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Oscar Domínguez G.

Domínguez G., Oscar

Escritor, periodista y columnista colombiano, radicado en Medellín.

Nació en Montebello, Antioquia1945. En Radio trabajó en los noticieros de Todelar, RCN y Súper. En prensa, laboró en La República y en las agencias de noticias Ciep (Centro Informativo El País), Alaprensa y Colprensa de la cual fue director. Ha publicado los libros El hombre que parecía un domingo, Columna Desvertebrada, Historias del Eterno Femenino,  De Anonimato nadie ha muerto (diario de un pensionado), y ¿Adónde van los días que pasan?

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Con 69 años de edad, ejerce el periodismo desde hace 45 años.

Trabajó en los noticieros radiales de su país RCN, Todelar, Súper y GRC. Fue redactor político, jefe de redacción (7 años) y director (8 años) de la Agencia de Noticias Colprensa y corresponsal de Radio Francia Internacional.

Colaborador de los diarios El colombiano, El Tiempo, de Bogotá, La Opinión de Los Angeles y la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina.



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Vidas paralelos: Goyeneche y Trump

Por Oscar Domínguez G. *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

El profesor Gabriel Antonio Goyeneche fue un eterno candidato a la presidencia de Colombia entre los años 1958 y 1970. El presidente  Donald Trump, cuando fue candidato por primera vez, copió del profesor. De aquello, el crédito, derechos de autor, pocón.

El doctor Goyo propuso pavimentar el río Magdalena para unir el interior con la Costa. Trump sigue con la inguandia * de construir un muro en la frontera con México. Goyeneche soñaba utopías. Trump construye pesadillas. Trump “es un pobre que lo único que tiene es plata”. La riqueza de Goyeneche radicaba en su altiva pobreza. Se enfermaba de lo que podía, no de lo que quería.

Como Trump  no tiene la exclusiva sobre propuestas bobas, diría que el candidato republicano se benefició de un mejunje inventado por su colega de Macondo para mantener abundante su peluquín.

Cuando le preguntaron por qué no utilizaba su invento para poblar su desentejada cabeza, el buenazo del Gabriel Antonio explicó que no estaría bien inventar cosas para su propio beneficio. A cada paso, Goyeneche, estaba dando lecciones de su ética que era al mismo tiempo su estética. La educación era la niña consentida de su ideario. Trump madruga a ser maleducado con el que diga pago. Y con el que no también.

Don Goyo, como le decían sus 33 votos cautivos de la Universidad Nacional, estuvo tres años en el manicomio de Sibaté. Trump es un peligroso Sibaté ideológico que camina. Mafalda diría que el mundo está enfermo de Donald. El profesor tenía la castidad por cárcel. Trump lleva tres esposas, dos de ellas inmigrantes, y no le gustan los números impares. En sus ocios es misógino rabioso. Con razón, su tercera mujer, Melania, la bella de hielo, le hace desplantes en público. Don Gabriel no se enamoró ni de la sota de bastos.

Goyeneche siempre fue bueno como el pan. Trump “también tampoco”, como decía una empleada doméstica que se me tomaba el ron.  Goyeneche confundía el amor con un policía acostado. Sus amores incestuosos no pasaron de la mencionada sota de bastos.

Que no se entere Trump de que Goyeneche propuso construir una marquesina en Bogotá para que la gente no se mojara. También soñó con llevarse el agua de Bogotá para los Llanos Orientales. El presidente made in USA se inspiraría en esas propuestas goyenechescas para su provecho.

De Goyeneche es la gloriosa divisa de “ser incorrupto de día y de noche”. Ojalá el rico epulón del norte y no sólo él, todos los políticos de la aldea global- incorporen a su menú ideológico esta divisa del iluso profesor. El boyacense no gustaba de la fotografía porque solo muestra lo externo. Y lo mejor de él estaba por dentro. Trump sin fotoshop se va de bruces.

De lejos prefiero las propuestas de Goyenche de convertir la chicha en champaña, o echarle anís a los ríos para convertirlos en aguardiente, a las ideas xenófobas y racistas del pato Donald Trump.

La aldea global se merece que en las propuestas de Trump esté la cuota inicial de su derrota en la segunda aspiración en marcha. Desde el bien ganado Walhalla en que se encuentre, pido a Gabriel Antonio que no me vaya a “jalar” las de subirme al bus por ponerlo en tan mala compañía…

ag/odg

 

*Escritor y cronista colombiano.