Por Frei Betto
Pocas figuras en la política brasileña contemporánea han logrado traducir tan bien la lógica de las redes digitales en una acción política concreta como el diputado federal André Janones (Partido Rede Sustentabilidade-Minas Gerais). Su labor al frente del canal “Ejército de Lula” en WhatsApp no solo redefinió los parámetros de la militancia digital, sino que también ofreció a la izquierda brasileña un modelo de participación que combina escala, organización y lenguaje popular.
La trayectoria de Janones ya apuntaba hacia esta vocación. Desde la huelga de camioneros de 2018, comprendió que la comunicación directa, sin intermediarios, podía convertirse en una poderosa herramienta de movilización. Sin embargo, lo que se observó en 2026 fue la madurez de esa intuición, transformada ya en un método. El “Ejército de Lula” pasó de unos 50 mil seguidores a más de un millón en apenas dos días, superando la marca de los siete millones y acercándose a los 10 millones de participantes. Estas cifras, por sí solas, dan cuenta de la magnitud del fenómeno, pero ocultan su aspecto más innovador: la capacidad de transformar a la audiencia en una fuerza que actúa de manera coordinada.
El gran acierto de Janones fue introducir la gamificación en la política. En lugar de una militancia pasiva, propuso “misiones”, metas y tareas diarias. Los seguidores comenzaron a recibir instrucciones claras: compartir determinados contenidos, utilizar hashtags específicos, invitar a otras personas al canal o participar en transmisiones en vivo. Como señaló el analista político Samuel Jacques, la principal fortaleza de Janones reside en “una combinación poco común en la izquierda: entender cómo funcionan las redes y saber hablar el lenguaje del pueblo”. No se trata solo de llegar a millones de personas, sino de lograr que esos millones se sientan parte de un ejército digital, con funciones y objetivos definidos.

El reconocimiento provino de diferentes espectros políticos. El senador Jaques Wagner (Partido dos Trabalhadores (PT)- Bahia) fue enfático al afirmar que Janones logró, en cerca de 20 días, lo que la campaña de Lula no había conseguido a lo largo de toda la contienda. Por su parte, el excandidato presidencial Renan Santos (Partido Missão) declaró que “lo que él hizo en la campaña de Lula será estudiado en los próximos años”. Incluso dentro del PT, varios parlamentarios admitieron que la iniciativa fomentó una participación que la estructura oficial de la campaña aún no había alcanzado, brindando a la militancia “un norte, un camino, un espacio para participar”.
Existen, por supuesto, controversias. El modelo de “mando único” y la lógica de “misiones” suscitaron interrogantes sobre los límites democráticos de esta forma de movilización. El propio Janones reconoció que la estrategia es un “remedio amargo” y una suerte de “democracia mitigada”, y sostuvo que, tras las elecciones, el país debe debatir seriamente la regulación de las big techs.
El “efecto Janones” se consolida ya como un hito en la comunicación política brasileña. Su capacidad para organizar a la militancia, disputar narrativas y dar voz activa a millones de personas demuestra que las redes digitales, cuando se emplean adecuadamente, pueden convertirse en instrumentos de participación y no solo en fuentes de ruido. André Janones no solo comprendió el juego digital; ayudó a reescribir sus reglas, demostrando que la izquierda puede- y debe- ocupar este terreno con creatividad, método y, sobre todo, una conexión genuina con el pueblo.
Ojalá que, bajo la nueva gestión de Lula, la comunicación deje de ser amorfa, anodina y excesivamente complaciente, para adquirir un dinamismo convincente, pedagógico y, ante todo, participativo.
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