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viernes 28 de agosto de 2026

25 de agosto: cuando el pueblo frenó el golpe

Por Paulo Cannabrava Filho

El 25 de agosto es una de esas fechas de la historia brasileña que deben recordarse. En 1961, el presidente Jânio Quadros renunció al cargo casi siete meses después de asumir el mando, sumiendo al país en una grave crisis política. Su renuncia, según todos los indicios, formaba parte de una maniobra: esperaba volver al poder en brazos del pueblo, fortalecido y con poderes ampliados. El cálculo fracasó, pero abrió el camino a un intento de golpe.

El vicepresidente João Goulart se encontraba en China en misión oficial. Según la Constitución, le correspondía asumir la presidencia. En aquella época, el presidente y el vicepresidente se elegían por separado.

Jânio había sido elegido por una coalición opositora al laborismo, mientras que Jango, del PTB, había recibido directamente el voto popular para la vicepresidencia. Sin embargo, los ministros militares decidieron impedir su toma de posesión.

Fue entonces cuando entró en escena Leonel Brizola, gobernador de Rio Grande do Sul y uno de los principales líderes del laborismo brasileño. Brizola se negó a aceptar la ruptura constitucional. Atrincherado en el Palacio Piratini, en Porto Alegre, organizó la resistencia y puso una emisora de radio al servicio de la defensa de la Constitución. Así nació la Cadena de la Legalidad.

La voz de Brizola traspasó las fronteras de Rio Grande do Sul. Emisoras de otros estados comenzaron a retransmitir sus pronunciamientos. La defensa de la toma de posesión de João Goulart se transformó en una movilización nacional.

Miles de personas rodearon el Palacio Piratini, dispuestas a resistir, mientras manifestaciones de apoyo a la legalidad se extendían por todo el país.

La resistencia popular y política impidió que el golpe se consumara en aquel momento. Para superar la crisis, el Congreso aprobó una enmienda que instauraba el parlamentarismo, reduciendo los poderes del presidente. João Goulart pudo finalmente asumir la Presidencia, aunque sujeto a las limitaciones del nuevo régimen.

Jango, sin embargo, buscó recuperar los poderes que la Constitución atribuía originalmente a la Presidencia. En enero de 1963, un plebiscito sometió la cuestión al pueblo brasileño. La respuesta fue contundente: la gran mayoría de los electores rechazó el parlamentarismo y decidió el retorno al presidencialismo.

João Goulart pudo entonces gobernar con plenos poderes constitucionales. Tanto durante la experiencia parlamentarista como tras la restauración del presidencialismo, su gobierno procuró dar continuidad a una concepción de desarrollo nacional heredada del trabalhismo de Getúlio Vargas: fortalecimiento del Estado, industrialización, defensa de las riquezas nacionales, ampliación de los derechos sociales y reformas estructurales.

La crisis de agosto de 1961 dejó una lección que sigue vigente. El golpe fue frenado gracias a la resistencia política, la movilización popular y la existencia de líderes dispuestos a defender la Constitución. Leonel Brizola comprendió en aquel momento que la legalidad y la soberanía popular eran inseparables.

Tres años después, en 1964, las fuerzas golpistas volverían a la carga y lograrían derrocar a João Goulart, interrumpiendo por la fuerza aquel proyecto nacional e instaurando una dictadura que duraría 21 años.

Por eso, recordar el 25 de agosto no es solo revisitar el pasado. Es recordar que la democracia no se sostiene por sí sola. Debe ser defendida por el pueblo, por las instituciones y, sobre todo, por un proyecto de país comprometido con la soberanía, el desarrollo y la justicia social.

rmh/pcf

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