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jueves 15 de enero de 2026

Trump contra el planeta. Esto apenas está comenzando

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Muchas personas asumen que las acciones de Donald Trump están signadas por un desorden mental del presidente. Tratando de confirmar esa situación, investigué al respecto y en un artículo publicado el pasado 16 de julio bajo el título “¿Es Trump un loco o un típico niño rico extasiado por sus perversiones?” informaba del historial delincuencial y falsificador de la realidad de los antepasados directos de Trump.

Ahora, intentando ampliar al respecto consulté a una especialista para que me ilustrara sobre el asunto. Ella me refirió al “ManualDiagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales” (DSM-5) que es la herramienta taxonómica y diagnóstica publicada por la Asociación Americana de Psiquiatría y que en su Quinta Edición ha actualizado la de 2013.

Según el DSM-5, la personalidad narcisista (Trastorno de Personalidad Narcisista-TPN) es un patrón dominante de grandiosidad (en fantasía o comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía. Algunas de sus características refieren a una autopercepción de magnificencia (hasta un delirio de grandeza), prepotencia, exageración de los logros propios (a veces en su fantasía) y esperanza de ser reconocido como un ser superior.

Así mismo, se manifiesta una absorcióndefantasías de éxito que llevan al paciente a creerse especial y único en sus relaciones por lo que solo se vincula con sus iguales. De la misma manera, expresaun sentimiento orientado al merecimiento deprivilegios no razonables que explota a su favor y aprovecha para sus propios fines.

Revela rencor injustificado, no es empático y no reconoce las necesidades o sentimientos delos demás. En ese marco, es envidioso y también siente que lo envidian a él. Otros síntomas son la impulsividad y la necesidad de ser admirado para lo cual exterioriza arrogancia y aires de superioridad.

Hasta aquí lo que expone el DSM-5, considerado la “biblia” de los psiquiatras y sicólogos estadounidenses y una referencia mundial.
Consulté la opinión personal de la especialista a este respecto. Me explicó que Trump llena todos los criterios, es decir posee una personalidad narcisista yuna conducta antisocial, toda vez que no cumple con las reglas, vulnera los derechos de los demás, engaña sin culpa, es impulsivo pero también planifica con antelación sin ningún sentimiento empático o de remordimientos.

Concluye que el cuadro es muy complejo ya que se suma a la posición que ocupa, lo cual exacerba todos los criterios. Así mismo, reflexiona en torno a que se podría considerar que “el paciente” también sufre de un “Delirio de grandeza” o “megalomanía”que el DSM-5, define como un tipo de delirio grandioso, una creencia fija y falsa de su propia importancia, poder, conocimiento o identidad exagerada, que no se basa en la realidad y que persiste a pesar de la evidencia. En esta medida, su actitud mesiánica que lo hace autodefinirse como “salvador del mundo” le hace suponer que puede engañar a todos por su ambición desmedida.

Como dice la especialista consultada, esto no pasaría de ser un tratamiento natural sino fuera porque estamos hablando del presidente del país más poderoso que es dueño de las fuerzas armadas más grandes del planeta, poseedor de un vasto arsenal nuclear suficiente para hacer desaparecer al ser humano de la faz de la tierra.

Pero sigo creyendo que la personalidad de Trump, siendo un factor importante, no es el decisivo en sus motivaciones para actuar como lo hace. La personalidad de un individuo es parte de los factores subjetivos que influyen, pero lo determinante es lo objetivo, y eso viene dado por los intereses que se defienden.

En el caso de Trump, los de ese 1% que controlan el Complejo Militar Industrial, el sistema financiero, las grandes empresas energéticas y las transnacionales farmacéuticas, ligadas por un hilo conductor común: el narcotráfico. No se trata de que no entre droga a Estados Unidos, sino que lo haga de forma ordenada para que sin impedimentos la ganancia fluya por el sistema financiero.

Lo más preocupante es que este personaje con su trastorno narcisista y sus delirios de grandeza, al igual que su mentor Adolfo Hitler, ha adoptado la ideología nazi como orientadora de su gestión de gobierno. Sin embargo, a diferencia del siglo pasado cuando el mundo se unió para luchar contra el espectro del nazismo, hoy una buena cantidad de países, especialmente algunas de las más importantes potencias, parecen cómodas conviviendo con él.

En el caso de Venezuela, la única manera que Estados Unidos tiene a la mano para instalar a la oposición en el poder con el objetivo de controlar un gobierno afín que le permita apropiarse de las grandes riquezas del país y matar el ejemplo que significa Venezuela para la región es a través de una invasión y una guerra directa, pero eso es muy difícil de “digerir” por la opinión pública de Estados Unidos en la actualidad, por lo cual dicho objetivoha tenido que ser pospuesto por ahora. Pero van a insistir en ello en el futuro, haya gobiernos republicanos o demócratas hasta que constaten que la voluntad de resistencia y victoria del pueblo venezolano no tiene fecha de caducidad.

