Por Gustavo Robreño Dolz
No sería posible hablar del pensamiento, la vida y la obra de José Martí, Apóstol de la independencia de Cuba, sin obligadas referencias a los varios países de Nuestra América en los que vivió, estudió, profundizó, entabló sinceras amistades y dejó una huella indeleble que aún perdura y aún crece, recordándose no solo en tarjas conmemorativas y monumentos de granito.

Uno de ellos es, preferentemente, Guatemala, la hermana república centroamericana que le acogió a partir del 2 de abril de 1877, tras azaroso viaje por mar desde Progreso, en México y allí permanece por vez primera hasta noviembre del propio año en que regresa a México para contraer matrimonio con Carmen Zayas-Bazán y el 9 de enero de 1878está llegando por segunda ocasión hasta el 27 de julio del propio año en que, vía Honduras, el matrimonio regresa a Cuba una vez concluida la Guerra de los Diez Años, donde inicia una activa presencia que concluye en septiembre 25 de 1878 con una nueva pena de destreza impuesta por el colonialismo español.
A lo largo de todo ese período es referencia permanente de su vida la estancia en Guatemala, iluminada y difundida cuando en 1879 ve la luz en el vecino México su conocida obra “Guatemala”, así titulada, considerada hasta hoy por los predios intelectuales guatemaltecos y americanos en general como una de las obras más brillantes y de reflejo superior, hondo y afectuoso, del pueblo, la naturaleza y el carácter de ese país, sus costumbres, su vida y su gente.
No es de extrañar, por tanto, que como han recogido recientemente algunos medios de prensa regionales, los profesionales de la brigada médica cubana de colaboración“Henry Reeve”, que llegaron a esa tierra e 1998-hace más de veinticinco años-, como consecuencia de la tragedia y desastre natural del poderoso ciclón Mitch y que se prolongó sucesivamente hasta la fecha actual, han recibido la más cariñosa y agradecida despedida y la veneración del pueblo guatemalteco, de autoridades regionales de los territorios alejados y humildes, donde desempeñaron sus labores en medio de las condiciones materiales más difíciles aun, ante otros desastres naturales enfrentados.
Hasta lugares a donde nunca jamás había llegado un médico o una enfermera, lo hicieron estos hijos del pueblo cubano en más de dos décadas de labor silenciosa ya nónima. Fueron más de cinco mil los que por allí pasaron y, justo es consignarlo, solo recibieron afecto y atención aun en las circunstancias más complejas.
El fin de los trabajos de la brigada médica cubana se está cumpliendo por etapas y antes de fin de año debe haber finalizado, gradualmente, en medio de estas despedidas que se han reseñado y profundizan los centenarios sentimientos de fraternidad entre ambos pueblos que nada ni nadie podrá romper.
Nada ni nadie tampoco podrá borrar que en 1875 fue el gobierno independiente de Guatemala uno de los primeros en América en reconocer al gobierno de Cuba en armas como libre e independiente, mediante el decreto 138, motivando que el 11 de mayo en el artículo “Independencia de Cuba”, para la Revista Universal de México, Martí afirmara: “En aquel pueblo no mueren los mártires, sino para que mártires nuevos comiencen a nacer…”.

No puede olvidarse, asimismo, que el autor del actual Himno Nacional de Guatemala es el poeta cubano José Joaquín Palma, ilustre figura de las luchas por la independencia de Cuba, quién radicó por largos y fecundos años en ese país, amigo de José Martí ya compañante de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, el 10 de octubre de1868 en La Demajagua.
La reciprocidad, la solidaridad y la hermandad de los cubanos hacia Guatemala tampoco dejarán de existir y allí se continuará honrando la memoria de Guatemaltecos amigos eilustres como Guillermo Torriello, Manuel Galich, Miguel Ángel Asturias, JacoboArbenz, Juan José Arévalo, Luis Augusto Turcios Lima y tantos otros, de diferentescorrientes de pensamiento, pero reconocidos por su amor y respeto al pueblo de Cuba.
La historia inexorable nos lo impone una vez más: ¡Gracias, Guatemala!
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