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Victor Ego Ducrot

Ego Ducrot, Victor

Periodista, escritor y docente universitario argentino. Doctor en Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina; profesor titular de Historia del Siglo XX (Cátedra II) en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, donde también tiene a su cargo seminarios de posgrado y doctorado sobre Intencionalidad Editorial (Un modelo teórico y práctico para la producción y el análisis de contenidos mediáticos); Medios de Comunicación y Criminología: Análisis y Producción Crítica de Narrativas sobre Delito, Crimen y Violencia; Ensayo Periodístico o Periodismo de Ensayo e Historia: Urgencias y mutaciones en el tránsito en los Siglos XX y XXI.

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Columnista en medios argentinos y latinoamericanos. Fundador y actual director de la Agencia Periodística de Buenos Aires (AgePeBA). Autor de numerosos libros, entre ellos Los sabores de la Patria; Norma; Bs. As. 1996 y reeditado en 2010; Los sabores de la Historia; Norma; Bs.As; 1997; Recolonización o independencia: América Latina en el Siglo XXI, Norma; Bs.As., 2004, en coautoría con Stella Calloni; El derrocado (novela histórica); Sudamericana; Bs.As.; 2005.



Los más leídos  


Por Víctor Ego Ducrot *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

A esa piba de mis amores, siempre hermosa, escondedora de retozos. Porque mi barrio era así, así, así; es decir qué sé yo si era así, pero yo me lo recuerdo así, con Giacumin, el carbuña[1] de la esquina, que tenía las hornallas llenas de hollín, y que jugó siempre de jas izquierdo al lado mío; siempre, siempre, tal vez pa' estar más cerca de mi corazón. Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio; cuándo, pero cuándo, si siempre estoy llegando, y si una vez me olvidé, las estrellas de la esquina de la casa de mi vieja, titilando como si fueran manos amigas me dijeron: gordo, gordo, quedáte aquí, quedáte aquí.

 

Por Víctor Ego Ducrot *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 Nos dirigirnos a la casa de Agaton durante esta plática, pero antes de llegar, Sócrates se quedó atrás entregado a sus propios pensamientos (…). Un esclavo de Agaton me condujo en el acto a la sala donde tenía lugar la reunión, estando ya todos sentados a la mesa y esperando sólo que se les sirviera (…). Cuando Sócrates se sentó, dijo: ¡Ojalá, Agaton, que la sabiduría fuese una cosa que pudiese pasar de un espíritu a otro, cuando dos hombres están en contacto, como corre el agua, por medio de una mecha de lana, de una copa llena a una copa vacía! Si el pensamiento fuese de esta naturaleza, sería yo el que me consideraría dichoso estando cerca de ti, y me vería, a mi parecer, henchido de esa buena y abundante sabiduría que tú posees; porque la mía es una cosa mediana y equívoca (…).

 

Y habrán yantado, morfado, o jamado, palabra que aprendí hace tanto tiempo en La Habana -y como las dos primeras cuando al comer y beber se refiere entre disquisiciones sobre Eros-, aunque espeto por aquí que esos temas del plato, la fuente y la copa poco tienen de platónicos, pues encierran el fin primero y último de la Historia, que es la lucha de los humanos por llevar alimento a la boca, lo que supone fuegos, lanzas, arados y tecnologías del hoy; pero sobre todo espadas, escudos y fusiles, los tangibles que matan, pero también los simbólicos que controlan y le dan forma obligada al pensar.

 

Por Víctor Ego Ducrot *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Una ciudad sucia aunque por sus calles, de tanto en tanto, circulen camiones hidráulicos con mangueras y operarios de pagas magras para lavar tanta inmundicia sobre asfaltos y empedrados. Mugrienta, a pesar de esos sarcófagos [1] gigantes en cada esquina, repletos con desechos de quienes comen en sus casas cada día y duermen con barrigas y conciencias plácidas, pese a que oyen como en sordina -cuando apagaron sus televisores y computadoras- el ruido de los viajeros miserables de la noche, rebuscando pan o algo entre las basuras de los otros.

 

Por Víctor Ego Ducrot *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Quizás no haya intento de texto más incomodo, hasta más pedante, que aquel con pretensiones de circunspecta teoría. Por eso comienzo este con una sartén de hierro bien caliente y unturas de aceites sobre las cuales proceder a la faena final de una tortilla para el disfrute entre enamorados, que si es de papas -el tubérculo valiente que se atrevió a florecer en la alturas andinas del Inca y generoso hasta la exageración, tanto que salvó de las hambrunas del siglo XVI y el XVII a los opresores europeos-  tanto mejor, entreverada con rastros contundentes de rojo chorizo, que los españoles se atribuyen como propio pero que, por las sureñas tierras de la América, orondas deberían seguir luciendo en la casa de cualquier familia con gustos acicalados para el comer y el convivio entre prole, amigos y camaradas.

