Ora por eso”. A final, me dirigí a él, primero en latín y luego en la traducción de la frase al español: Extra pauperes nulla salus: “Fuera de los pobres no hay salvación”. El papa sonrió. “Estoy de acuerdo”, me dijo antes de alejarse.
En nuestro segundo encuentro Francisco me abrazó, me besó y permitió que nos filmara Roberto Mader, quien prepara algunos documentales sobre mi trayectoria. Le regalé mi libro Jesús militante: o Evangelho e o projeto político do Reino de Deus (Vozes) y la cartilla popular redactada por mí y traducida al español del Plan de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional de Cuba, que asesoro desde 2019.
Le expliqué que en Jesús militante defiendo la tesis de que el Nazareno vino para traernos un nuevo proyecto político, civilizatorio, que denominaba Reino de Dios, en oposición al reino de César, en el cual vivió y por el cual fue asesinado en la cruz debido a la osadía de anunciar otro reino posible que no era el de César.
Le insistí en que participara en la COP 30, la conferencia mundial del clima, que se celebrará en Belém en noviembre próximo. Me dijo que pensaba en esa posibilidad. Le pedí que intercediera con Joe Biden, quien se considera católico, para que eliminara, o al menos flexibilizara, el criminal bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba. Obama, que no es católico, había suavizado las duras medidas del bloqueo impuesto desde 1962 a la isla revolucionaria del Caribe. Y le repetí la petición que le había hecho en nuestro primer encuentro: la rehabilitación de mi cofrade Giordano Bruno, cuyas “herejías” hoy están integradas a la teología y a las ciencias o han sido descartadas por anacrónicas.
Que Dios le conceda a Francisco una larga vida: todavía queda mucho por reformar en la Iglesia, y él es hoy uno de los escasos líderes que critican la hegemonía capitalista (la globocolonizaciòn), señalan las causas de la degradación socioambiental y defienden a los refugiados víctimas de la explotación secular de Europa a los países africanos, asiáticos y latinoamericanos.
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