Por César Del Vasto
Nada más difícil que un comienzo (Lord Byron)
Con el paso del tiempo, nos hemos apasionado con los sonidos y la poesía del arrabal porteño, hasta lograr construir nuestra investigación. Encontramos, a un panameño, vinculado a los orígenes de esta música mestiza, música de puerto, del arrabal.
El primer nombre, sale a la luz: Germán Mackay Gutiérrez (1842-1890) actor dramático, quien reclutado por la compañía de teatro (compañía O’Loghlin) hace gira con esta a Perú, Chile, Uruguay y Argentina.
A él se le adjudica la autoría del drama cantado “El negro Chicoba”, pieza a la cual le construye la música el pianista porteño José María Palazuelos, al cual algunos ortodoxos, le quieren ceder toda la obra del considerado por los investigadores musicales la primera nota de la canción porteña, entre 1866 y 1868.
Istmeños amantes de la música porteña

Indudablemente, Carlos Gardel (1890-1935) es el cantante principal en dar a conocer al mundola música de los despechados, románticos y peleones del puerto de Buenos Aires. A través de sus discos, canciones, y filmes, la humanidad conoció unos mensajes inolvidables, los cuales alcanzaron a sensibilizar a las almas más resentidas de un sistema violento e inhumano.
Al fallecer en Medellín, Colombia, desarrollaba una gira: Había pasado por Puerto Rico, Aruba, Curazao y Venezuela; y en Colombia, por Barranquilla, Cartagena, Medellín y Bogotá….El 19 de junio se presentó en el Teatro Nariño.
Y el 18 y el 20, en el Olympia, el más grande de Bogotá, luego de pedirle a la gerencia de Cine Colombia que le permitiera cantar ante un público más popular, que pudiera escucharlo a precios bajos. Solo faltaban dos presentaciones en Cali, en el Teatro Jorge Isaacs, donde se habían vendido cinco mil entradas.
[Al día siguiente, 24 de junio, Gardel y sus acompañantes debían continuar la gira en Cali. Para ello tomaron un avión piloteado por Stanley Harvey, que se dirigió primero a Medellín, para que asumiera la conducción del vuelo el célebre aviador Ernesto Samper Mendoza, propietario de la empresa SACO. Al momento de despegar del aeropuerto de Medellín, el avión sufrió el accidente que le costó la vida a Gardel y a sus acompañantes. Nota del autor.]
De allí, iría a Panamá y después a Cuba, para terminar en Nueva York, ciudad en la que grabaría dos películas. Culminaría el año en Francia, con una visita a su madre. Después, según decía, descansaría; se limitaría a la radio, los discos y el cine.
Su cuerpo, finalmente, sí atravesaría esas selvas y esas montañas colombianas, y lo haría por tierra, como él quería, en un periplo en el que sus restos viajarían de Medellín a Buenaventura, hasta llegar por barco a su querida Buenos Aires.
Finaliza, Emma Jaramillo Bernat, en un artículo por los 90 años de su partida a la eternidad, conmemorado el pasado 2025.
Lo que no dice la autora: Gardel fue enterrado primero en Medellín, pero luego Armando Defino ―su albacea― logró la repatriación del cuerpo. Para dicho fin, el féretro que contenía los restos mortales de Carlos Gardel debió realizar un largo recorrido que incluyó viajes en lomo de burro, carreta, tren y barco. Su cuerpo paseó por las poblaciones interiores de Colombia, luego fue a Panamá, (atravesó el Canal de Panamá) se lo veló en Estados Unidos, y llegó finalmente a la Argentina en barco hacia 1936.
Surge con Carlos Gardel, el modelo del cantor. Existían antes, y continuaron después, con sus propias personalidades, originalidad, estilos, voces, tonalidades, garbo, elegancia y destacados intérpretes musicales.
Panamá, no se restó. Hubo cuatro destacados tanguistas y también muchos más, pero logramos identificar a:
Oswaldo Ramón Eli, cantante, bailarín y guitarrista nacido en Panamá, y llamado artísticamente “El Valentino panameño” se define como amante del tango, desde inicio de los años 30 del siglo XX.
“Como panameño, estoy orgulloso de haber bailado en San Francisco de California, Hollywood, hasta Puerto Montt, un pequeño puerto marino en la zona más austral de Chile” manifestó en una entrevista a Eddy Arias, para la revista Vistazo en 1976.
