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viernes 23 de enero de 2026

América Latina: Retomarelcamino de Bolívar, Martí, Fidel y El Che

Por Luis Onofa

La reciente agresión de Estados Unidos a Venezuela pone a los pueblos de América Latina en la alternativa de retomar el andar de Simón Bolívar, José Martí, Fidel, el Che y otros tantos líderes latinoamericanos que hicieron su propio camino para enfrentar el carácter expansionista e imperial de los círculos hegemónicos de aquel país.

El pensamiento y acción de aquellos líderes conforman un rico referente para los movimientos progresistas de la región. A su turno, cada uno de ellos le dejó al subcontinente su propio ejemplo. Le dijeron que no hay posibilidades de victoria o resistencia sin unidad o sin integración no solo militar sino política; le dijeron que la organización del pueblo, las alianzas y el aglutina miento de fuerzas, sin sectarismos, son indispensables; le enseñaron la importancia del vigor ideológico y el valor del liderazgo en el proceso de lucha; le subrayaron la necesidad del estudio y análisis riguroso y certero de la realidad; le manifestaron la necesidad ineludible de estar permanentemente conectados con el pueblo y de con cintizar le a éste en el idea rio por el que luchaban; heredaron para la posteridad una entrega apasionada y generosa a la causa de los pueblos, inclusive a costa de sus vidas.Todos sabían que luchaban contra fuerzas imperiales externas de su tiempo.

Bolívar formó un ejército multinacional para enfrentar y derrotar al colonialismo español. Martí abogó por la alianza y organización de todas las fuerzas políticas de su país para formar una fuerza, que igualmente expulsar a de su territorio al ejército colonial del imperio español. Martí valoró también la importancia de la organización como un factor clave para la lucha y por ello fundó un partido político. Fidel y el Che le dotaron de contenido social,dignidad, solidaridad, valor es éticos,principios morales y humanidad a suba talla. El propio Martí, el Che y Salvador Allende llegaron hasta el sacrificio de sus vidas. Y todos ellos vieron con claridad el ocaso de unos imperios y el nacimiento y desarrollo de otro que tenía nombre y apellido: Estados Unidos de Norteamérica.

Bolívar percibió la naturaleza imperial de ese país. En 1829, poco antes de morir,escribió su famosa frase: “Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad». Era temprano en la historia imperial de ese país. Recién se estaba fraguando su sello imperial. Pero ya estaba en disputa con las potencias europeas por el control de Latinoamérica. Circulaba por el llamado viejo continente, y también por el nuevo, la tentación de convertir a los nacientes Estados de la región en protectorados, virreynatos o lo que fuese, con tal de controlarla.

Por ello, seis años antes del presagio del Libertador, Whashington había lanzado al mundo la Doctrina Monroe, según la cual no permitiría que potencias extra continentales se inmiscuyeran en los países del sur de su frontera. Ese argumento ha sido utilizado por Washington durante los dos siglos posteriores, inclusive en el primer cuarto del actual, para fundamentar sus tropelías en la región. A ella acaba de recurrir, sin rubor alguno, Donald Trump para agredir a Venezuela.

Siete décadas después de Bolívar, el prócer cubano José Martí advirtió que su lucha por la independencia de España buscaba también impedir que Estados Unidos se apoderase de su patria, y alertaba que las pretensiones expansionistas de Washington se extenderían tambien al Caribe y el resto del continente. Martí murió al comienzo de la última etapa de la guerra independentista de la isla y no vio plasmados u presagio:Estados Unidos abortóelobjetivocubano de serun Estadosoberano y al final de la guerra de liberación quedó tutelando Cuba y sus riquezas.

A mediados del siglo XX, Fidel y el Che retomaron el ideario de Martí, y con su lucha no solo acabaron con el tutelajeestadounidense de su patria, sino que con suRevolucióntriufanteprecipitaron un período de rebeldíaen América Latina, que puso enpeligro la hegemonía de Washington sobre la región. Su banderafueelantiimperialismo, la justicia social, la solidaridadinternacional, la unidad e integraciónregionales,y firmezaen la defensa de principios.

La trayectoriatrazadaportodosellostieneahoramás valor que antes, cuandolos pueblos de América Latina enfrentanelreto de resistir la ofensiva de un imperio queintentaimponer, de maneradespótica, un régimen de usurpación de losrecursos naturales de la región, para sostenersusistemaeconómico y políticosustentadoúnicamenteenel mercado y la acumulación de dinero a costa de la dignidad y soberanía de los pueblos.

La estrategia o inclusive las estrategias, las tácticas y losrecursos con los que cuentanlos pueblos de América Latina para enfrentaresaofensiva del complejomilitarestadounidense,pueden ser múltiples. Peroentodasellas,retomar la heredad de sus lídereshistóridos es un recurso indispensable para la región, porqueésta le da unafortalezaespiritual que contrasta con la mercantilización y monetización, inclusive de la ética y la moral que caracterizanaesoscírculoshegemónicos.

Estos fundamentan la recuperación de su fortaleza imperial en los abundantes recursos naturales de su patio trasero.

Para ello están dejando en segundo plano viejas alianzas militares y financieras con las potencias europeas nucleadasen la OTAN, por ejemplo. “Los días en que Estados Unidos sostenía todo el orden mundial como Atlas han terminado”, reza su nueva estrategia de seguridad nacional, en la que la Doctrina Monroe es uno de sus ejes principales.

Si en el pasado esta doctrina buscó desalentar cualquier apetito de retorno de las potencias europeas a un continente que estaba liberándose del colonialismo español, ahora, con ella, Donald Trump intenta frenar la formación de un nuevo orden internacional multipolar en el que Estados Unidos perderá hegemonía.

Para cumplir ese objetivo, la nueva estrategia de seguridad nacional de Trump proclama, sin pudor alguno, ignorando principios internacionales de soberanía y dignidad, que América Latina y sus riquezas naturales son suyas y, en consecuencia, va a mantenerla “libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave”;aboga por ejercer una política exterior “realista”, que recurra por igual a la fuerza, la presión diplomática o económica, el premio a la sumisión, o al chantaje;niega el principio internacional de no intervención al postular que “la adhesión rígida al no intervencionismo no es posible”. Con ello se atribuye el derecho a intervenir en cualquier país, como lo ha hecho en Venezuela, y como sugiere que lo haría en México, Colombia o Cuba.

Se trata de una política peligrosa para América Latina porque implica el riesgo de conflictos armados,su sometimiento a los dictados de Washington y la perspectiva de que la renta de la explotación de sus recursos naturales vaya únicamente a las arcas de las transaccionales,como ocurrió en el pasado, sin garantía alguna de que ella satisfará las necesidades de sus pueblos. Estos no podrán enfrentar de manera individual esa estrategia agresiva de los círculos hegemónicos de Estados Unidos. Deberían hacerlo en forma conjunta, a la manera de sus líderes históricos. Para ello necesitan resolver sus desencuentros coyunturales internos, recuperar poder político y el vigor que tuvieron sus luchas en el pasado reciente.

arb/lo

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