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Frei Betto

Betto, Frei

Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, Frei Betto es autor de 60 libros de diversos géneros literarios –novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso. En dos ocasiones, 1985 y 2005, mereció el premio Jabuti, el reconocimiento literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores.

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Asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, ha participado activamente en la vida política de Brasil en las últimas cinco décadas.
 
 


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Darse una escapada

Por Frei Betto *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Todo cambia. Y, ahora, la sociedad cambia a una velocidad sorprendente. Antes, instituciones tales como el Estado, la religión, la escuela y la familia tenían marcos definidos. Eso le daba al ciudadano una sensación de solidez. El complejo institucional parecía tan bien entrelazado que todo intento de “darse una escapada por fuera” semejaba una aventura imprevisible o una falta de respeto a los pilares de la democracia.

Desde los tiempos tribales, las instituciones son estructuras colectivas o comunitarias que garantizan los parámetros que rigen nuestra convivencia social. Y el poder consistía en tener en las manos las riendas institucionales y la capacidad para determinar los rumbos del ordenamiento jurídico y la política económica.

Ese orden hizo implosión en este mundo unilateral hegemonizado por el neoliberalismo. Ahora tenemos jefes de Estado que atropellan los dictados constitucionales y no se comunican con la nación mediante pronunciamientos revestidos de una solemnidad protocolar, sino por redes digitales como Instagram, Twitter o Facebook. Es el caso del presidente de Brasil.

Mientras que la opinión pública manifiesta su indignación por el no esclarecimiento de los asesinatos de Marielle Franco y Anderson Gomes, la escalada de desempleo, el desmontaje de la atención de salud y los recortes a la educación, el presidente prorrumpe en un discurso rabioso contra los derechos indígenas y la preservación ambiental, y profiere una anacrónica diatriba anticomunista. Quijote al revés, el mandatario se muestra indiferente a los problemas reales de la nación y abre fuego contra los molinos de viento del “globalismo” y el “climatismo”.

Una vez que hacen implosión las reglas de la democracia, solo quedan la anarquía y la Ley del Talión. Como ya se advierte de forma virtual en las redes digitales.

La cuestión se repite con la desinstitucionalización de otros campos, como el de los medios de comunicación. Hoy, cada usuario de la red digital tiene sus propias fuentes de información y su público receptor de noticias, aunque sean sobre todo fake news. No importa el hecho, lo que importa es la versión del hecho. Y no se divulga para informar, sino para desvalorizar, con ofensas y amenazas, cualquier opinión contraria.

Eso tiene impacto, porque la psicología enseña que en el corazón guardamos más las ofensas que los elogios. La emoción se sobrepone a la razón. No queremos convencer, sino vencer. La verdad es lo que afirmo, el resto es ideología.

Ese debilitamiento de las instituciones es progresivo. Es como un juego de fútbol en el que cada jugador perdiera la noción del equipo y tratara de apropiarse de la pelota como si la victoria dependiera solamente de su desempeño. ¿Por qué pasarle la pelota al compañero si el mérito recae en quien mete el gol? Todos quieren meter su gol. Se desvanece la idea de cooperación. Se burlan las reglas del juego democrático. Se ve la realidad como un vasto videojuego en que el desafío consiste en exterminar a los adversarios y ganar la guerra. Es una coyuntura apocalíptica. Todos los avatares están convencidos de que libran la batalla final y se perpetuarán en el poder.

¿Cómo reaccionar ante tal coyuntura? ¿Cómo actuar en el marco de los parámetros democráticos si hay quienes, desde el poder, no muestran el menor respeto por ellos? Ahí reside el peligro.

Si los descontentos con la ola autocrática que corroe la democracia por dentro decidieran actuar con las mismas armas, reinaría el caos. Una vez que hacen implosión las reglas de la democracia, solo quedan la anarquía y la Ley del Talión. Como ya se advierte, de forma virtual, en las redes digitales.

De ahí la importancia de denunciar ese juego sin reglas y reforzar y perfeccionar las instituciones democráticas, para que sean efectivamente redes de protección de la ciudadanía y  ampliación de la democracia. De no ser así, la tempestad se hará diluvio.

ag/fb

 

*Escritor y asesor de movimientos sociales.