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miércoles 10 de agosto de 2022

Presencia china en Panamá

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Antes de referirnos a la presencia china en Panamá, contextualicemos: Los chinos en AbyaYala o América.

Contrario a lo aprendido durante siglos, los chinos llegaron 1,080 años antes que Cristóbal Colón (1492) al continente americano o AbyaYala. Fue el monje budista Fash Sien o Hu Sien quien en 412 d.c. navegó 1,800 kms desde el norte de China hacia el Este y encontró tierras desconocidas a las que el historiador de la Dinastía Tang, YaoShi-chien, llamó “ La Tierra del Fu Shan o Fusang”, que se corresponden con México y Mesoamérica, donde dejaron evidencias de su visita. El acontecimiento aparece en los textos escolares de esa nación asiática de la época.

Este hecho deja por fuera las migraciones chinas o mongólicas desde el Asia Oriental hacia nuestro continente a través del Estrecho de Bering, que dieron origen al hombre americano.

Pero según la teoría de GavinMenzies, en 1421 los chinos llegaron a América, 72 años antes que el genovés. Ese año, los asiáticos, bajo el emperador Zhu Di, habían completado la Muralla China y abierto el canal más largo del mundo, de mil 800 kilómetros.

Zhu Di construyó 359 naves, cada una siete veces más grandes que las españolas. Bajo el Almirante Zheng He, China exploró el mundo, incluso desde el hemisferio sur en gracia a sus conocimientos avanzados de Astronomía. De este modo, según Menzies, los chinos llegaron a América.

Panamá: El primer ferrocarril interoceánico del mundo

Los primeros chinos llegaron a México, Cuba y Estados Unidos entre el siglo XVII y el XIX. A la mayor de las Antillas llegaron 150 mil trabajadores y a Perú, 100 mil.

A Panamá llegó un número incalculable de culíes chinos para construir el primer ferrocarril interoceánico del mundo. Vinieron de varios puertos de Estados Unidos, de China (Cantón, Hong Kong) y de áreas circundantes (Filipinas e Indonesia). Llegaron engañados con falsas promesas y bajo un régimen de semiesclavitud.

La empresa que los contrató debía reemplazar a los trabajadores europeos que habían abandonado el proyecto por la infinidad de penurias, enfermedades y especialmente del mosquito que traía la fiebre amarilla, entonces desconocida.

A los chinos los maltrataron en todo sentido y los sobreexplotaron, debido a que la empresa (Panamá Railroad) tenía plazo para terminar la obra y, en caso de incumplimiento, el proyecto pasaría a ser propiedad de Colombia o Nueva Granada.

Su situación se agravó cuando la empresa les pagó con opio, a objeto de aumentar su resistencia al dolor, pero una ley súbita de Estados Unidos prohibió el opio como forma de pago. La empresa olvidó pedir un último cargamento de opio como reserva, y los chinos cayeron en la desesperación hasta llegar al suicidio, que adoptó múltiples formas.

Antes de suicidarse, los chinos culminaron la obra, no sin antes ser reprimidos por alguaciles y mercenarios a sueldo de la empresa de conformidad con el Tratado Mallarino-Bidlack de 1846, que les garantizaba al gobierno de Estados Unidos el derecho de mantener la neutralidad de la vía férrea primero y luego el canal interoceánico.

Nunca se supo cuántos murieron porque la empresa no llevaba registros de los trabajadores “de color”. Sin embargo, se sabe que murieron miles de trabajadores caucásicos o blancos y que los culíes chinos fallecidos los superaron ampliamente.

Los siete sobrevivientes fundaron la Sociedad China en 1873, la primera sociedad extranjera en Panamá, y construyeron el Cementerio Chino.

El canal francés

canal-frances

Durante 1880-1885, se contrataron a cinco mil chinos para construir el canal de Ferdinand De Lesseps, pero algunos murieron en la travesía. El proyecto fracasó aparatosamente y dio lugar al apodo de Panamá como el “Escándalo de Panamá”.

Los ricos iniciaron campaña contra los chinos y fundaron en 1899 la “Sociedad Antichina”. Por microfilms del Cónsul de Estados Unidos en Panamá, me enteré que las tropas colombianas, en el teatro de la Guerra de los Mil Días” expropiaron o robaron aproximadamente 300 millones de dólares oro a familias chinas de las provincias centrales.

Las familias se quejaron ante el cónsul y elevaron su reclamo ante su embajador en Washington, sin éxito.

El canal norteamericano

Ante la inminencia de la construcción del canal actual, muchos chinos llegaron a Panamá pero, desafortunadamente se estableció la prohibición en 1913, de contratar a judíos, chinos y otras nacionalidades.

No obstante, muchos ya estaban enganchados con la Compañía del Canal de Panamá, cuyo ingeniero y administrador, teniendo en cuenta el éxito de los chinos en California, los prefería por encima de otras nacionalidades.

Pero la discriminación contra ellos arreció, y se impusieron impuestos onerosos exclusivamente a los chinos desde 1923; se cancelaron como “fraudulentos” los certificados de nacimientos de descendientes de chinos y se emitieron 60 leyes contra esos ciudadanos.

Arnulfo Arias y su xenofobia antichina

Arnulfo-Arias

Con la llegada al poder de Arnulfo Arias, se exacerbó la histeria antichina. El presidente ordenó expropiar a los chinos, y muchos paisanos que no estaban legalmente casados, tuvieron que casarse hasta con sus empleadas para salvar sus negocios y pertenencias.

Mis padres, que estaban casados desde cuando se conocieron en Tonosí, provincia de Los Santos, vivían – vivíamos — en Pocrí de Aguadulce en ese período.

Mi padre fue perseguido y tuvo que esconderse en las montañas tanto de Coclé como de Veraguas. Perdimos muchos negocios, entre mercancía, vehículos, dinero y, por supuesto, la propiedad de los terrenos. Tuvo que emigrar a Panamá y emplearse como Supervisor de Inventario en Panama Canal Company. Renunció pronto y abrió otro negocio en la capital.

“Venganza dulce”

Pero la vida da muchas vueltas. En 1968, luego de desplegarme contra los tratados Robles-Johnson, el presidente electo, Arnulfo Arias me contactó a través de Pepe Ehrman y me solicitó un favor.

Arias me estaba sumamente agradecido, pues decía que yo había colaborado mucho a su triunfo y quería copias de algunos de mis artículos que le faltaban. Dijo que publicarían mi libro en edición masiva, pero a mitad de camino se arrepintió. El hecho es que me invitó a su casa para conversar, ¡y yo lo dejé esperando!

rm/jy

*Analista Internacional, exasesor de política exterior del general Omar Torrijos.
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