 

Por Víctor Ego Ducrot *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Primer acto.- Pese al vendaval de tristeza que azota a los habitantes de mi país, claro no a todos, pues están los malditos de siempre, aquellos que llenan sus barrigas y andan orondos por la vida, orgullosos de su hijos tan blanquitos y bien vestidos, que los heredarán casi seguro en la infame o turra manía, como decimos en Buenos Aires, de pisotear esperanzas ajenas y descascaradas; aquellos pocos, entre los cuales justo es señalar también a los profesionales de la política, de uno y otro pelaje, que viven de los muchos.

 

Por Víctor Ego Ducrot *

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Le atribuyen al italiano Cesare Pavese decir que nuestras primeras experiencias se transforman en mitos y, por lo tanto, quienes escribimos no ficción o ficción (mal, regular o bien, no viene al caso) siempre rondamos esos inicios.

 

Por Víctor Ego Ducrot*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Este texto podría ser presentado como el conjunto de ideas para la composición de un libreto lírico. Algo así como un opera para asesinos con sueños tranquilos, impunes tal habitantes de la propia muerte.

 

Por Víctor Ego Ducrot*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Para que la furia lectora no se incline sobre la escritura: Lo del chupóptero invocado no pertenece al orden exacto de los académicos reales de la península, a quienes con todo respeto me los soplo, como se soplan las velitas en la torta, pastel o cake del cumpleaños, pues si una maligna ponzoña se abate sobre nuestras lenguas -que son tantas como diversa nuestra América-  es la del canon, reglamento, prontuario, improntas de los modos de contar que se convierten en actos, casi siempre con bigotitos estreñidos y mechones aceitoso sobre jetas desencajadas.

 

Por Víctor Ego Ducrot*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

La historia y el periodismo también  -como  enseñara Alejo Carpentier en su disertación “El periodista, un cronista de su tiempo”, en 1975, en la Universidad de La Habana-  cuentan con una hermenéutica no trascendente, demostrativa e interpretativa a la vez, y dependiente siempre de cierto principio de constatación.

 

Por Víctor Ego Ducrot*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

En la Buenos Aires de hoy todos estamos bajo fuego. Vivimos como “mezcla rara de penúltimo linyera [1]* y de primer polizonte en el viaje a Venus”. Obreros y obreras. Trabajadores de las clases medias, profesionales que se las rebuscan a diario para pagar auto, cuotas y tarjetas de créditos. Desocupados. Malandras y vecinos que se dicen dueños de la buena moral.

 

Por Víctor Ego Ducrot*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Facebook aspira a encarnarse como el sueño eterno e inmutable del control social absoluto, casi como el Ministerio de la Verdad o Miniver que George Orwell diseñó en su libro “1984”, y con una deliberada estrategia de la incineración subterránea de la memoria como método.

 

Por Víctor Ego Ducrot*

Para Firmas Selectas de Prensa Latina



Desde las gradas dispuestas para la prensa resulta imposible ver si el Altísimo hizo malabares prohibidos con su mano, o si el atorra del barrio bajo y malo de Fiorito, a días horas, qué digo minutos si no segundos de convertirse en leyenda, pudo pegarle un revés de testa a la que en una época fue de cuero y tientos, sin intermediarios barrigones con cadenita de oro al chaleco, para definir a la antigua a banqueros y otras layas de propietarios.

 

Por Víctor Ego Ducrot*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Planteado de otro modo: digo, bendigo y maldigo; y te mato. O: con ustedes, la derecha de hoy, tan aguda en su filo que lacera, al menos si reconocemos como posible verdad que los amos sólo pueden erigirse como tales en la medida en que logran imponerles a sus sometidos el espejismo doloroso de que semejante telaraña de poder es inefable e irrompible.

 

Por Víctor Ego Ducrot*

Especial para Firmas Selectas de Prensa Latina

 

Primer acto, ocurrió a la hora señalada: Tuve suerte aunque prefiero escribir baraja, pero no de naipes prohibidos, algunos dicen que desde sus primeros días y durante la maldita Inquisición -dedicada al escarnio y muerte de los judíos perseguidos en la España oscura de el pudridero-, por rezar bendiciones con un mazo de cartas a la mesa y los textos sagrados escabullidos entre faldas y faldones.

 
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