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viernes 21 de agosto de 2026

Hace 66 años…

Por Las Declaraciones de La Habana: en momentos decisivos

Por Gustavo Robreño Dolz

Mucho trabajo y mucha polémica trae entre los historiadores e investigadores ponerse finalmente de acuerdo acerca de cuáles son las etapas fundamentales en el decursar de los procesos históricos, cuáles sus momentos decisivos o cuáles sus generaciones actuantes.

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En el caso del proceso abarcador de la Revolución Cubana, esta no ha sido la excepción y a lo largo de las seis décadas transcurridas- y aún antes del triunfo del 1º de enero de1959- han abundado diferentes interpretaciones sobre los momentos que pudieran considerarse decisivos o cruciales para la continuación de esta epopeya y su papel ya descollante por muchas razones en la historia de la humanidad.
Un intento válido por contribuir al esclarecimiento de esta cuestión en el caso cubano fue brillantemente realizado- a nuestro juicio- por el inolvidable y relevante estudioso de la comunicación y el periodismo Julio García Luis en su obra “45 grandes momentos”, que la editorial Ocean Press dio a conocer.

Los momentos reseñados aquí tienen lugar en los meses iniciales de 1960- se cumplen ahora, por tanto, más de 65 años- y están directamente relacionados unos con otros. Evidentemente, formaron parte de una misma estrategia que debía culminar en la intervención militar directa, en la agresión contra Cuba y el eventual derrocamiento de la Revolución Cubana en medio de un horrible baño de sangre y destrucción con que el gobierno imperialista de Estados Unidos pretendía mostrar a los pueblos de América Latina y el Caribe, a manera de castigo ejemplar, cual sería el final de los intentos emancipatorios y liberadores que pudieran surgir en el continente inspirados en el ejemplo cubano.

Los planes de agresión originalmente elaborados por el gobierno imperial de Eisenhower otorgaban una participación relevante a la nauseabunda OEA, no tan desacreditada mundialmente y ello los convenció de utilizar al citado Ministerio de Colonias de Washington inspirados en la intervención contra Guatemala de 1954, habiendo desembocado en la fracasada y ridícula reunión de cancilleres de San José, Costa Rica, en agosto de 1960, dando motivo a la convocatoria a la Primera Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba el 2 de septiembre de 1960 en la Plaza de la Revolución de La Habana, Fue la más grande, masiva y numerosa concentración popular conocida hasta entonces en la historia de Cuba, donde Fidel Castro pronunció la histórica Declaración de La Habana, que años después se convertiría en la Primera.

El propósito imperial combinaba el aislamiento diplomático y la ruptura de relaciones por parte de todos los países latinoamericanos- ya Estados Unidos lo habían hecho en enero del 61- la exclusión de la OEA y las medidas de asfixia económica, financiera y comercial por parte de Washington. Su vertiente más siniestra fue el lanzamiento de la llamada Operación Mangosta, un plan secreto de operaciones terroristas dirigido por el Grupo Especial 5412, creado por el presidente John F, Kennedy al mando de los generales Maxwel Taylor y Edward Lansdale, quienes se habían propuesto en ocho meses dar culminación exitosa a sus planes, según documentos oficiales yanquis.

La conjura contra Cuba encubría también una insaciable sed de venganza por la bochornosa derrota sufrida por los mercenarios y por sus propias fuerzas acompañantes en la frustrada intentona de Playa Girón pocos meses antes.

II

En diciembre de 1961 la OEA había aprobado convocar. por presiones del gobierno de Estados Unidos, a la titulada octava reunión de cancilleres en Punta del Este, Uruguay la que tuvo lugar en el hotel-casino San Rafael y a la cual asistió la delegación cubana encabezada por el presidente Osvaldo Dorticós acompañado por el canciller Raúl Roa y el Dr. Carlos Rafael Rodríguez. Días antes Fidel había dicho que “Cuba va a librar en Punta del Este una batalla por toda la América, puesto que esa batalla se está librando alrededor de un principio clave, fundamental: el derecho a la autodeterminación de los pueblos, el derecho a la soberanía de los pueblos…”

Como se esperaba, fueron intensos los cabildeos, las presiones, las amenazas y los chantajes y hasta corrieron el dinero y las promesas de todo tipo para lograr la exclusión de Cuba, alegando que “el actual gobierno de Cuba, que oficialmente se ha identificado como un gobierno marxista-leninista, es incompatible con los propósitos y principios del Sistema Interamericano”.