Ramón estuvo en Ecuador, Perú, Chile, en Argentina dio y dio hasta hacerse amigo de Gardel, y estando ambos en Colombia, en Barranquilla, el “Morocho de los Abastos” como le dicen a Don Carlos, le invita a unirse a la comitiva, para continuar la gira en Colombia y luego Panamá.
Oswaldo Ramón, sostuvo una discusión con su compañera Eloisa Olmos, quien le retuvo en Colombia, y se despidió de Don Carlos. Al día siguiente sucedió la infausta muerte del cantante más querido de generaciones.

Luego trabajó en México, Guatemala, Miami, Nueva York, y conoció al compositor y cantante Agustín Irusta, con quien dio un concierto gratis y popular en el parque de Santa Ana, guardando una amistad desde 1941, entre ambos amantes de la canción tradicional porteña.
Es importante recordar, como afirma Ernesto Sabato: La Argentina es un país de inmigración y probablemente el fenómeno sociológico y espiritual de Buenos Aires, que pasó en 50 años de 200 mil habitantes a ocho millones, es único en el mundo. El crecimiento violento y tumultuoso de esta urbe, la llegada de centenares de miles de seres humanos esperanzados, una casi invariable frustración, la nostalgia de la patria lejana, el resentimiento de los nativos contra la invasión, la sensación de inseguridad y de fragilidad en un mundo que se transformaba vertiginosamente, el no encontrar un sentido claro de la existencia, la falta de jerarquías absolutas, todo expresado de una manera o de otra en esa propensión metafísica del argentino. (Seamos nosotros mismos, en: La cultura en la encrucijada nacional, Argentina, 1976, p97.)
Otro amante de estas melodías de trabajadores, es Víctor Villarreal y el Cuarteto Panameño de Tango, esta agrupación estaba compuesta por los músicos Tobías Plicet, violín; AristidesLamboglia, acordeón; Juan Villarreal, guitarra, y Víctor, vocalista, llamado El Morocho de la Lezna.
Esta agrupación grabó larga duración con diez canciones, entre ellas; Levanta la frente, Volvió una noche, Mano a mano, y Silencio.
Víctor Julio Gutiérrez, gran panameño-colombiano, promotor cultural es el director de esta producción, realizada en los Estudios Nacionales, en la década de los años 60.
Néstor de Icaza, cantante de tangos y boleros, se desempeñó como periodista, relacionista público, político, empresario propietario de Radio Musical, junto a su hermana Elda de Icaza, grabaron canciones emblemáticas del género portuario bonarense.
Gran amante de la música argentina de los puertos, poseía una envidiable colección de discos tangueros, que algún día, ojalá, puedan recuperarse. Su hermana, grabó el tango Caminito.
Guillermo Solano Castro, y su Trío Pana, fue destacado cantante de tangos, baladas, y hasta una salsa, con sus propios sellos. Fue autor original de sus canciones de tango, y algunas de estas se pueden disfrutar en las redes audiovisuales.
También se pueden considerar los tangos grabados por los cantantes; Gustavo Hernández, Toño de Roux, y Demóstenes Hassán, primo del popular Chino Hassán.
Para concluir, se realizó un documental sobre la canción de las calles, titulada “Alma de Bohemio” (1988), donde aparece la simbiosis de bardos cantores de boleros y tangos.
Estas imágenes, se acompañaron, con el paso del tiempo, con un poemario de nuestro intelectual neoclásico, Demetrio Fábrega, titulado “Tangos perdidos” (2008) con una carga emocional, sobre la vida, acompañada de notas universales de las melodías de ese gran gestor, el puerto de Buenos Aires.
Datos curiosos
Conozcamos los compositores que más grabó Carlos Gardel; Alfredo Le Pera, José Razzano, Juan Andrés Caruso, Guillermo Barbieri, Eugenio Cárdenas, Enrique Delfino, Enrique Cadícamo, Celedonio Flores y Francisco Canaro. No olvidemos, Gardel compuso 81 canciones, las aquí citadas van de 47 a 19 canciones.
En 2003 la voz de Gardel fue registrada por la Unesco en el programa Memoria del Mundo, dedicado a la preservación de documentos pertenecientes al patrimonio histórico de los pueblos del mundo.
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