Por Frei Betto
Vivimos inmersos en un mundo de pantallas. Para los niños y adolescentes que ya nacieron en este universo, la tecnología no es una herramienta externa, sino una extensión de su realidad. Las redes digitales, los juegos y las aplicaciones son los escenarios donde construyen su identidad, socializan y aprenden. Sin embargo, esta inmersión sin la preparación adecuada presenta un peligro silencioso: el naufragio disfrazado de navegación.
La última semana de julio lancé el libro Educación en la era digital (Educação na Era Digital, Editora Vozes), con el objetivo de servir como faro ante esta cuestión. La obra no es un manual técnico, sino una invitación a la reflexión crítica.
Advierto a los lectores- en especial a padres y docentes- que, en la era digital, educar se ha convertido en un acto cotidiano de cuidado, diálogo y responsabilidad.
Recuerdo que, a menudo, estamos formando receptáculos consumistas en lugar de ciudadanos protagonistas. Millones de personas viven esclavizadas por las cadenas virtuales del teléfono inteligente y desperdician un tiempo precioso que podría invertirse en el diálogo o en la lectura.
La obra parte de una constatación: los niños y adolescentes crecen inmersos en un entorno digital que, si bien amplía las posibilidades, también influye en los afectos, las relaciones y la forma de ver el mundo, a menudo de manera acrítica. El gran desafío no reside en la tecnología en sí, sino en la falta de preparación para afrontarla. En el libro critico el rezago de las escuelas brasileñas, que ni siquiera han dado el paso de la interpretación tradicional de textos a una mirada crítica frente a la cultura de las pantallas: televisión, cine e internet.

Esta reflexión resulta crucial ante los datos que revelan la vulnerabilidad de nuestros jóvenes. Un estudio de TIC Kids Online Brasil 2025, publicado en el diario O Globo (02/08/2026), muestra que el 65 por ciento de los niños y adolescentes ya ha utilizado IA generativa.
Entre los usuarios de nueve a 17 años, el 10 por ciento recurre a estas herramientas para hablar sobre problemas personales o emociones.
Innumerables adolescentes brasileños se han sentido incómodos, avergonzados o con miedo debido a algo ocurrido en línea.
Muchos prefieren afrontar el problema por su cuenta antes que buscar la ayuda de un adulto. La exposición a discursos de odio, al ciberacoso y a la presión por una conectividad constante afecta la salud mental, la autoestima y el sueño.

En este contexto, la educación digital, más allá de la enseñanza, facilitará el uso de software. En realidad, constituye un pilar para la ciudadanía y la seguridad. La Base Nacional Común Curricular (BNCC)* y la Política Nacional de Educación Digital ya reconocen la importancia de desarrollar habilidades críticas para el uso de los medios. El objetivo no es demonizar la tecnología, sino -como sugiero- dotar a las escuelas y a las familias de las herramientas necesarias para enseñar a analizar críticamente los mensajes digitales, superando así la postura de meros espectadores.
Necesitamos una revolución en nuestra forma de educar que involucre no solo a la escuela, sino también a la familia como mediadora activa. La respuesta no reside en la prohibición, sino en la orientación. Se trata de fomentar la autonomía, el pensamiento crítico y la ética en un entorno que- como advierto- exige más atención que respuestas prefabricadas.
Proteger a niños y adolescentes en la era digital significa, ante todo, prepararlos para ser libres y conscientes en un mundo hiperconectado.
El libro sitúa esta cuestión en el contexto más amplio de las deficiencias del sistema educativo brasileño. Cabe destacar que Brasil ocupa posiciones vergonzosas en los rankings internacionales y que se descuida la inversión en educación básica,
mientras se insiste en plantar el árbol por la copa en lugar de por la raíz. Subrayo que la escuela debe asumir su papel político- no partidista, sino de formación ciudadana- y que la neutralidad educativa es una falacia. O se fomenta el pensamiento crítico, o el alumno queda a merced del adoctrinamiento subliminal del mercado y de las redes.
Educación en la Era Digital no es un diagnóstico pesimista. Su punto culminante es la premisa central que resuena en toda la obra: saber educar es saber amar. Propongo una pedagogía que trascienda la formación técnica y la acumulación de información; una educación que se preocupe por formar personas felices y éticas, capaces de abordar temas fundamentales como la solidaridad, el afecto, la pérdida y la diversidad.
En este sentido, el libro es una llamada de atención en un mundo vertiginoso que exige mayor reflexión, y un recordatorio de que la verdadera educación se gesta en el cuidado, el diálogo y la convivencia social, tanto dentro como fuera de las pantallas.
Es una lectura esencial para educadores, padres y todas aquellas personas preocupadas por el futuro de la formación humana, ya que ofrece una brújula crítica para navegar con acierto -y no naufragar- en las aguas turbulentas de la era digital.
Rmh/fb
*La Base Nacional Común Curricular (BNCC) es un documento que define los aprendizajes esenciales que deben trabajarse en las escuelas brasileñas de toda la Educación Básica, desde la Educación Infantil hasta la Enseñanza Media.