A pesar de todo, la inverosímil resolución- contraria incluso a lo establecido por la propia Carta de la OEA- fue aprobada por solo un voto de diferencia con respecto a los dos tercios necesarios:14 votos a favor, uno en contra (Cuba) y seis abstenciones (Brasil,. Chile, Bolivia, Ecuador, Uruguay y México).

En definitiva, Cuba se liberó de la OEA y a ese engendro, cada vez más desprestigiado y escarnecido, no regresará jamás, El general de ejército Raúl Castro lo precisó no hace mucho tiempo cuando recordó la frase martiana de que “tendrían que unirse el mar del sur y el mar de norte y nacer una serpiente de un huevo de águila”.

III

Simultáneamente con las agresiones políticas y diplomáticas, el fomento del terrorismo y la organización y financiamiento de las bandas armadas contrarrevolucionarias, especialmente en zonas montañosas donde llegaron a ser 42 en esos momentos, se recrudecieron las medidas de sanciones económicas hasta extremos nunca antes vistos. A los recortes ya efectuados en las exportaciones de petróleo y otros productos, así como la suspensión de la cuota azucarera cubana en el mercado de EE.UU. se sumó la Orden Ejecutiva Presidencial 3447, firmada por el presidente John F, Kennedy el 3 de febrero de 1962 puesta en vigor el día 7 de ese mismo mes a las 12:01 a.m.
Se establecía, de este modo, el bloqueo total sobre el comercio entre EE.UU y Cuba. Según las propias normas jurídicas estadounidenses, era un acto ilegal pues este país aceptaba hasta entonces los acuerdos de la Conferencia Naval de Londres en 1909, que reconocían al bloqueo como “un acto de guerra” solo posible entre países beligerantes tras una declaración formal de guerra.

De ahí nació la aplicación del falaz concepto de “embargo” que aún hoy utiliza el gobierno de ese país cuando se refiere al bloqueo contra Cuba, siendo en realidad la implantación de una red global de hostigamiento y persecución a todas las actividades comerciales y financieras que Cuba realiza en cualquier parte del mundo y de forma extra territorial.

Esta Orden Presidencial fue posteriormente reforzada y codificada mediante las leyes congresionales Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996), agudizadas por las 243 medidas coercitivas unilaterales dictadas por la Administración Trump, todas vigentes hasta nuestros días.

IV

Como era de suponer, el pueblo cubano no permaneció callado ni indiferente al cúmulo de agresiones, campañas mediáticas, mentirosas y calumniosas y ataques de todo tipo. La respuesta consciente, masiva y multitudinaria del pueblo no se hizo esperar y respondiendo al llamado de Fidel y la dirección revolucionaria se concentró en Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba el 4 de febrero de 1962 en la Plaza de la Revolución, en horas de la tarde.

Más de un millón de personas sumó la extraordinaria demostración nunca antes vista, que estremeció La Habana y trascendió a América y al mundo como muestra inequívoca de que Cuba no estaba dispuesta a rendir ni a entregar su Revolución, -ya proclamada socialista,- de que su pueblo estaba listo a defender su soberanía e independencia, a cumplir el compromiso ineludible con sus héroes y mártires, a defender la justicia y la paz y, sobre todo, la solidaridad inquebrantable con los hermanos latinoamericanos y caribeños.

La Segunda Declaración de La Habana, así aprobada hace más de seis décadas y hoy totalmente vigente, fue leída por Fidel ante la multitud enardecida y a la vez receptiva de un documento histórico y de análisis profundo, únicamente comparable al ensayo martiano Nuestra América que más de medio siglo antes fuera también bellamente redactado.

Que la Primera Declaración de La Habana se inicie “Junto a la imagen y el recuerdo de José Martí” y la Segunda enfatice en que “esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar…” no es nada casual, como tampoco lo es que ambas concluyen con la consigna eterna, que ha sido y será siempre cumplida: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

Son momentos decisivos para no olvidar.

rmh/gr

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