Por Gustavo Robreño Dolz
El 23 de marzo de 1894 apareció en el periódico Patria, -editado en Nueva York como órgano de los independentistas cubanos con la colaboración de patriotas puertorriqueños y fundado por José Martí-, el enjundioso y esclarecedor artículo del Apóstol que éste tituló, de manera por sí significativa, como “La verdad sobre Estados Unidos”
Patria había visto la luz el 14 de marzo de 1892, de lo cual se infiere que el citado trabajo fue uno de los primeros análisis en ser suscrito por Martí para esa publicación, de lo cual también se deduce claramente el interés que tenía el Apóstol por exponer públicamente sus ideas a ese respecto, tras casi 15 años de radicar en ese país, en la ciudad neoyorkina principalmente.
Por otra parte, el título otorgado al mismo permite llegar a la conclusión de que Martí consideraba hasta esos momentos que mucho de lo conocido o divulgado acerca de la gran potencia surgida en el Norte estaba carente de reflejar con exactitud y rigor tanto las virtudes como los muchos vicios y defectos que en su repunte iba acumulando esa nación de vocación imperial.
En cuanto al conocimiento de tales apreciaciones martianas aquí en Cuba,se constata que fueron en buena medida ignoradas por la historiografía burguesa predominante en la República neocolonial y solamente recordada por algunos estudiosos, -marxistas o no-, como Emilio Roig de Leuchsenring, Julio Le Riverend, Juan Marinello. Cintio Vitier, Manuel Isidro Méndez y Manuel I. Mesa, por solo citar estos ejemplos.

Tanto esa verdad sobre Estados Unidos como la faceta antimperialista, fundamental en el pensamiento martiano, permaneció deliberadamente oculta a pesar de constituir parte esencial de su obra escrita y su oratoria.
Tampoco en el país aludido parece haber existido un vasto conocimiento de las profundas apreciaciones contenidas originalmente en Patria, una publicación de circulación relativamente escasa, distribuida con miles de sacrificios, restricciones y esfuerzos.
Desde el primer párrafo, Martí establece sabiamente su intención y aclara: “Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. No se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes”.
Hay otras observaciones también precisas como cuando escribe:“Es de supina ignorancia y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o grupo de ellas, como de una nación total e igual de libertad unánime y de conquistas definitivas: semejantes Estados Unidos son una ilusión o una superchería”.

Tal como las que anteceden, son así las apreciaciones martianas, plenas de matices y observaciones como esta: “…Ni con el deber de hombre cumple, de conocer la verdad y esparcirla: ni con el deber de buen americano, que solo ve seguras la gloria y la paz del continente en el desarrollo franco y libre de sus distintas entidades naturales:ni con su deber de hijo de nuestra América: para que por ignorancia o deslumbramiento o impaciencia, no caigan los pueblos de casta española al consejo de la toga remilgada y el interés asustadizo, en la servidumbre inmoral y enervante de una civilización dañada y ajena. Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos”.
En su párrafo final es definitorio, cuando se refiere a “aquellas calidades de constitución que, por su constancia y autoridad, demuestren las dos verdades útiles a nuestra América -el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos- y la existencia, en ellos continua de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos”.
¡Gracias, Martípor habernos hecho conocer tantas verdades!