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jueves 5 de febrero de 2026

Cuba, su ejemplo y las amenazas de EEUU

Por Gustavo Veiga

El “problema de la isla” es que esparció su solidaridad e internacionalismo en un capitalismo destructivo que expresa lo contrario. También representa mejor que la mayoría de los países su autodeterminación en las decisiones nacionales. El presidente Díaz Canel advirtió: “Cuba es una nación libre y soberana. Nadie nos dicta qué hacer”.

La inclusión de Cuba en el ranking de países que Estados Unidos define como enemigos siempre se sostiene en argumentos disparatados. El régimen de Donald Trump en su orden ejecutiva del 29 de enero declaró que la isla representa “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior” de EEUU.

¿Cómo es posible que un “estado fallido” o que “no va a ser capaz de sobrevivir”, según el presidente que se lleva a todo el mundo por delante, tenga chances de poner en peligro el sueño americano? La contradicción aparente es pura retórica imperialista y se basa en escarmentar a los gobiernos que no se disciplinan con las políticas de Washington.

Con el cinismo que lo caracteriza, Trump agregó a aquellas palabras dichas cuando atacó a Venezuela y mandó a secuestrar a su presidente Nicolás Maduro, que “Cuba está muy cerca del colapso” y “va a caer muy pronto”.

Ahora amplió los márgenes de su vaticinio y decidió desabastecer a la patria de José Martí y Fidel Castro del petróleo indispensable para que su economía y su gente se muevan. Tiene cómo hacerlo. Con la coerción de su colosal aparato tecnológico-militar.

Pretende una rendición incondicional que se apoyará en subidas de aranceles a los países que abastezcan de hidrocarburos a La Habana. No quiere que un solo barril de crudo llegue a la isla, que ya carece del que le enviaba Venezuela.

La medida puso en aprietos a México, una nación de lazos históricos con Cuba, al punto que durante la vigencia del extenso bloqueo de EEUU y aun con presidentes de derecha como Vicente Fox, nunca se interrumpió la relación.

La jefa de Estado, Claudia Sheinbaum, declaró que quiere evitar “una crisis humanitaria” y explora situaciones para seguir enviando el insumo vital a los cubanos. También aclaró que el total de esas remesas no supera el uno por ciento de la producción petrolera mexicana, según el diario La Jornada.

El declamado slogan de MAGA, acrónimo de “Make America Great Again” (Hagamos a Estados Unidos grande otra vez) no consiste en el bienestar de los habitantes de EEUU, hoy asesinados, apelados o gaseados en sus calles. Definidos por Trump o sus funcionarios más neofascistas como “terroristas domésticos” si se movilizan contra sus políticas.

Esa consigna macartista se refiere a una campaña para unir subjetividades que excluyan a quienes se rebelen contra el régimen en que se transformó la democracia fallida de Estados Unidos. El grave problema para Trump es que sigue cayendo su imagen pública, quedó jaqueado por el caso Epstein y está cada vez más senil.

En el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional que firmó en 2025 titulado “Combatir el terrorismo doméstico y la violencia política organizada”, también conocido como NSPM-7, se identifica a los posibles objetivos: personas que expresan puntos de vista “anticristianos”, “anticapitalistas” o “antiestadounidenses”.

No hay demasiadas diferencias con la definición de “narcoterroristas”. Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, se valieron de ella para justificar los asesinatos de civiles que fueron acribillados sobre sus lanchas en el mar Caribe bajo la imputación no probada de “traficantes de drogas”.

En la región y durante los últimos meses, primero acabaron con pescadores venezolanos y colombianos a misilazos, después con el presidente Maduro -pero no con el chavismo- y ahora van por Cuba. Era previsible. Estados Unidos lo intentó una y cien veces pero fracasó siempre en el pasado.

El endurecimiento de las políticas de Washington hacia la isla no se basa en sus riquezas, como en el caso de Venezuela. Tampoco en su posición geográfica, ni en las relaciones exteriores que mantiene con China, Rusia o Irán. Mucho menos en la desorbitada idea de que la “amenaza para la seguridad nacional” se refiera a un ataque misilístico por mar y cielo desde La Habana o en la posibilidad de que Cuba intente recuperar la base de Guantánamo que usurpa Estados Unidos desde 1903. Nada de eso.

Tampoco aplica a la isla la imputación de santuario narco, ni siquiera le preocupa a Trump el sistema de partido único que la rige desde que abrazó el socialismo con su revolución de 1959.

Si le importara el concepto de democracia que declama -el presidente de EE.UU solo la concibe tutelada- , nunca hubiera registrado su marca en Cuba en 2008 para “construir hoteles, casinos y campos de golf”, según publicó el sitio cubano Escambray, en aquel momento.
El “problema de Cuba” es que esparció su ejemplo de solidaridad e internacionalismo en un capitalismo destructivo que expresa lo contrario. Es un ejemplo de autodeterminación en las decisiones nacionales, de no ser una nación colonizada por el imperio.

Es un ejemplo de resistencia al bloqueo criminal y acto de guerra, de haberse involucrado en la lucha para poner fin al régimen del Apartheid sudafricano, del que dio cuando recibió a las víctimas del desastre de Chernóbil. Es el ejemplar compromiso de sus misiones médicas y sanitarias que envía a decenas de países y que profundizó como política en plena pandemia cuando ningún otro país se atrevía.

Cuba es un ejemplo de independencia que irradia todavía con fuerza y que, por rara paradoja, fue la última nación de América Latina en independizarse de otro imperio, el español, para que otro, Estados Unidos, se le echara encima.

Ante las amenazas de Trump, el presidente Miguel Díaz Canel declaró: “Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer. Cuba no agrede, es agredida por Estados Unidos hace 66 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender a la patria hasta la última gota de sangre”.

En ese manual del descaro que contiene la orden ejecutiva firmada en la Casa Blanca, “se acusa al régimen cubano de apoyar políticas que pueden desestabilizar el hemisferio occidental”. Como en una mala obra de teatro y con el fin de evitar los abucheos, el telón debería bajar muy rápido.

arb/gv

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