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sábado 29 de noviembre de 2025

Tras la victoria, el reto de la izquierda: Forjar la unidad

Por Luis Onofa

Tras la derrota de la derecha en la consulta popular del 25 de noviembre de 2025, la izquierda ecuatoriana enfrenta, de nuevo, el reto de intentar la unidad, único camino que hará posible plasmar en el país un modelo que afronte las enormes desigualdades, le saque del estancamiento económico le vuelva su mirada a la región.

Cuenta para ello con la muestra del rumbo trazado por la victoria del No en ese referendo en el que el presidente Noboa intentó derribar la actual constitución y acabar con la soberanía nacional, al proponer suspender la prohibición constitucional de bases militares en territorio del país para permitir el asentamiento de tropas estadounidenses.

En la campaña para aquella consulta se encontraron, aunque de manera poco orgánica, los partidos de izquierda, organizaciones sindicales, indígenas, activistas sociales, pensionistas, estudiantiles, defensores de la naturaleza y el medio ambiente, defensores de los derechos humanos y activistas sociales para develar los intereses que estaban detrás de la propaganda gubernamental por el Sí y desbordar el discurso y el derroche de dinero en dádivas y las promesas del gobierno de Noboa, finalmente incumplidas.

Al final, fueron las mismas fuerzas sociales que en 2007 y 2008 se unieron para redactar y aprobar la actual constitución las que volvieron a coincidir. El proceso de hace 17 años fue de acumulación de fuerzas sociales creciendo episodio tras episodio, violencia tras violencia, crisis tras crisis, a lo largo de muchas décadas.

Comenzó con la frustración que empezó a sentir el pueblo por las bondades incumplidas del tan publicitado retorno a la democracia, tras la muerte del presidente Jaime Roldós, en 1981, en un accidente aéreo no esclarecido totalmente hasta el momento. Luego, por el período de violencia y represión política de León Febres Cordero.

Más tarde por el resurgimiento nacional de los pueblos indígenas, al cumplirse el medio milenio de su esclavitud colonial. Después, por la inestabilidad política de fines de siglo, que llevó a Carondelet a ocho mandatarios en menos de diez años; el colapso bancario del país y las consiguientes migraciones a Europa, éxodo no conocido en la historia del país. Y, en ese escenario, el cambio climático y los derechos de las mujeres, las reivindicaciones de género. Y toda esa sucesión de episodios atravesados por las políticas de ajuste económico del neoliberalismo.

La constitución de 2008 reunió ese acumulado histórico en forma de principios y derechos, que el neoconservadurismo y el neoliberalismo quisieron echar por la borda en la consulta del 16 de noviembre de 2025. No pudieron, porque en esta ocasión esas fuerzas sociales y políticas volvieron a unirse para defender lo suyo. Quienes salieron por la borda fueron ellos.

Pero, además, casi dos décadas después de la instauración de la nueva carta magna de Ecuador, los conflictos sociales y políticos, que no alcanzaron a ser curados totalmente en una década de gobierno progresista, se agudizaron, únicamente con rasgos ofensivos a la equidad y dignidad humana: el propio presidente Noboa, copropietario de una de las mayores corporaciones bananeras del mundo, es un ejemplo del contraste entre el poder de determinados ricos en el gobierno y del abandono en que están sumidos los pobres.

La corporación Noboa se benefició de una remisión de impuesto tributario de 90 millones de dólares, decretada por el mandatario, de manera general para todas las empresas que estuvieran en mora, no obstante los intereses que tenía en esa medida. El desempleo permanece inderrotable, la economía sigue estancada, la población rural y urbana sigue en el abandono, este último, caldo de cultivo del narcotráfico y las masacres y la militarización el país para enfrentar ese problema.

Pero no basta con la jornada del 16 de noviembre. La derecha ha entrado nada más que en reposo, y no ha cesado de asediarla. Esa actitud la demostró luego del 2008. Entonces, parecía que había pasado a una definitiva o larga hibernación, pero a reglón seguido fue rearticulando sus fuerzas y estructurando su discurso para una nueva batalla en un futuro cuyo tiempo aún no se vislumbra con claridad.

En realidad, mientras la izquierda entraba en una larga pausa. Una vez cumplida su misión de dictar una constitución progresista volvió a mostrar sus desencuentros, sin que hubiese siquiera frenado la pretensión fallida de destruir todo el andamiaje que tanto costó construirlo. Y no era cualquier andamiaje, sino la columna vertebral constitucional y jurídica del país.

No hay que hurgar mucho en la historia para saber que la fórmula para triunfar es la unidad, como la fórmula para destruir y perder todo lo logrado, mucho más fácil, es la desunión.

A lo largo de varias décadas los intentos de unidad han sido varios. Fueron más los temas de encuentro que de desencuentro. Se unieron varias corrientes de izquierda, cuyo fracaso dio lugar a la consolidación política de la derecha y de la oligarquía y al afianzamiento del neoliberalismo, en la economía.

¿Cuál es la fórmula de la unión? Un programa de gobierno. Ciertamente no es la única, pero es la fundamental. El programa de gobierno contiene no solo una propuesta del país que se quiere construir en el futuro, sino también los espacios y las junturas en las que se ventilan las diferencias, muchas veces sectoriales, diferencias por las que abortan las alianzas.

La mayoría de las organizaciones de centro izquierda o las de mayor alcance social tienen sus bases programáticas: la Revolución Ciudadana, el movimiento indígena organizado en torno a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, los partidos Comunista y Socialista, las giran en torno a la lucha contra el cambio climático.

Todos deberán participar en las elecciones seccionales de 2027 y, más tarde en las presidenciales y legislativas de 2029. Las primeras son un escalón a las segundas. En ellas deberán tomar en cuenta las aspiraciones de la derecha de continuar en el poder, con la reelección de Noboa a la presidencia.

Si esa meta se plasma, volverán los ataques a la actual constitución, por parte de la derecha, con renovados bríos, porque aún sigue teniendo fuerza como para defender no solo sus intereses económicos internos, sino también otros intereses geoestratégicos planetarios de Estados Unidos que siguen intactos precisamente cuando en el mundo se recompone la geopolítica mundial.

rmh/lo

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