Eso es lo que explica la declaración de Marco Rubio en el sentido de que Venezuela es un país inseguro para los ciudadanos estadounidenses, pretendiendo con ello refutar la idea que comienza a tomar forma en el establishment de Estados Unidos de que en Venezuela hay tranquilidad y estabilidad, lo cual le permite volver a las empresas petroleras, sacadas del país por las sanciones de Obama, Biden y Trump. La opción de Rubio es María Machado pero no ha logrado convencer totalmente a Trump de ello.

Mientras tanto, la situación interna de Estados Unidos no es la mejor para Trump. Lo ocurrido en Minneapolis cuando un oficial del ICE (la “Gestapo” de Trump) asesinó a una inocente mujer blanca de clase media, poeta y madre de tres hijos a quien Trump y el vicepresidente Vance caracterizaron de ultraizquierdista y terrorista, ha destapado una vez más la podredumbre del sistema político estadounidense que da cuenta que en este país una persona merece morir, sin pasar por un juicio, por pensar diferente. El odio al ICE que se está incubando en la población, podría ser un elemento aglutinador de la impotencia del pueblo estadounidense.

Antes del secuestro del presidente Maduro, se produjo el intento de asesinato del presidente Putin en su residencia y después, el domingo 11 de enero, durante el mismo día, Trump amenazó sucesivamente a Groenlandia, México, Cuba e Irán. El apremio y coacción del presidente estuvo dirigido a América Latina y el Caribe, Europa y Asia, casi todo el mundo.

A ello se le suman eventuales ataques en la frontera colombo-venezolana con la venia del presidente Petro, que, asustado, ya lo anunció.Elabandonode Estados Unidos de 66 instancias multilaterales apuntan a que solose mantendrá en aquellas donde puede imponer su criterio sin cortapisas, en especial el Consejo de Seguridad de la ONU, ente inoperante mientras exista el derecho a veto.
Como colofón de esta desquiciada política, la noticia de la intención de Trump de elevar el presupuesto militar en un 50 % proyectando una cifra histórica de 1.5 billones de dólares es un claro mensaje al Complejo Militar Industrial a quien le promete aumentar sus ganancias a cambio que hagan a las fuerzas armadas de Estados Unidos más poderosas y dominantes. Llegó al punto de amenazarlas con prohibir dividendos y recompras en caso de no producir armamento al ritmo que Trump requiere.

Todo esto ha prendido las alarmas al interior de las élites, temen un proceso de desplome del sistema político de Estados Unidos e incluso la pérdida de su condición de república que se sustenta en un régimen de democracia representativa liberal que está siendo vulnerado.

Existe el temor de que Trump esté instaurando una dictadura, toda vez que ya el 6 de enero de 2021 demostró que no cree en la alternabilidad y los hechos recientes corroboran que tampoco le importa la separación de poderes, dos pilares fundamentales de este sistema de democracia liberal.

Deben estar considerando que una encuesta de opinión pública realizada por el canal de televisión chino CGTN en todo el mundo señala que el 93,5 % de los encuestados cree que Estados Unidos, al perseguir el unilateralismo, se ha colocado en oposición a la comunidad internacional. Además, el 91,7 % piensa que reformar el sistema de gobernanza global es una prioridad urgente.

Desde otra perspectiva, el periodista estadounidense, Tucker Carlson, firme apologista de Trump cuando llegó al gobierno y ahora un feroz crítico de sus actuaciones a pesar de ser un referente del grupo MAGA, aseveró que la reciente agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela “marca un punto de quiebre histórico y confirma la transformación de su país de una república constitucional a un imperio que actúa al margen de sus propias normas democráticas”.

Afirma que, el país ha entrado en una “fase imperial”, caracterizada por la concentración del poder en el Ejecutivo y el papel marginal del Congreso que ha sido “relegado e ignorado”, incluso en decisiones de guerra.

Coincidiendo con otras opiniones, Carlson también sostiene que “Estados Unidos ha dejado de ser una república y ahora es un imperio”, aseveración que hace al constatar que el Congreso no fue consultado para realizar la operación militar contra Venezuela, “en abierta violación del equilibrio constitucional”, lo que conlleva un debilitamiento progresivo del poder legislativo que ya está en marcha.

Todas estas actuaciones que son premisas del pensamiento político de Trump se pueden encontrar en “Mi lucha” la obra más distintiva del ideario hitleriano: supremacismo, racismo, expansionismo, destrucción del Estado de derecho y de la democracia liberal, violencia, corrupción, represión y persecución de las minorías.

