Por Luis Onofa
En algún lugar de Cuba reposan, con seguridad con los honores de los héroes de la solidaridad internacional que caracteriza a su país y con el afecto de su familia, los restos de Bárbara Cruz Ruiz, Leonardo Ortiz Estrada y Eric Omar Pérez de Alejo, integrantes de la brigada médica cubana, que murieron en el terremoto que afectó a la provincia ecuatoriana de Manabí, en abril de 2016. De ellos no se ha vuelto a hablar en Ecuador.
Al contrario, la presencia del que un día fue un contingente de cerca de un millar de médicos y trabajadores de la salud de la isla caribeña en este país sudamericano estuvo permanentemente expuesta al ataque de los adversarios de la Revolución Cubana, políticos y medios masivos, con la intención de desprestigiar los programas de cooperación con Ecuador y, con la miseria que los caracteriza, acabar con ellos, sin considerar que con su miseria perjudicaban a los estratos más pobres.
Y lo lograron. Tres años después, en 2019, el gobierno de Lenin Moreno, con su ministra de Gobierno María Paula Romo a la cabeza, finalizaron de manera unilateral el convenio de cooperación en salud con Cuba y las brigadas médicas abandonaron el país, con el argumento que el programa daba pie a la intervención cubana en la política interna de Ecuador. Nunca lo probaron, pero el programa terminó.

Actitud parecida ha adoptado ahora el gobierno de Daniel Noboa para, literalmente, romper las relaciones diplomáticas con Cuba, mediante la expulsión perentoria de toda la misión diplomática y retirar al embajador ecuatoriano en La Habana. No lo dijeron en el anuncio oficial de expulsión de la delegación cubana, pero los medios afines al mandatario inundaron el ambiente con la versión que la misión diplomática había incurrido en intervenciones en la política interna de Ecuador.
Una vez preparado el escenario, el mandatario salió a rematar la estrategia confirmando que esa era la razón por la que expulsó a los diplomáticos. Pero igual que Moreno en 2019, no aportó prueba alguna. No la hay ahora, como no lo hubo años atrás, porque si algo caracteriza a las misiones diplomáticas cubanas es un profundo y cuidadoso respeto a los asuntos de política interna de un país.
Pero Noboa cumplió su tarea de cara al encuentro de algunos mandatarios de la región con Donald Trump, en Miami, para conformar un bloque de la región, que busca levantar un muro para frenar el avance de China, nueva potencia mundial, y de Rusia, en las economías y la geopolítica de la región, aunque de manera oficial se diga que de lo que se trata es de combatir el narcotráfico, el narcoterrorismo y la inmigración ilegal. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, cuyo estado debía haber sido el primer invitado, si los verdaderos objetivos fuesen el combate al narcotráfico, le ha augurado intrascendente vida a ese bloque, por la escuálida representatividad de los gobernantes que acudieron a la cita.
Mas cualquiera que fuese el destino de la coalición de Miami, para Ecuador esa estrategia no es necesaria. La intervención militar estadounidense, implícita en la mente de Washington, ya está en marcha en esta nación sudamericana, sin ese acuerdo, y en contra de lo que dice su constitución vigente, sin que, al igual que lo que ocurrió en Colombia, con el Plan Colombia, arroje resultados positivos. La intervención militar y de inteligencia de Estados Unidos para neutralizar el narcotráfico ha venido intensificándose de manera permanente desde la época de Lenin Moreno (2017-2021), cuando la derecha se tomó el gobierno.
No obstante, la inseguridad ha crecido en Ecuador hasta el punto de colocarlo entre los más inseguros y violentos del mundo. ¿Razones? La pobreza, la marginalidad, la falta de empleo digno y el repliegue del estado en el cumplimiento de sus responsabilidades de prestar servicios de educación y salud de manera eficiente, crean las condiciones para el florecimiento del crimen organizado. Esa lacra ni siquiera ha sido tocada y menos curada, por ninguno de los gobiernos de derecha que se han sucedido en este país desde 2017.
Esta es una razón que exponen casi a diario y de manera pública muchos analistas, pero Noboa lo ignora, porque su prioridad es destinar los recursos que obtiene el estado al pago de la deuda pública externa, con el argumento de que esa estrategia generará confianza en los inversionistas extranjeros para que traigan sus capitales. Pero estos no llegan.
Lo que siempre llegó, con la generosidad que sus limitadas capacidades lo permiten, es la solidaridad cubana. Miles de jóvenes, particularmente de los estratos pobres, se han formado como médicos en la Escuela Latinoamericana de Medicina de la isla caribeña y trabajan en todo el territorio nacional con una ética de servicio a la comunidad que contrasta con el criterio rentista con el que forman a los médicos las universidades privadas.

Esa es la “injerencia” cubana en los asuntos internos de Ecuador: curar enfermos, salvar vidas. La “intervención” cubana en el campo de la salud alcanzó también a la Misión solidaria Manuela Espejo, de atención a las personas con capacidades limitadas, que tanto éxito logró en el país y del cual lucró inmerecido prestigio Lenin Moreno. Cuba aportó con su experiencia en el diseño y ejecución del plan, pero nunca reclamó un lugar en el medallero del programa.
La “intervención” cubana ha alcanzado también a otros campos como las artes y el deporte, en los que ha contribuido a la formación de figuras que han destacado en el campo internacional.
Gracias Cuba. Hasta pronto, no hasta siempre, porque más temprano que tarde, los pueblos de Ecuador y Cuba volverán a encontrarse en un abrazo solidario.
rmh/lo