El propio Trump se ha encargado de explicar su axiomacuando ha dicho que no necesita el derecho internacional. En una entrevista con The New York Times se le preguntó si había algún límite a sus poderes globales respondiendo que: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”. Y agregó que todo dependía de la definición que cada quien haga del derecho internacional.

No soy como muchos un seguidor del filósofo ruso Alexander Dugin, pero debo reconocer que ahora coincido con él cuando dice que está seguro de que en este momento, “al observar lo que sucede en la política global, todos han comprendido finalmente que el derecho internacional ya no existe”.

Y comparto con él que si el sistema internacional heredado del fin de la Segunda Guerra Mundial ha muerto, ha llegado la hora de crear un nuevo sistema internacional de derecho lo cual se ve bastante difícil porque ni China ni Rusia parecen estar interesadascuando cualquier sistema internacional alternativo en la actualidad, solo puede surgir de la decisión de estas dos grandes potencias y algunos otros países, tal vez aquellos que están agrupados en BRICS, aunque esta instancia siempre estará limitada por la actitud eternamente pusilánime y cobarde de la diplomacia brasileña.

Refiriéndose a Rusia, su país, Dugin, como siempre, es muy contundente: “Quizás este año tengamos que participar en una ´lucha planetaria de todos contra todos`, durante la cual se determinará el futuro, el orden mundial correspondiente y el sistema de derecho internacional. Actualmente, no existe ninguno. Pero debe haber un derecho internacional que nos permita ser lo que debemos ser: un Estado-Civilización, un mundo ruso. Esto es lo que debe conceptualizarse lo antes posible”. Como siempre es tremendista que es lo que hace que yo no sea su seguidor asiduo, pero lo cito porque me parece que este párrafo dimensiona la profundidad del problema.

Pero Dugin no es el único que piensa de esta manera. En la trinchera del frente, en un análisis publicado por la revista Foreign Affairs -tal vez el instrumento más relevante para la discusiónsobre la política exterior estadounidense y los asuntos internacionales de ese país-se hizo un alerta contundente sobre lo que denomina “un colapso definitivo y sin precedentes en el orden jurídico internacional, a raíz de la intervención militar de EEUU en Venezuela el pasado 3 de enero”.

El informe agrega que con esta acción, la administración Trump ha abandonado para siempre cualquier intento de apegarse al derecho internacional, amenazando además con dar continuidad a esta decisión tras manifestar abiertamente sus ambiciones de anexión sobre Groenlandia, “reemplazando el derecho global por una doctrina de fuerza unilateral”.

El artículo señala que:“Un sistema de reglas puede sobrevivir a cierta hipocresía, pero el nihilismo lo derribará”.Con esto se trata de decir que la administración Trump “ya no busca justificar sus movimientos con argumentos legales, en realidad no le interesa, prefiriendo la imposición de políticas directas vía redes sociales, carentes de transparencia o explicación formal”. De ahí la inutilidad de apelar al derecho internacional y la inoperancia de recurrir a la ONU y a su Consejo de Seguridad.

Continuando, Foreign Affairs afirma concluyente: “Este fenómeno, catalogado por analistas como ´nihilismo político`, representa una amenaza directa para el orden internacional establecido tras 1945. Al prescindir de cualquier pretensión de legalidad, la administración Trump envía la señal de que Estados Unidos ya no se considera vinculado por normas o tratados globales”.

Incluso, Viacheslav Volodin, presidente del parlamento ruso, al abrir sus sesionesel pasado martes 13 de enero tras el receso de Navidad y fin de año,denunció que se corre el riesgo de “un mundo sin reglas” y la violación de la soberanía de los países. Volodin consideró que se “ están erosionando los principios del derecho internacional acuñados tras la Segunda Guerra Mundial” y culpó de ello a los países occidentales.

Ahora, obsesionado con obtener Groenlandia a cualquier precio, Trump está incluso amenazando con destruir el formato de control mundial establecido por el mismo Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Considera que las normas del orden internacional surgido en 1945son “cargas innecesarias para una superpotencia como Estados Unidos”. Incluso se atrevió a decir que los presidentes Putin y Xi Jinping no pueden utilizar una lógica similar a la que él ha planteado porque eso perjudicaría a Estados Unidos y no lo iba a aceptar, lo cual es un golpe contundente a la multipolaridad que se pretende construir como alternativa y al propio grupo BRICS, que parecía ser el principal referente de esa opción.

Esto apenas está comenzando pero no tengo duda que aun siendo de difícil pronóstico, conducirá a cambios profundos y trascendentes para el planeta…esperemos que para mejor.

arb/srg

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